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Max Alonso
4/10/2016

El otro León

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El pasado 24 de septiembre tuvo lugar en Astorga la jornada leonesista en la que se izó una bandera  de León en la rotonda del Aljibe. Fue una jornada popular y festiva a la que acudieron más de una treintena de pendones de los municipios del entorno. La celebración del evento, su oportunidad y representación, el calor y participación  de la gente no merecen nada más que plácemes y felicitaciones. Otra cosa es el sesgo que le dieron nuestras autoridades, que eso sí hay que criticarlo y analizarlo.

 

Como reconocí en mi anterior comentario la iniciativa era oportunísima y representativa. Nada menos que el reconocimiento y la celebración del muy antiguo y glorioso Reino de León. La cosa empezó a desmadrase con la intervención de nuestro alcalde. Hombre de fácil y acertada palabra, en esta ocasión no hizo nada más que regar fuera de la maceta. El homenaje y el reconocimiento al Reino de León, lo convirtió en un desmedido fraude verbal de exaltación a la Diputación de León, con comentarios inexactos y fuera de lugar, ya que convirtió al órgano de la Administración  en protagonista y al administrador en soberano.

 

Una tendencia que no es menos injustificada: los carteles que esa misma Diputación tiene colocados en las carreteras indicando los municipios tienen casi el mismo tamaño de letra que el nombre del administrador, la Diputación, que el del municipio. Que este abuso sea  así de cotidiano y sintomático indica la malignidad de la tendencia y la profundidad de la enfermedad.

 

No es fácil decir quien ha tenido más culpa en la desaparición de las Cajas de Ahorro si los banqueros o los políticos. Los primeros por su propio interés y los segundos por el interés de los propios banqueros y por el suyo propio. Lo que es innegable, sin necesidad de cuantificar los méritos, es que a ellos les corresponden, aunque sean tan negativos y nefastos como lo son por hacer desaparecer unas instituciones sociales que tenían su buena razón de ser y que así lo eran desde tiempos pasados. Como las Diputaciones, que vienen de los mismos tiempos y tienen la misma carcoma.

 

Lanzarse a su defensa de forma tan improcedente y desacertada como hizo el alcalde no tiene fácil perdón. No digo nada de la intervención del presidente, en la misma línea del despropósito, que el fallo de la megafonía y el desinterés por su intervención nos permitió gozosamente perdérnosla.

 

Descalificar  el fin de estas instituciones por lo que representan de ayuda para los municipios es seguir regando fuera. Que las Diputaciones desaparezcan no quiere decir que lo hagan sus funciones. Como así se demuestra con las Comunidades en las que ya no existen. Sea Cataluña o Madrid,  nadie puede decir que sus pueblos estén peor atendidos, sino al contrario. Los organismos atrofiados se desacreditan a sí mismos y su desaparición no nos lleva al desamparo sino a la eficacia y a un necesario y conveniente ahorro, que en esos tiempos estamos. Por lo que es de esperar que más bien pronto que tarde ambos se tengan que comer sus palabras, aunque la suplantación que impusieron hecha queda.

 

Puestos a reconocer lo obvio eso fue lo que sobró y lo que sí faltó fue una representación más digna y representativa  de la Junta de Castilla y León, que ese otro León sí es el del Reino que nos proponíamos reconocer y conmemorar.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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