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Tomás Valle Villalibre
14/09/2016

La otra historia de Lorena

Era un sábado del mes de junio. Lorena y su familia habían decidido pasar la tarde en el centro comercial, la intención era quedarse a cenar en un italiano, pero no pudo ser. A su marido no le había gustado la blusa que se había comprado, según él parecería una puta, y además ella se había atrevido a discutírselo. La bofetada resonó en el amplio pasillo de la tercera planta, los niños se quedaron inmóviles mientras las lágrimas se deslizaban por sus asustados rostros. Ella sintió miedo y con instinto de protección para sus pequeños salió del lugar.

 

Lorena es una mujer de cuarenta y pocos años que no tiene pinta de haber sido maltratada. O al menos eso le han dicho muchas veces las amigas e incluso su propia familia. No pueden creerse  que una mujer como ella con buen porte, estudios superiores y un buen empleo, haya podido aguantar los insultos, vejaciones, humillaciones y golpes que su marido le ha propinado durante diez largos años. Pero lo que siempre había parecido una relación modélica a ojos de los demás en realidad había convertido su vida privada en un infierno. Un infierno que nunca había sido capaz de denunciar. Pero esta vez había decidido dar el paso, decir “se acabó”, no iba a aguantar más patadas y bofetadas, no volvería a justificarlas como accidentes domésticos para proteger a su maltratador. Esta vez lo iba a denunciar, lo haría por ella y por sus hijos.

 

 La pregunta que cabria plantearse en estos momentos sería: y después de la denuncia por violencia machista ¿qué?  Esta pregunta no es insignificante, si nos paramos a consultar datos de la Fiscalía de los tres últimos años. En el año 2013 de las 55 mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, diez habían denunciado a su agresor. Si consultamos los del año 2014, de las 51 mujeres asesinadas, dieciséis habían denunciado. Por su parte en 2015, catorce de las 57 mujeres asesinadas habían interpuesto la correspondiente denuncia. Qué ha pasado entonces para que desde los poderes del Estado no se haya sido capaz de proteger y garantizar la vida de estas mujeres.

 

Lorena lo tiene claro. Sabe  que con la única prueba de cargo que cuenta es su declaración y poco más al no haber tenido secuelas físicas, aspecto que dificulta en la mayoría de las ocasiones la conclusión del procedimiento con una condena al maltratador. Mujeres en su misma situación, la psicóloga e incluso su abogada, le han advertido de la poca delicadeza  que encontrará en algunos profesionales. Policías que apenas le prestarán atención ni anotan lo que les diga. Que hay jueces maravillosos y otros para los que como mal menor solo será una más e incluso pueden intentar que se vaya a casa y se lo vuelva a pensar. Pero Lorena no tiene miedo, ella piensa que la situación siempre ira a mejor. A peor le parece imposible. Sabe que su proceso será lento, algo que no se entiende en este tipo de violencia, piensa como lo hacemos el resto de la sociedad, que estos juicios deberían ser rápidos mucho más rápidos. Sabe que le pondrán protección, que la vigilarán y actuarán en caso que él intente hacer algo pero no entiende por qué no lo vigilan a él, ella no ha hecho nada, ella es la víctima. También sabe que acabará arruinada. Pero lo que sí tiene claro es que luchará hasta el final, que saldrá adelante y que a pesar de todo no va a terminar loca como pretende el cobarde de su ex marido.

 

Lorena ahora cuenta con el apoyo de su familia, amigos y de una asociación que aunque saturada, como todas las asociaciones de mujeres, la orientan y acompañan. Asiste a las manifestaciones cada vez que es asesinada una mujer porque  le parece que sirven para visibilizar el problema al igual que las campañas institucionales, aunque las considera demasiado abstractas. Echará en falta la excelencia de las personas que trabajan en estos ámbitos: jueces, policía, fiscales, abogados…Sabe que el proceso para desvincularse de la relación tóxica que representaba su marido será largo  y que serán muchos los condicionantes tanto externos como internos que  intentarán poner freno, pero pese a todas esas dificultades que se va a encontrar ella es valiente, ya no tiene miedo y seguirá adelante, ha dado el salto y está segura que debajo siempre hay algo, siempre caes en una red.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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