Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/09/2017
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Aidan Mcnamara
8/12/2016

Facebook y Vietnam. Facebook y Noruega

 

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Es lo que hay como dirían los paisanos en la tasca que siempre saben más que el árbitro. El mundo es así. No estoy en Facebook luego no existo diría Don Rene que por fortuna no sufrió una sartén de aceite caliente tirada a la cara por bailar con el tío equivocado. Hay que tener facha mansa para tu book, y no mostrar el hueso innominado. O no. Colgad, colgad. Colapso total.

 

Colgamos las fotos hechas en los campos de exterminio, por los rusos y sus aliados norteamericanos. O las fotos grupales de Spencer Tunick- apellido a flor de piel, para un fotógrafo dedicado a quitarle al público las túnicas y bragas semióticas, borrando signos de casta, oficio y cuentas corrientes. Un cuerpo sin ropa no es pornografía. (Perdonad la obviedad, pero para algunos que tienen tíos muy listos el efecto invernadero en auge es propaganda de radicales.)

 

¿La niña corriendo del napalm no tenía tiempo para vestirse, Señor Zuckerberg? Pues no. La niña fue quemada, y corrió fuera de la población quitándose los restos de su ropa en llamas. Napalm, una palabra que si viene bien vestida es gel de gasolina y arde lentamente mientras pega con saña. Como la frivolidad incendiaria en la campaña de Trump.

 

Facebook es un fenómeno honorable en un sentido: Nadie te obliga. (Encantado. Total, el anonimato es la nueva fama y los excéntricos contemplan la praxis antes de gritar desde las gradas de twitter.) La pantalla es el nuevo espejo de Narciso. Pero Facebook tiene sus lecturas cómicas también. Uno tiene 567 amigos porque a los norteamericanos les cuesta entender la palabra inglesa, acquaintance, que significa conocido. En Facebook prima la publicidad, o sea, las noticias elegidas como eco de la actualidad que marca intereses y focos en las 1,07 billones de almas desnudas que abren su(s) página(s) diariamente. Sin embargo, cuidado con las fotos- son un léxico universal, el braille de la imaginación.

 

Pero no vamos a confundir la publicidad con su hermano más invisible, revestido de ambigüedad semántica: la mercadotecnia, o la estrategia que sostiene la sociedad del consumo mediante la conversión del capricho en necesidad. (Unos crocs son zapatos con agujeros si eres refugiado.)

 

Facebook sabe unir ambos conceptos y es capaz, gracias al usuario cómplice -yo solía ser una persona- de desmontar la historia en pos de una venta insólita, y, a la par con la moda que consiste en pagarle a alguien para que te vista como los demás, nosotros lo estamos comprando, desnudándonos para ser únicos e invisibles a la vez, como en una playa nudista. Pero esta vez el producto universal que se vende no es la ropa sino el ser humano. Uniformado.

 

A ver si encuentro una camiseta sin cocodrilo not made in Vietnam, y no hecho por un niño desvestido de su infancia. Nos vemos en quince. Con o sin ropa.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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