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Luis Miguel Suárez Martínez
29/01/2017

Un ajuste de cuentas literario y personal

Juan Manuel de Prada, Mirlo blanco, cisne negro, Barcelona, Espasa, 2016, 437 pp.

 

 

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La última novela de Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) es en palabras del propio autor, según se lee en la cinta publicitaria que la acompaña, “un ajuste de cuentas conmigo mismo y con el mundo editorial”. Tal aserto, sin duda, puede condicionar en buena medida la lectura, si bien, al final, da la impresión de que hay más de lo segundo que de lo primero. Alejandro Ballesteros, un joven escritor de provincias que trata de abrirse paso en el mundo literario, llega a Madrid. Allí conocerá a Octavio Saldaña, un brillante novelista cuya estrella ha declinado tras el fulgurante éxito en su juventud y que ahora malgasta su talento como periodista radiofónico, alimentando desde su programa la polémica y su propia destrucción. Saldaña acogerá bajo su amparo al joven Ballesteros y tratará de guiarlo en su incipiente camino literario. Su influjo, benéfico al comienzo —incluso para el propio Saldaña, pues contribuirá también a que reencuentre su inspiración abandonada—, acabará tomando un cariz más turbulento.

 

El aprendizaje literario del joven y dubitativo Ballesteros constituye en principio el núcleo de la historia; sin embargo, la figura de Saldaña va ocupando progresivamente el protagonismo. Soberbio, ególatra y brillante, para muchos resulta repulsivo—“es la maldad personificada” (p. 353), dice de él Rosario Tena; “Saldaña sería en literatura el equivalente de Stalin en política” (p. 405), afirma Cifuentes—; en cambio, la imagen que de él ofrecen, Nieves, la editora Evelyn o el propio Ballesteros es muy diferente, y, desde esa perspectiva, más parece digno de lástima. En cualquier caso, su verdadera personalidad no será fácil de discernir, pues en él parece que con frecuencia el personaje —el escritor maldito— se ha sobrepuesto a la persona.

 

Tanto en el maestro como en el discípulo, el novelista zamorano ha diseminado inequívocos detalles autobiográficos. Así, resulta inevitable ver en la figura de Alejandro Ballesteros —homónimo del protagonista de la Tempestad, obra a la que asimismo remiten muchos detalles de Madonna— un trasunto del De Prada joven; mientras que Octavio Saldaña, como se deduce de determinados rasgos biográficos y literarios —algunos tan evidentes como el título y el contenido de su primera novela— parece ser una contrafigura del De Prada maduro.

 

 

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Para evitar esa identificación unívoca en Saldaña se han proyectado también detalles fácilmente reconocibles de un afamado escritor español—su condición de hijo de madre soltera, su pasmosa facilidad para escribir, su manía de lanzar los libros que no son de su agrado a las piscina, etc.—, cuya amistad y magisterio frecuentó el autor en sus inicios literarios, y del que después se distanciaría de forma ostensible.

 

De notable interés resultan, por otra parte, las diversas reflexiones sobre el arte de novelar que se suscitan a propósito de los sucesivos borradores o versiones de Madonna, la novela de Ballesteros que corrige bajo la égida de su maestro. Entre estas consideraciones se deslizan, además, comentarios irónicos y humorísticos, dirigidos con frecuencia contra los escritores triunfantes en el panorama literario español, encarnados sobre todo en las jóvenes promesas —los “nocilleros”— y los ya consagrados, a los que se denomina desdeñosamente como 'viejas glorias'. Contra ambos grupos, que   arrinconan el verdadero talento, esto es, el de escritores como Saldaña y Ballesteros, se verterán de forma obsesiva todo tipo de descalificaciones.

 

En consecuencia, el mundo literario aquí reflejado se caracteriza por la caricatura y el trazo grueso (véase, por ejemplo, la escena inicial), y en el que más que la ironía sutil prevalece el sarcasmo. Quizás el abuso de la caricatura y la falta de matices lastre un poco este aspecto de la novela. Cierto es que la perspectiva desde el que la sociedad literaria se enjuicia es sobre todo la de Saldaña (la de su discípulo tampoco difiere en lo sustancial). Y una vez más resulta inevitable no percibir alusiones muy claras, casi siempre malévolas, a la realidad literaria actual tras personajes como La Bruja Alférez, Fu Manchú, el Chulo Cervantes o algún autor nocillero innominado, del mismo modo que resulta sencillo presumir los correlatos reales de la pintora Rosario Tena o del periodista Quico Barrientos.

 

Tampoco los editores y los críticos se libran del exabrupto de Saldaña; a estos últimos dedica una furibunda diatriba (pp. 268-270) no exenta, por cierto,  de tópicos y trivialidades. Sus excesos atrabiliarios no dejan de denotar resentimiento y una evidente envidia por el éxito ajeno, con lo que a veces incurre en algunos de los defectos que él mismo censura. Detrás de esos juicios, que con frecuencia pecan de arbitrarios, aparenta subyacer ese ajuste de cuentas personal anunciado en la cinta publicitaria. De ello es consciente el propio De Prada, que en un divertido guiño autocrítico —como si intentara adelantarse a los posibles reparos—, hace pronunciar al editor Cifuentes unas objeciones sobre la última versión de Madonna que bien pueden aplicarse a Mirlo blanco, cisne negro: “Luego está esa proyección sobre el protagonista convirtiéndolo en una especie de alter ego, para ajustar cuentas y justificar todos sus descalabros como escritor, pintando un mundo académico que se conjura contra el genio independiente” (p. 400).

 

 

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Las circunstancias señaladas inciden, aunque la novela no pueda reducirse únicamente a eso, en una lectura en clave autobiográfica que, al mismo tiempo, se trata de desmentir. Desde esta perspectiva se puede ver al joven de Prada juzgado, con no poca ironía, por el de Prada maduro. En otras ocasiones, en cambio, más bien parece aprovecharse para deslizar justificaciones literarias e incluso ideológicas (p. 91) o para ofrecer ciertas claves sobre su propia obra (p. 72). En definitiva, en Mirlo blanco, cisne negro, hay mucho de juego de espejos —con sus reflejos y sus ilusiones ópticas—, el cual no dejará de suscitar, al margen de su dimensión literaria, alguna que otra controversia.

 

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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