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M.A. Reinares
17/10/2016

El cierre de la explotación de conejos de Oteruelo de la Valduerna confirma el declive de un sector asfixiado

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El sector cunícola que dio vida al área rural que rodea Astorga en los últimos 30 años está tocado de muerte. Sólo quedan dos explotaciones -una en San Román de la Vega y otra en Pradorrey- de las 22 que llegó a haber en la década de 1980. La última en cerrar ha sido la de Javier Toral en Oteruelo de la Valduerna, pero no ha sido el único cunicultor de esta zona que ha tirado la toalla en el último año, en Valdespino de Somoza una de las granjas punteras por la inversión en modernización realizada por sus propietarios, cerró en la pasada primavera.

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La situación en nuestras comarcas es un reflejo de lo que está ocurriendo en España. Según la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, UPA, en 2011 había 3.087 explotaciones cunícolas registradas en todo el Estado, hoy en día son apenas 1.500. “Y lo peor es que sigue bajando”, advierten en la organización agraria que calculan que a finales de 2016 sólo quedarán cerca de 1.300 en todo el territorio nacional.

 

Los precios por debajo del coste de producción y el control de las distribuidoras y los grandes mataderos a los cunicultores independientes están dejando un panorama desolador. El cunicultor de Oteruelo de la Valduerna, Javier Toral, lo deja después de 30 años por enfermedad aunque su mujer no tendría ningún problema para ponerse al frente. Sin embargo, después de más de dos años de pérdidas -como la media de las granjas de Castilla y León- y tal como está el sector, "no merece la pena seguir", señala el cunicultor maragato.

 

Los productores vienen denunciando que no pueden hacer frente a los costes de producción con el precio medio de 1,40 euros/Kg por conejo vivo que les pagan los mataderos, porque para que una explotación sea medianamente rentable el precio debería situarse de media entre 1,80-1,85 euros/kg. "Con estos precios puedes aguantar un año si tienes reservas de atrás, pero al final palmas. Yo hace tres años estaba bien y ahora estoy descapitalizado", se lamenta Javier Toral. Este desequilibrio ha provocado unas pérdidas que el sindicato UPA cifra en 50 millones de euros en los últimos dos años y medio. 

 

Organizaciones sindicales y productores llevan meses señalando como principales culpables de la situación a los grandes mataderos. El presidente de Asaja Castilla y León, Donaciano Dujo, en declaraciones a la agencia Agronews señaló que “estamos viendo que se está intentando por parte de algunos empresarios que los cunicultores que van por libre vayan a integración, es un acto denunciable”, porque a través de la integración los mataderos controlan el sector, ellos proveen a las granjas de pienso, sanidad, asistencia veterinaria, inseminaciones, etc., mientras que el productor pone las instalaciones, se tiene que pagar la seguridad social y está obligado a comprar todos los servicios a estas empresas. Además Dujo añade a un responsable más, la Lonja de Madrid a la que acusa de fijar los precios por debajo del coste de producción.

 

Javier Toral va un paso más allá y señala a uno de los grandes mataderos con sede en Castilla y León, el que "empezó a controlar el precio a través de la Interprofesional Cunícola (Intercun)", creada hace 12 años para integrar a todo el sector. "Pero qué curioso que el presidente de Intercun es un socio" de esa empresa de esta comunidad autónoma que "hace y deshace en la Lonja de Madrid que es la referencia nacional. Lo han denunciado por ser monopolio en el Tribunal de la Competencia, tiene el 26% de la producción nacional que la controla mediante el mercado libre y el integrado", indica Toral.

 

Desde UPA, Román Santalla declaraba a Agronews que "en 2014 por cada madre se perdieron 34 euros, en 2015, alrededor de 37 euros, y este año vamos por cifras similares. Podemos asumir un periodo de crisis, pero 30 meses sin subir precios es imposible. Que no nos cuenten películas que ya estamos muy quemados".

 

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Cooperativa Cunícola Maragata

 

Esta es la situación que está dando la puntilla a un sector que fue clave en el desarrollo rural de nuestras comarcas ya que generaba puestos de trabajo en las zonas más despobladas como Maragatería. El cunicultor de Oteruelo (pedanía de Santiagomillas) recuerda que en el momento que empezó allá por el año 1985, "fue cuando despegó la cunicultura. Había una explotación en Nistal de la Vega, cuatro en San Román de la Vega, dos en San Justo, una en Celada, una en Valdeviejas, otra en Oteruelo, una en Val de San Román, una en Valdespino, otra en Turienzo de los Caballeros, dos en La Maluenga, y una tenían también en Lucillo, Val de San Lorenzo y Brazuelo". El sector se organizó creando la Cooperativa Cunícola Maragata, en la que "una docena granjas sacábamos un camión a la semana con cerca de 4.000 conejos".

 

En aquel momento con explotaciones de 200 conejas una familia vivía dignamente "no te hacías rico, pagabas todos los gastos y te daba para un sueldo digno", indica Toral. Pero el sector empezó a evolucionar y "a crecer muy de golpe y cuando esto ocurre al final se meten los chollistas, los que están al negocio".

 

El primer aviso se produjo en los años 90, recuerda el productor maragato, "hubo una crisis fuerte de consumo, se producía más, fue de 6-7 meses, además de la mixomatosis apareció una enfermedad vírica-hemorrágica, se llegó a decir que una enfermedad extermina al conejo y pegó un bajón de consumo. Quedamos la mitad de las naves". Fue en ese momento cuando también cambió el sistema de producción, "había que tener más conejas en reposición; después ya no valía con tener conejas a mayores para llevar a los machos, había que tener más, pero el consumo siguió estable". Un consumo, por cierto, que apenas ha variado y que ronda los 2-3 kilos por habitante y año.

 

Pero aquello se acabó. Ahora buena parte de las naves modernizadas por los cunicultores que se habían profesionalizado porque creían en el sector, han pasado a formar parte del patrimonio de los bancos que se han quedado con ellas ante la imposibilidad de que los productores puedan hacer frente a los préstamos contraídos.

 

Como señalan desde UPA, "el sector está ahogado y es un milagro que, pese a todo, algunos sigan resistiendo con la que está cayendo. Eso sí, lo hacen a costa de sus bienes y familias, y cuando ya no aguanten más habrán perdido todo en la lucha por intentar salir del pozo".

 

 

    

 

 

 

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