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Bruno Marcos
26/01/2017

El futuro de la educación

 

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Hablamos de la educación mal muchas veces con demasiada ligereza y sin tener una perspectiva amplia.

 

Emitimos juicios generales a partir de experiencias concretas y puntuales, contingencias en torno a los planes de estudio o los criterios de calificación, pero falta comunicar a la sociedad las verdades esenciales que lo educativo ha tenido y tiene, tanto en su evolución histórica como ideológica.

 

Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que un poco antes del 1898 el analfabetismo español rondaba el 80%, y estamos hablando, más o menos, de 15 millones de habitantes en un país mucho menos poblado que ahora. Se ha producido en cien años una auténtica revolución educativa en España que supuso, entre otras cosas, una batalla por arrebatar el monopolio de la enseñanza a la Iglesia. En términos históricos seguramente nunca hayamos estado mejor que ahora, eso no quita que se estén haciendo hoy infinidad de cosas mal. Hay que saber que esas mejoras tuvieron que ver con corrientes educativas de hondo calado intelectual, entre las cuales, por ejemplo, estaban las que provenían del krausismo, como la Institución Libre de la Enseñanza, con una enseñanza laica que proponía el mejoramiento social a través de la educación. Hoy debemos encontrar planteamientos distintos, adaptados a nuestro presente, pero herederos de aquellos.

 

Hace dos generaciones el número de licenciados universitarios era mínimo, en muchas familias han aparecido abogados, ingenieros o médicos que no habían tenido presencia nunca en su árbol genealógico. ¿Qué ocurrirá dentro de otras dos generaciones, cómo será la sociedad educada hoy con nuestro sistema?

 

No tenemos bien explicado cuál ha sido el proyecto educativo puesto en marcha en el país desde la implantación de la democracia y que, más o menos con consenso de los sucesivos gobiernos, fue el de una enseñanza general igualadora e integradora en las etapas primeras y obligatorias con atención a la diversidad según recursos económicos. La especialización en las enseñanzas superiores ha desterrado la formación de tipo integral o humanista. Con la crisis hemos comprobado que este modelo hace aguas en cuanto falta el dinero produciendo una masificación incompatible con ese planteamiento. Todo ello contribuye, por otro lado y más últimamente, a que haya aparecido, bajo el término ‘excelencia’, un aparte que viene a presentar la necesidad de futuras élites que empiezan a escasear en el horizonte de una posible meritocracia por venir.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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