Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/09/2017
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Óscar González
3/01/2017

Historia de Bruno

Bruno es un precioso, bonachón y regordete Golden Retriever que pasea por la ciudad sin causar ningún problema. No suele llevar correa porque está completamente acostumbrado a caminar junto a sus amos sin más control que el del vínculo existente entre ellos. Además, le gusta salir al parquecillo situado frente a su casa y tumbarse en la hierba; puede permanecer allí horas sin moverse salvo para saludar a algún otro amigo perruno o humano, pues parece que en su mente no consta distinción entre especies. A alguien debe molestar tal costumbre puesto que, a mediados del pasado diciembre, nuestro canino amigo fue identificado por la policía y su dueño apercibido por estar incumpliendo la normativa local sobre animales de compañía recientemente aprobada. Algún vecino sin mejores cosas que hacer hizo la llamada que forzó a la autoridad a acudir a un barrio tranquilo a regañar a un perrito…

 

La acción policial es incuestionable e indiscutible: reciben una denuncia, acuden al lugar y advierten al infractor, porque con la Ley en la mano, el dueño de Bruno lo es; nadie lo discutirá. Sin embargo, como en otras ocasiones a mí me gusta apelar al sentido común, el menos común de los sentidos. ¿Qué daño puede hacer a nadie un animal como ese? ¿Es posible que exista una carga tal de odio hacia los perros como para denunciar cosas así? ¿Cabe en cabeza alguna la posibilidad de que un can no se tumbe en la hierba? ¿Se nos ha ido de las manos el asunto de fiscalizar al vecino? Bien, esto no es un tema nuevo; en este vecindario este tipo de llamadas han sido frecuentes, pero ahora la situación viene agravada por la nueva ordenanza tan publicitada y defendida por sus precursores como discutida por los propietarios de perros. La misma, parece dar nuevas alas a quienes gustarían de ver la ciudad carente de ladridos.

 

En la capital de la foto-política de escaparate, manguera y bandera, algunos miembros del Consistorio insisten en inmortalizar cada uno de los momentos y actuaciones que consideran adecuadas para mostrar al votante y desafiar al crítico. La cantidad de posibilidades actuales de difusión parece invitar a ello, mientras otros miembros (y miembras) permanecen en un segundo plano jugando aparentemente bien la carta del desdibujado personaje de una obra shakespeariana que espera al acto adecuado.

 

Hay otros momentos que no se publicitan –favores y broncas se reparten en privado–, como tampoco se anuncian las promesas quebrantadas, que no son dignas de foto en el momento del incumplimiento, pero sí lo fueron en el de su realización. No importa demasiado, ya que la ciudad es pequeña y finalmente se entera uno de todo…

 

El pasado uno de diciembre los más fotogénicos concejales se empeñaron bien en anunciar sus intenciones de puesta en marcha de las nuevas restricciones perrunas, como se encargó de difundir la prensa. Nos mostraron entonces los preciosos carteles “mucho más amigables”, que nos indicarían los lugares donde nuestros animales no deben entrar, en los que sí pueden hacerlo, atados y sin pisar la hierba, y aquellos que serían de disfrute perruno total. Hasta aquí todo bien, pero me gustaría resaltar un párrafo:

 

Los concejales han adelantado que la primera zona de recreo libre estará finalizada antes de que finalice el año, pero no han precisado el lugar exacto, ni el presupuesto ni el proyecto porque está en fase de diseño. La edil Celi Gómez ha asegurado que "tendrán una parte de zona verde y otra de juegos para los perros, además de expendedores de bolsas, bancos y papeleras".

 

Pues bien, estrenado enero y la obra prometida ni está ni se espera. No existe ni un solo cartel azul en la ciudad, ni siquiera en el antiguo terreno que ya teníamos en la muralla, donde sigue el mismo de siempre, pero de todo esto no veremos fotos; tal vez alguna réplica o reproche o una inauguración apresurada, pero tardía, si bien nadie obligó a nadie a prometer nada que no pudiera cumplir…

 

[Img #26401]

 

Seguiremos pues bajo el peligro de ser regañados –en el mejor de los casos–, fotografiados o multados por incumplir la misma norma que hizo que fueran prometidos esos paraísos caninos pero sin tenerlos… ¿Merecemos pues los ciudadanos una prórroga, o esas solo son para los gobernantes? El tiempo lo dirá ya que, como todos sabemos, siempre da y quita razones; ojalá me la quite a mi muy pronto.

 

 

Feliz año a todos los perros.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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