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Mercedes Unzeta Gullón
30/11/2016

El sobeteo del idioma

 

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Me hago eco del enfado de J.Huerta ante la intrusión/destrucción de nuestro idioma.

 

Hace ya tiempo que nuestra querida y riquísima lengua está siendo agredida por la falta de cultura, por la vulgaridad y desinterés, empobreciéndola hasta niveles ínfimos.

 

Siguiendo con la alusión de J.Huerta al Dardo en la palabra, Lázaro Carreter establece una clara diferencia entre vulgaridad y vulgarismo en el lenguaje.

 

‘La vulgaridad’, dice, “procede de un errado afán de distinción; se cultiva en general por indoctos de corbata, y se orienta a producir apariencias de cultura, modernidad o desenfado. Pretende efectos de distancia o apartamiento de lo común: quien hablando o escribiendo emplea vulgaridades (usa, por ejemplo, a tontas y a locas: a nivel de, en base a, de cara a), cree que así queda muy bien y que exhibe una destreza expresiva a nivel de los tiempos.

 

Los vulgarismos no responden a tales pretensiones. Son empleados por los que no poseen otros recursos para hablar o piensan de buena fe que así es como se habla.

 

En los dos tipos de prevaricaciones hay quebranto de norma, pero los juicios que merecen son diferentes.

 

La vulgaridad es normalmente culpable, por voluntaria.

 

El vulgarismo carece ordinariamente de culpa, y obedece a una débil escolarización”.

 

Pero lo peor no está, argumenta don Fernando, en que a alguien se le ocurra  adornar su escrito o su intervención con alguna invención propia, con alguna gracia lingüística, para proporcionar cierta soltura de estilo al texto. Lo peor es que esa personal licencia creativa sea rápidamente recogida por el resto de los políticos, periodistas, escritores, oradores… y sea repetida hasta la saciedad en distintos contextos, haciendo de una gracieta puntual  un icono de modernidad lingüística.

 

Estos comunicadores suelen llenar las frases de vocablos de moda  creyendo que con ello consiguen distinción,  pero el resultado es que hablan todos igual, con la misma estupidez lingüística, exhibiendo la misma insensibilidad idiomática.

 

Y lo que más molesta es la insistencia, las coletillas. Me cuesta terriblemente digerir el: “en base a”, aplicado constantemente a/en cualquier texto/contesto; o, por ejemplo, la paparruchada que dicen ahora los políticos con mucha frecuencia: “como no puede ser de otra manera”, para reafirmar lo que se acaba de decir. Estas exasperantes coletillas, como otras muchas que van cambiando según las modas, acaban empobreciendo penosamente el lenguaje.

 

Y, además, estamos amordazando a nuestro idioma. Existe una vocación, profundamente arraigada en nuestro país, a considerar mucho más guay, más moderno, el utilizar vocablos en otros idiomas porque parece que nos hace más ilustrados y más internacionales, desdeñando  nuestros vocablos castellanos para denominar lo mismo (falta de estima lingüística).  Hay infinidad de ejemplos (sobre todo en el mundo del marketing, o sea, publicidad) pero por poner alguno: eboock=libro electrónico; coaching=entrenamiento; copyright=derechos de autor; cash flow=liquidez; hand made=hecho a mano; fashión=moda; bouqué=olor; amateur=aficionado…, y podría seguir hasta cansarme.

 

No me imagino a los franceses utilizando habitualmente palabras en castellano desdeñando su amado idioma, por ejemplo, llamando ‘cocineros’ a los ‘chef’, o en lugar de ‘gourmet’ diciendo ‘gastronomía’. Ni al inglés diciendo ‘en línea’ en vez de ‘online’, o ‘trabajador por cuenta propia’ al ‘freelance’. No, porque son países que aman y defienden  su idioma.

 

¿Por qué seremos tan esnobs (aprobado por la RAE) que nos gusta más lo ajeno que lo propio? Y, ¿por qué hay tanta falta de imaginación que cualquier estupidez se repite hasta la saciedad?

 

Porque, opino, que el lenguaje es el primer factor de identidad que es afectado por la apocalíptica degradación que nos conduce irremisiblemente a la mediocridad global.

 

“La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”, nos recuerda Voltaire.

 

O témpora, o mores

 

 

 

 

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