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José N. Fuertes Celada
30/12/2016

La gran broma de César Núñez sobre las ansias de triunfo

César Núñez presentaba este miércoles su novela 'El Proyecto Bidón y Los Catalinos' con llenazo en el salón de actos de la Biblioteca Municipal y en el pub Berlín, donde los hijos y nietos de Los Catalinos se subieron al escenario para agasajar a un tipo que va dejando amigos por donde va pasando, de ello dieron fe su 'colega' de peña y otras farras, Enrique Ramos, y su editor el gran Palmerosky de 'Marciano sonoro'. En Astorga Redacción nos hemos encontrado a alguien que ya la ha leído, José N. Fuertes Celada, y que da estas pinceladas para entender el mensaje escrito de César Núñez a quienes habiten la tierra en 2058.
(Las fotos son de la firma de libros en la Biblioteca y de la fiesta posterior en la que César se rodeó de músicos y personajes de la 'vidilla' astorgana que hasta es probable que se crucen sin saberlo entre las líneas de la novela)

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Hay anhelos juveniles que no se cumplen así que pase toda una vida, como el de ser un cantante de rock a lo Freddie Mercury, ya que “solo hubo uno”. Pero fantaseando, tal vez pudiera darse otro, aunque sea de prestado y ventrílocuo…

 

En un mundo, este nuestro de 2058, la tecnología es de una gran ayuda para mantener a los humanos con vida, para una larga y duplicada vida,  pero esto no la hace buena ni necesariamente deseable. Hay que luchar contra el aburrimiento, contra ese excedente de tiempo que algunos pueden emplear en dar cumplimiento a sus anhelos. Ya hemos dicho que ni en 20 millones de vidas llegaríamos a cantar como Freddie Mercury; y a él le sobró para hacerlo como lo hacía con la vida que tuvo.

 

La tecnología biológica del parque humano que ya está ahí requiere de otra cosa para ser feliz, y esa otra cosa que cumple anhelos y disparata y va más allá, es el milagro. Pero hay que decir que esto solo acaece en una visión occidental, que pretende la desviación del ser humano ahuyentándolo de su ser, domesticándolo en pos de sus anhelos. En esta deviación se encuentra esta novela, que no tiene en cuenta la supresión del anhelo como forma de supervivencia. Pero claro estamos ante una  novela de humor que se da cuenta de la imposibilidad de aquello que más importa y que sin embargo se muere en los laureles de los elixires y de las profecías aunque vengan de Perico Delgado o del de los palotes, y de las pócimas milagrosas y benditas, hibridadas de la pantomima de Lourdes con el agua de la fuente de San Isidro de Carabanchel. ¡Qué pena que el ‘Principio  Esperanza’ no haya dado para más!

 

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La tecnología punta requiere entonces del milagro, de la creencia en el milagro y de lo que se puede conseguir a través de él. La tecnología ayuda con la prolongación de la vida a que el anhelo pueda cumplimentarse, o sufrirse como pena de Sísifo indefinidamente.

 

Todos los personajes de esta novela han sido famosos, pero ya de ancianos siguen insatisfechos. Solo el señor Núñez es el que siempre ha fracasado, un antihéroe insatisfecho en  medio de todos esos héroes patanes. Pero es a causa de ese fracaso y de su cabezonería  que persevera con 89 tacos por aquello que busca. Quiere ser, quiere ser más, quiere tener la voz clara del gorgoteo de los riachuelos que para entonces habrán desaparecido.

 

Es por ello que va a ser el motor del renacer del ex Rey Felipe, 'mí quinto', pues es de su misma añada; Mariano Rajoy, ex presidente del Gobierno; Marivel Verdú, ex actriz y todavía atractiva para Núñez; Perico Delgado ex ciclista,campeón del Tour; y Palmerosky ‘ex-no-sabemos-de-qué’, tal vez artista de instalaciones que en un mundo derrumbado sucumbieron en la polvareda…

 

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Una cosa curiosa y que lleva a la infinitud y a la permanencia, al bucle, a la Banda de Moebius, es que Palmerosky fue el editor de la novela que ahora acaece y que llevó de nuevo a todos al reconocimiento; luego tal vez sea él y no el señor Núñez el artífice de la peripecia, del ‘melting  pot’ milagrero entre Lourdes y Carabanchel.

 

Pero ya digo que en ese mundo de 2058 tan tecnificado, solo el factor humano, y en este caso el divino, salva de la tecnología al milagro para conseguir lo que pretenden.

 

La narración resulta fácil de leer, está hecha con soltura, forma parte de la tan de moda 'autoficción', con múltiples referencias al propio libro, con apartes al lector, y no dejan de ser unos ‘privados’ muy curiosos, seguramente influencia de los ‘chats’ ‘internetianos’ o ‘postinternetianos’; pues el escrito en primera persona se hace confidencial personificando el mensaje.

 

Puede que sea una gran broma acerca de las ansias de triunfo, donde el anhelo de reconocimiento social se convierte en el motor de la vida, en motor del fracaso vital.

 

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Esta autoficción podría tacharse de la autoficción de un continuo y esperpéntico fracaso, redimida por la  permanente esperanza, por la apertura que ésta provoca hacia lo imposible, en quien estuviera hasta la hora final muy atento/a.

 

Al final de cada capítulo y son 11 -como el número que da suerte al protagonista, un alter ego de César Núñez-, se incorpora una propuesta de imaginación: De ser una campana qué serías, de ser un pez…, de ser un plumero…, de ser un sombrero…, de ser una corona…, de ser un cuchillo…, de ser un gallo…, de ser una uña…, de ser una bicicleta…, de ser un silencio…, de ser una canción… En todos los casos la imaginación lleva a la música, al Rock and roll o al Pop, son respuestas de un enamorado fetichista de ese tipo de música. Pero cuando se trata de ser una canción, no sería ninguna de las canciones existentes, sino de una canción de extraordinaria belleza, aquella que surge del anhelo, del motor que lleva a los personajes a seguir existiendo, la que construye Núñez, personaje de novela, en su imaginación, para su banda de música, la de los Catalinos, en la que los intérpretes poseen las mejores cualidades de los mejores músicos del Rock and roll que haya habido en la historia. La canción que vendrá. “La de la mejor banda de Rock de tercera edad jamás leída. Uno puede imaginar tantas cosas”.

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