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M.A. Reinares
31/12/2016

El arca de Noé está en Astorga

Cuando los biólogos del mundo han comenzado a dar la voz de alarma después de detectar indicios suficientes de que estamos inmersos en la sexta gran extinción masiva de animales de la historia, en un puntito chiquitín del globo terráqueo llamado Astorga, Isaac de la Fuente dedica muchas horas cada año para que la especie más amenazada de nuestro entorno, el burro zamorano-leonés, no desaparezca. Es una estampa cotidiana ver al grupo de asnos pacer tranquilamente en la salida de Astorga hacia La Bañeza y es probable que muy pocos sepan la importancia del trabajo desinteresado que este astorgano está desarrollando.  

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Isaac de la Fuente es de esos tipos difíciles de clasificar en estos ecosistemas humanos meseteños, donde nadie se explica muy bien cómo llegan a desarrollar la inmensa curiosidad que albergan en sus cerebros. Quizá el germen estuviera en su madre cuando le contaba que en su niñez le encantaba montarse en estos animales nobles y cariñosos. Quién sabe..., el caso es que con 15 años, Isaac compró su primer animal y fue un burro. Veinte años después tiene cinco hembras, un macho y en la última década habrá vendido entre 20 y 25 crías, además está acreditado como uno de los principales criadores del burro zamorano-leonés cuya misión es preservar la genética de este animal creado para trabajar.

 

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Así que cuidado con lo que transmitimos a nuestros hijos y más si tienen mentes tan inquietas como la de este criador, porque los viajeros que saliendo de Astorga en coche ven con curiosidad a ese grupo de asnos al lado de la maderera propiedad de la familia de la Fuente, no saben que están viendo la punta de un iceberg.

 

Detrás de la valla vegetal y las enormes pilas de madera del negocio familiar hay un paraíso de especies arbóreas raras en estos lares como secuoyas o dingos, entre los que se pasean orgullosas ocas con pedigrí, como la rizada del Danubio, la China o la Ampurdanesa. El animal que ha dado nombre al juego inspirado en el Camino de Santiago convive con más de dos centenares de animales, la mayoría aves: hay gallinas de varias razas, como las sultanas; faisanes de llamativos colores, una pareja de emúes llegados de Australia, patos moñudos originarios de Dinamarca y Noruega; pavos, perdices, codornices, palomas gigantes, enanas, con pluma rizada, con caperuza o buchonas que se inflan como un globo para pavonearse delante de las hembras...

 

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Los habitáculos de las aves rodean uno de los tres estanques que Isaac de la Fuente ha construido para dar rienda suelta a su amor por los animales. Los otros dos están reservados para el cangrejo autóctono de los ríos leoneses prácticamente desaparecido después de la introducción del americano, y para las tortugas, todas ellas depositadas por personas que no saben qué hacer con este animal cuando crece, "este verano me han traído cinco -explica Isaac-. Es un servicio y a mí en el estanque me da igual tener 10 que 25, tengo el trabajo de cambiarle el agua, ponerle comida, pero es que a mí no me cuesta". 

 

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El animalario del astorgano contiene especies exóticas que se han adaptado a este clima, "pero siempre tengo que estar encima de ellos porque les puede entrar cualquier enfermedad y en 24 horas te los lleva", asegura Isaac acariciando a uno de los emúes. Esa atención a una 'familia' tan extensa es constante y diaria, "mi vida es no tener vacaciones, no tener fines de semana, no poder irme más de 24 horas a ningún lado. Aquí hay tantas especies, tantas comidas diferentes que dar, tanta agua que poner, abono que sacar, tantas cosas que hacer... En verano me levanto a las 7 y hago todo antes de ponerme a trabajar, ahora en invierno, la linterna de minero es mi accesorio principal. Todos los días hay que vigilar".

 

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Él solo se dedica a cuidar a cada uno de los animales que reconoce a primera vista en este arca de Noé con las puertas permanentemente abiertas para quien quiera disfrutarlo. Y los primeros con los que le encanta compartirlos son los niños, "en verano vinieron los de la Ludoteca. Es increíble ver la cara de un niño cuando les enseño las dos incubadoras industriales que están toda la primavera sacando pollitos. He puesto algún nacimiento en internet y es que los niños alucinan". Isaac se ha propuesto que los niños "en una ciudad pequeña como Astorga vean de dónde sale un pollo, cómo pare una burra.., es fundamental que sepan de dónde venimos, de dónde vienen los animales". 

 

La granja-escuela

 

De ese contacto constante con los más pequeños surgió en su cabeza el proyecto de la granja-escuela, una iniciativa que, de momento, ha chocado con el muro infranqueable de la burocracia municipal. Isaac de la Fuente está convencido de que por "el número y las características de los animales y la situación en el mapa sería una de las mejores granja-escuelas de la provincia". Lo lleva intentando desde hace dos legislaturas pero el proyecto ha entrado en el terreno de las contradicciones administrativas. En la Oficina Técnica Municipal "me dicen que un negocio tiene que estar en terreno urbano, y les dije, vale perfecto, yo tengo una finca en terreno urbano, también tengo la autorización ambiental aprobada por Juan José Alonso Perandones, todos estos animales están legales y en un sitio donde se pueden tener. Así que les solicité que me concedieran una licencia para tener los animales en terreno urbano y me dicen que no, porque los animales tienen que estar en rústico".

 

Todavía no ha calculado la inversión para convertir su pasión en una granja-escuela pero no sería demasiada porque "lo único que falta es construir unos baños, una instalación para alojar a la gente por si tienes que dar una charla, adaptar para hacer todo accesible, vallar los estanques y poco más".

 

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Ni que decir tiene que Isaac no se ha dado por vencido porque cree en un proyecto que "mueve muchísima gente, se podrían hacer paquetes turísticos para los colegios", explica. Con la granja-escuela "yo no intento ganar dinero ni hacerme rico, pero si con esta afición puedo atraer gente a la ciudad y sacar un rédito" con el que financiar el mantenimiento "pues estaría encantado", porque cuidar sanitariamente y dar de comer a todos los animales le supone entre 120 y 150 euros mensuales. Y mientras llega la autosuficiencia económica agradece "a cuatro firmas de la ciudad: la Casa Maragata, Frutas Badal, Panadería Cadierno y Leonesa de Patatas. Si no fuera por ellas esto se iría a más del doble".

 

Y allí, entre los burros que pocos imaginan que forman parte de todo ese zoológico, vive Isaac de la Fuente un astorgano que a los 15 años compró su primer animal y hoy con la treintena encima es propietario de una de las mejores colecciones de animales de la provincia.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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