Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/10/2017
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Abel Aparicio
29/10/2016

La Cepeda en ruinas... que renace versión 2.0

Salir en bicicleta de montaña una mañana de otoño para ver los que quizá sean los siete edificios históricos más emblemáticos de La Cepeda, es algo altamente recomendable. Una ruta de 72 kilómetros y 930 de desnivel positivo (pinchad aquí) que recorre parte de los cinco municipios de esta comarca. Una comarca que según el INE (Instituto Nacional de Estadística) en el año 1960 tenía 11.300 habitantes, en 1996 la cifra se redujo hasta los 4.463 y hoy solamente cuenta con 3.173. Una decadencia que se ve reflejada en sus edificios, aunque como dice el título, tal vez empiece a renacer.
 

El recorrido comienza en el Torreón de los Pernía, situado en Otero de Escarpizo, municipio de Villaobispo de Otero. La construcción del palacio, bajo órdenes de Antonio Álvarez Escarpizo, es de la segunda mitad del siglo XVI, concretamente del año 1590, según el libro Los Escarpizo Pernía - Señores de Otero. El ayuntamiento de Villaobispo de Otero para salvarlo de la ruina y un olvido asegurado, se hizo con su titularidad en 1999 y tras diversas obras hoy es uno de los centros culturales de la comarca, gracias, en gran medida, a la labor de Benito Escarpizo.

 

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Pedaleando y cruzando la vía del tren y el río Tuerto, llegamos a lo poco que queda de la ermita del Bendito Cristo de Fontoria, en el municipio de Villamejil. Sobre esta ermita poca o ninguna información puedo aportar, más que las ruinas que se pueden observar. La ermita dejó huella ya que en Fontoria se celebra la semana santa con una procesión y que el Cristo cobra todo el protagonismo.

 

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Por un agradable paseo a la vera del río Tuerto, observamos las maravillas que nos regala el otoño, como por ejemplo las alfombras de hojas amarillas, marrones y rojizas que adornan las copas de los árboles y parte del suelo. Río arriba pasamos por las localidades Quintana, Cogorderos, Villamejil, Castrillo, Sueros y La Veguellina, La Veiga, como se conoce en su forma tradicional, ya en el municipio de Quintana del Castillo.

 

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Aquí están las ruinas del casón señorial de los siglos XVI-XVII desde el que tal vez los marqueses de Astorga dominaban la Merindad de La Cepeda. Este edificio forma parte desde el año 2009 de la Lista Roja de Patrimonio.

 

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De La Veguellina pasamos a Castro y de aquí a Quintana, donde por una arboleda espectacular llegamos a lo que fue el Castillo de los señores de La Cepeda. Situado en una zona conocida como L´Oteiru se asentaba el castillo de los señores de La Cepeda. El foso, el aljibe y los muros de roca son visibles hoy en día. Quintana del Castillo, anteriormente llamado Quintana de Cepeda, fue realmente el origen de La Cepeda, como se puede leer en el libro “Teresa de Cepeda. Una aproximación a la Santa desde sus orígenes leoneses” editado la Asociación Cultural Rey Ordoño I, amigos de La Cepeda.

 

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De Quintana pasamos a Villameca y su pantano y de aquí, ya en el municipio de Villagatón-Brañuelas, a Culebros, Corús y Requejo. En Requejo está la ermita del siglo XVII dedicada a San José, también en ruinas. En el año 2002 la Consejería de Fomento quitó parte de la maleza y en el año 2012 la Asociación Promonumenta en una facendera adecentó el lugar, pero su estado de ruinas ahí sigue.

 

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Continuamos esta vez por carretera, recorriendo las localidades de Villagatón y Brañuelas. Será en esta última donde aprovechemos para comer algo y refrescarnos. Desde Brañuelas hasta el desvío para La Silva iremos por carretera, acompañados por una gran cantidad de camiones que transportan carbón desde los puertos de Gijón/Xixón y Avilés hasta la central térmica de Compostilla. El mensaje es claro, carbón de Goldman Sachs sí, carbón nacional no. El gobierno, siervo, obedece.

 

La bajada hasta el monasterio de San Juan de Montealegre, pasando por La Silva y por los restos de dos explotaciones mineras la haremos por la ruta de La Retuerta, inaugurada el pasado mes de agosto.

 

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En el monasterio, punto más bajo de la ruta, es recomendable detenerse un buen rato para analizar las ruinas y su entorno. Fundado en el siglo X, cuya primera referencia escrita data del concilio de Irago celebrado en el año 946, el monasterio de San Juan de Montealegre  y que lo fue de San Martín de Montes hasta el año 1203, hoy no es más que un conjunto de ruinas y forma parte de la Lista Roja de Patrimonio desde 2007, pese a ser declarado Bien de Interés Cultural (B.I.C.) en el año 1993. Por suerte, gracias a la labor del Ayuntamiento de Villagatón-Brañuelas y a las juntas vecinales de Manzanal, La Silva y Montealegre, se está haciendo un duro esfuerzo por volver a poner en valor esta joya. El libro “El monasterio de San Juan de Montealegre (León). Desde sus orígenes hasta su destrucción”, de José Alberto Moráis Morán, explica muy didácticamente la historia de este monumento.

 

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La subida desde aquí hasta Montealegre y desde este a Manzanal es sin duda la parte más dura del recorrido, pero con paciencia todo se consigue. El camino a seguir es el mismo que recorrimos durante la marcha que reivindicaba el reconocimiento y la oficialidad del ramal del Camino de Santiago por Manzanal. Desde Manzanal de nuevo por carretera llegamos a Ucedo, Ucéu en su forma tradicional. Aquí se encuentra el Picu la llama. Llama es una palabra propia del asturllionés y su traducción al castellano es ‘zona húmeda’ y picu no tiene por qué significar ‘elevación de terreno’, en llionés también puede ser la parte más elevada de un lugar. Entre Ucedo y Venamarías está la zona conocida como Aveséu, una palabra propia del llionés cuya traducción al castellano es ‘lugar donde no da el sol’. Más atrás, entre La Silva y el monasterio está el Fueyu, otra palabra del llionés cuya traducción al castellano es ‘agujero’. Como ven, esta lengua sigue viva y entiendo que sí es importante conocerla, para entender, como en este caso, las características del entorno, aunque la señora Ana Rosa Sopeña, alcaldesa de Benavides y vocal de la Comisión de Educación en las Cortes de Castilla y León no opine lo mismo.

 

De Benamarías vamos a Banidodes, concretamente al Barrio de la Cuesta, donde se encuentra la casa - palacio de los condes de Catres, señores de Valdemagaz. Esta casa, ya en ruinas y que amenaza derrumbe, es lo que queda de lo que fue uno de los edificios más imponentes de la comarca. Fotos de rigor, perros ladrando sin parar y la ruta finaliza por buenos caminos llegando al punto de partida, el Palacio de Pernía.

 

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Una comarca que fue y que hoy, como el resto del mundo rural, va desapareciendo poco a poco. El trabajo que daban las minas se acabó, la agricultura y la ganadería cada vez están más castigadas, por eso toca reinventarse. Pero como ven, con acciones como las del potenciar el Camino de Manzanal, la cultura del Palacio de Pernía, la resina en la zona de Brañuelas, o la apicultura cada vez más extendida, indica que todo puede cobrar de nuevo vida. Iniciativas y gente dispuestas a llevarlas a cabo es lo que necesita esta comarca. A falta de fuertes industrias, la cultura, el turismo y los recursos naturales pueden darle un buen empuje. Seguro que entre  todos y todas podemos. ¡Alantre!

 

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