Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/08/2017
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Max Alonso
3/11/2016

El síndrome Cebrián

[Img #25231]

                                                       


¿Que tendrán los viejos? Hasta ahora estaba claro que entre las malas, muchas cosas. Pérdida de vista, de audición...es decir pérdida de percepciones sensoriales y con ellas pérdida de agilidad motriz y mental. Hay también un síndrome nuevo que hasta ahora no se había registrado. La necesidad de destruir lo mejor que han construido durante su vida.

 

Afortunadamente no todos los ancianos lo padecen pero cada vez se están dando más casos de tal forma que ha saltado la alarma y la proliferación comienza a ser preocupante.


A Juan Luis Cebrián, quien da nombre a este síndrome, nadie puede discutirle que fue el principal artífice de El País y lo colocó entre los buenos periódicos del mundo. Ahora nadie puede discutir que es su principal destructor. Impulso vital negativo que secunda con todos los merecimientos Felipe González, que fue innegable baluarte del PSOE y ahora  artillero destructor del partido.

 

Ellos lo hicieron y ellos los destruyen. Entendido el síndrome como un comportamiento clínico sintomático, peculiar y definitorio, con una singular etiología, como los casos qué nos ocupan. Entre los síndromes más conocidos está el de Diógenes, propio de personas de avanzada edad y solitarias que lo compensan con la acumulación de basuras en su hogar. El de Frankenstein, en el que  la creatura se propone la destrucción de  su creador.  El de Cronos, que castró a su padre Urano, dios primordial del cielo griego,  para acabar con su manía de perseguir a sus hijos pero luego él devoraba a los suyos para evitar ser derrocado. En el  síndrome Cebrián se destruye la  obra propia por temor y pánico a la misma y se empeña, el que lo padece, en doblegarla. En el caso de González no está solo. Otros muchos creadores y barones le acompañan como coparticipes en el síndrome, con el común denominador de ser viejos. Al menos de mente o espíritu. La conclusión es evidente.  El PSOE, ahora mismo, es cosa de viejos. Como La 1.

 

Estos golpistas de nuevo cuño resultan tan inexpertos como zaborreros. Dan el golpe sin advertir que la víctima principal son ellos mismos. Cuando el PSOE levante cabeza los que lo dieron no estarán para verlo. Los valedores de la democracia convertidos en golpistas, no advierten que su golpe de viejos si en algo incurre y engaña  es en intentar ocultar su comportamiento antidemocrático.

 

Se cargan a quien ha sido votado y elegido, después de haberle puesto piedras en el camino y palos en la ruedas.  Desprecian el querer de la militancia y desacreditan al mismo comité federal que decidió el No es No, suplantándolo, como solución al conflicto. ¿Para dónde miran estos viejos que no saben ver que sus hijos y sus nietos -¿quién lo ha dicho?- ya no son como ellos o no van por el mismo camino? Estos van por el de Podemos y sus progenitores por el de Ciudadanos o un poco más arriba… el PP.

 

Cebrián ya no es ningún joven lúcido. En su haber tiene cosas como el haber practicado el nepotismo y se carga a El País por su mala cabeza económica al querer poseer lo que ya controlaba. De paso al PSOE. Felipe González, el jarrón chino roto, va de comparsa e impone su tesis ya vieja de que PP y PSOE se alíen para evitar el caos, que no vendrá, que ya lo han traído ellos. Esa es su solución al conflicto, la Gran Coalición le llamaba, con el peso y  representación de la comunidad más corrupta de las suyas para apoyar al partido más corrupto. Ahí queda eso.

 

Lo sucedido en la Universidad en torno a la conferencia de los dos coautores no tiene explicación posible por parte de quienes lo hicieron, pero sin necesidad de rasgarnos tanto las vestiduras como centro del debate, el hecho no es nada más que una anécdota salvadora para evitar el verdadero. Antes de acusar tanto de violencia física, que no la hubo, podemos hablar más de violencia táctica, que sí que la ejercieron unos y otros, a una escala más poderosa los dos sindromáticos. Como no podían imponer sus ideas y su convicción utilizaron los recursos que dominaban, el periódico y la presión política torticera, para acabar con lo que no querían y dar su golpe de mano, como lo dieron y luego disimular mirando para otro lado para salvar las apariencias democráticas.

 

El portavoz del PSOE pasó de la noche a la mañana de vender escobas a vender aspiradores. Lo que importa es vender y lo que sí resulta claro es que la Gran Coalición, que es lo que pretendían, está en marcha. Los que no están con ellos es el enemigo, así se deduce. Ya vendrá la reacción y veremos las consecuencias.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress