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Max Alonso
26/10/2016

Perros inteligentes

 

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Lo que está claro es que hay perros inteligentes y más que quieren nuestros concejales que lo sean.  El Pleno Municipal sacó adelante la ordenanza Municipal sobre la Tenencia, Defensa y Protección de los animales Domésticos y de Compañía. Un colectivo de propietarios presentaron diversas alegaciones, que solo fueron atendidas en muy pequeña parte. El Ayuntamiento tiró para adelante por su predeterminada vereda. El descontento de los propietarios se mantuvo y la discrepancia aumentará.


Un teniente de alcalde se empeñó en mantener  lo que si tenía vuelta de hoja con argumentos que se califican por sí mismos, pues sostuvo que los perros podrán acceder a todos los parque públicos menos al Jardín de la Sinagoga y La Eragudina. ¿Por qué dijo todos? El  cuerpo normativo desgrana una serie de prohibiciones más y encima ambiguas. Lo cierto es que esta ordenanza es más restrictiva que las precedentes, cuando los tiempos que corren y lo que se acuerda en los municipios con mayor sensibilidad y conciencia va por otros derroteros.

 

¿Por qué ese empeño en señalarla como aperturista cuando es llamativamente lo contrario?


Yo me pregunto por qué las mascotas no pueden acceder a todos los parques como ocurre en otros municipios del entorno. Es decir, Jardín de la Sinagoga y Eragudina. Con determinadas condiciones, claro. Se trata de otra sensibilidad, que es la que ha llevado al Ayuntamiento de Madrid a autorizar a partir de este año que los perros y mascotas puedan acceder a los transportes públicos “con determinadas condiciones”.


Nuestros munícipes no andan por esta onda sino por la contraria. Eso explica determinadas normas que han redactado pensando solo en la prohibición y en la limitación y encima, en algunos casos, expresadas con ambigüedades interpretables. En otras precisas y contundentes, por ejemplo en las sanciones, que deben estar calculadas sobre sueldos municipales o teniendo directamente en cuenta la exención.


Otras normas incurren en lo esperpéntico cuando se afirma que los canes deberán efectuar sus micciones en los imbornales del alcantarillado. Los redactores de la norma han supuesto para los perros una inteligencia superior que para ellos mismos.


Si se habla de insalubridad porque no se atiende a la de los aledaños del instituto que afecta a los vecinos y transeúntes, causada por cachorros humanos, por activa, y por adultos concejales, por pasiva, sin que se tome medidas o se penalice. ¿Es que esta no merece sanciones?


Podrán alegar nuestros municipales que con su normativa atienden a reivindicaciones de la gente. ¿No será conveniente pensar en la educación de esos convecinos? No debería ser pedante, pero ante la ignorancia es lo que corresponde. El filósofo alemán Schopenhauer escribió:

 

"Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija al punto y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc. Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mi una aversión muy señalada, porque con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las deformidades más horrorosas y variadas: fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí a los brutos".


En fin, la lana que hay que cardar es la que nos dan y si es necesario, para complacencia de los munícipes,  nos someteremos a sus normas aunque sea imposible y  sigamos pensando que es mejor educar a los ciudadanos para que sean buenos ciudadanos que intentar educar a los perros para que no sean perros.  Ante la dificultad acudiremos demandándoles ayuda y si nos la niegan siempre queda el recurso de acudir a métodos antiguos como cuando para doblegar a un niño cabezota se le amenazaba con “¡Que viene Camuñas!”. Ahora se lo actualizaremos a nuestros perros con “¡Que viene Peyuca!”. Yo lo intento con mi perro.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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