Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 12/12/2017
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Tomás Valle Villalibre
22/12/2016

 La Navidad de Cristina

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Unas Navidades más en nuestras vidas, unas más como todos los años, pero que al fin de cuentas muchos las vivimos de forma particular. Unas fiestas que despiertan en la gente una especie de psicosis momentánea de consumo y nos invita a colapsar las calles buscando promociones engañosas que parece que no debemos desaprovechar.

 

Además debemos organizarnos para ver qué parte de la familia escogeremos para pasar cada una de las fiestas. ¿Quién llevará este año el Cava? ¿Qué pediremos a los Reyes Magos? Pese al estrés que conllevan estas fiestas, la mayoría de las familias hacen un esfuerzo por reunirse. Por eso es importante mantener la mística navideña.

 

¿Pero qué pasa con los otros, con aquellos que la Nochebuena y la Navidad no los incluyen, aquellos que nada tienen y que nada pueden comprar? En vísperas de estas señaladas fechas una niña con ojos chispeantes, nos sonríe. Cristina tiene doce años, cuando nació sus padres ya vivían a escasos mil metros de la Plaza Mayor, en un lugar que huele a pobreza, de casas insalubres, de calles embarradas e inmundas, de cloacas a cielo abierto, de ratas transitando despavoridas por la calle y el interior de las infraviviendas. Tiene cuatro hermanos  y ella es la mayor, su hermanita de tres meses es la pequeñita de la casa, a la vez que el juguete de la familia. Todos malviven en un espacio indigno, todos duermen en la única habitación de que dispone la ‘vivienda’ y todos pasan el resto del tiempo en una especie de salón-cocina-comedor al que se entra directamente desde la encenagada calle. Hasta hace poco tiempo ni siquiera contaban con un váter o con ducha de agua caliente. Pero no todo es espanto en esta barriada donde además de la familia de Cristina viven otras veinte familias con  aproximadamente una treintena de menores, en condiciones similares. Aquí también hay lugar para algunos contrastes.

 

En el interior de estas viviendas  también florecen las luces de la Navidad. Vaya paradoja…Los niños piden en los arbolitos intermitentes de luces multicolores un deseo, mil anhelos…que se resumen en trabajo para sus papás y pan. También una vivienda digna, juguetes y leche. Cristina nos dice que el sueño de su mamá y su papá es salir alguna vez de ese asentamiento, que han intentado alquilar alguna vivienda donde vivir con dignidad encontrándose siempre con la incomprensión y la negativa de los dueños.

 

”Para nosotros la Nochebuena es importante, la festejamos, aunque nuestra cena  es parecida al resto de los días, arroz con pollo y alguna cosilla más. Como excepcional tendremos algún polvorón y sidra que nos dan en Caritas, con la que brindaremos por el nacimiento del Señor”, nos dice su mamá. Es la otra forma de vivir la Navidad, quizás más desconocida que oculta y que nadie quiere ver para que no se le atragante el marisco y el pavo, o, tal vez, para que su conciencia no le haga saber la crueldad de su indiferencia hacia personas, tan cercanas como ignoradas, que malviven en una barriada humilde en condiciones infrahumanas. Son familias que no importan, que no reciben tarjetas de felicitación, ni regalos el día de Reyes. Familias a las que su situación tampoco les permite tener alto el colesterol, deprimirse o estresarse, solo les está permitido soñar.

 

Hace pocas fechas se dirigió a mí un vecino del barrio próximo al asentamiento, para increparme por defender según él, a esas familias. El hecho en cuestión no me molestó, lo que sí removió en mi una serie de sentimientos fue el comentario tan denigrante que hizo: “con esa gente es tontería que trabajéis, es tirar el dinero, son como animales, viven como animales y no serán nunca capaces de vivir como personas”. Creo que él mismo ha quedado retratado y que el perdón no le vendrá a pesar de declararse un ferviente creyente. Lo doloroso es que alguna gente de la ciudad desde su ignorancia, piensan lo mismo que este individuo, cuando la realidad ha sido y es que la desidia Municipal no ha hecho más que perpetuar la situación de Cristina y del resto de familias del asentamiento. Dependiendo de las políticas sociales que se lleven a cabo nuestros gobernantes, puede que algún día se les reconozca como los actores principales en la modificación de las condiciones de vida de estas personas. Pero es Navidad y casi al final de la hilera de infraviviendas, llama la atención una en cuya fachada se divisa una cruz, es la capilla del culto y de su interior se escapan las ilusionadas voces de los niños entonando villancicos navideños.

 

Cristina, con una sonrisa que hace brillar más si cabe sus expresivos ojos, nos dice adiós no si antes desearnos una ‘Feliz Navidad’.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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