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Mercedes Unzeta Gullón
29/12/2016

No morir idiota

 

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Mi amiga Pilar, la activista y agitadora mental por antonomasia, tiene un blog que titula ‘no morir idiota’ en el que va anunciando y denunciando las oscuras cosas de este nuestro Mundo. Y hay tantas cosas feas que mueven y se mueven en el Mundo que es muy difícil el poder llegar a respirar tranquilamente, con profundidad. Nos tienen siempre en un suspiro sostenido, en un '¡ay!'

 

La verdad es que a pesar de que me gusta este postulado de ‘no morir idiota’ he empezado a cuestionármelo.

 

Creo que estoy entrando en esa clasificación de idiota a la que se refiere mi amiga.

 

Pienso que soy idiota porque no me interesa el dinero, ganar mucho dinero; soy idiota porque no me interesa tener un coche nuevo y lucido; soy idiota porque vivo sola en el campo, aislada de los atractivos sociales; soy idiota porque no me interesa ver las disputas entre Trump y Clinton, porque en el fondo me da igual quien gane; soy idiota porque ya no sigo las interminables y mareables tertulias sobre PP, PSOE, PODEMOS…; soy idiota porque he decidido no ver las noticias de la tele, porque no puedo contemplar cómodamente, que no tranquilamente, a más africanos ahogándose  por alcanzar una utopía mientras yo vivo en esa utopía y solo tengo opción a mirar; soy idiota porque no quiero saber ‘más nada’ de las fuerzas e intereses que mueven y destruyen el Mundo, este Mundo nuestro. Porque a pesar de que el Mundo parece que es nuestro en realidad es de muy pocos y, naturalmente, estos pocos lo manejan a su antojo. La población, es decir, todos los que habitamos esta esfera terrestre, excepto los amos, contamos mucho menos de lo que nos imaginamos, es decir, menos que nada. Esa es la triste realidad. ¿Qué hacer con la impotencia? desangrarnos lentamente. Entonces ¿para qué saber? Un sufrimiento imposible de remediar. Si sufrir arreglara las injusticias… vale, me apunto a sufrir, pero que va, que va, sufrir sin poder actuar es vivir en el abatimiento.

 

“Hay que luchar por cambiar el mundo”. Qué envidia me dan esos que abanderan este eslogan y creen en él, mi amiga Pilar, por ejemplo. Yo ya no creo ni en el vecino de enfrente que me saluda amablemente pero sé que si puede me va a hacer una pirula.

 

Qué pena. Me he vuelto una gran descreída, pero no es por frialdad de corazón, no, todavía me acongojo y se me saltan las lágrimas cuando veo tanta tragedia en este planeta, cuando impunemente se están cargando países enteros los que juegan a ser los propietarios, cuando veo y siento que la humanidad ha perdido su humanidad. Mi retirada física y mental del circuito mundial es, sencillamente, por supervivencia. 

 

Mi espíritu ya no soporta tanto desaliento y ha decidido que sólo se va a preocupar de aquello que pueda alcanzar, manipular y transformar con las manos.

 

Me parece que voy a morir idiota, pero, no me importa, viviré en una infeliz felicidad, en un estado de nirvana conservacionista a pesar de que le pese a esta amiga mía tan concienciada.

 

O témpora, O mores

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