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Tomás Valle Villalibre
5/01/2017

Leonard Cohen

 

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Se conocieron en Hidra, en el mar Egeo, tuvieron un idilio apasionado que duraría siete años y desde entonces fue su amor platónico, su musa, la Marianne que él inmortalizó en “So Long, Marianne”.

 

-Nos conocimos cuando éramos jóvenes. Fue en el parque lila y verde./ Me cogiste como si fuera un crucifijo mientras nos adentrábamos de rodillas en la oscuridad./ Hasta la vista, Marianne, ya es hora de que empecemos a reírnos y llorar y llorar y reírnos de todo-.

 

Tenía 81 años cuando, hace unos meses la muerte le llegó rápida, después de que se le detectara una leucemia galopante. Me ha conmovido especialmente la carta que Leonard Cohen le escribió a su ex pareja cuando se enteró de su estado, deseándole un buen viaje: “Bien, Marianne hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes la mano, creo que podrás tocar la mía…Todo el amor, te veré por el camino”.

 

 El poeta, el genio, dejaba claro que se estaba despidiendo de la vida. Ya lo había hecho en la entrevista publicada pocos días antes de presentar su último disco, en la que  impresionó a todos diciendo: “Estoy preparado para morir”.

 

El pasado 13 de Octubre, con 82 años, Leonard Cohen  presentó su último álbum ‘You want it darker’, en la residencia del cónsul de Canadá en los Ángeles. Entró en la habitación caminando muy despacio, sonriente, con traje negro, camisa gris y sombrero borsalino. Su voz sonaba cavernosa a la vez que cálida inundando la sala a pesar de su poca energía, y hablaba de amor, de despedida, del final. En la canción que da nombre al disco, Leonard Cohen repite en esta especie de réquiem pop “Heneni, Heneni, (aquí estoy, en hebreo). Estoy listo, Señor”.


El pasado día siete de Noviembre se cumplieron sus predicciones, el cantautor, poeta, el músico, moría en su casa de Los Ángeles a los ochenta y dos años. La noticia me sorprendió de madrugada escuchando la radio de mi coche. Según su manager, Leonard Cohen murió mientras dormía, después de una caída en mitad de la noche. La muerte había sido repentina, inesperada y tranquila. Me costaba creer que hubiera ocurrido y recordé su magistral concierto en León. Su legado de composiciones quedarán grabadas en todos aquellos que lo admirábamos, de cientos de  miles de personas que seguirán sintiéndose seducidas por su  “Hallelujah” o la letra de “Dance Me To The End of Love” donde dice: “Quédate conmigo con tu belleza en un violín ardiendo/ Quédate conmigo a través del pánico hasta que esté completamente seguro/ Levántame como una rama de olivo y se mi paloma mensajera/ Quédate conmigo hasta que acabe el amor”.

 

El diez de Noviembre Leonard Cohen fue enterrado en un ataúd de pino sin adornos junto a sus padres, en el cementerio Shaar Hashomayin de Montreal. Al finalizar, su hijo Adam quiso rendirle un último homenaje a su padre recordando su elegancia y dignidad y agradeciéndole todas las lecciones que le enseñó en la vida.

 

Yo le recuerdo y coincido con los que piensan que hemos perdido a uno de los visionarios más prolíficos y venerados de la música, el hombre que convirtió la poesía en música, el de la voz profunda a la vez que cálida y reconfortante, el del apaciguador susurro. Hasta la vista, Leonard Cohen.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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