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Redacción
29/01/2017

Carmen Arce, una pionera en un mundo de hombres

La Asociación de Empresarios de Astorga y Comarca (Asemac) ha creado este año el premio a la Empresa Rural, abriendo la puerta a visibilizar a las empresas ubicadas en nuestros pueblos. La primera en ser galardonada ha sido 'Construcciones De Arriba Arce, SL', radicada en Valdespino de Somoza, con quien el colectivo empresarial salda una deuda que Astorga tenía con los emprendedores que dan contenido al concepto de 'desarrollo rural' que tan bien queda en los discursos, pero en el que muy pocos creen de verdad a la vista de la imparable despoblación de nuestras comarcas. 

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En la noche de este sábado, Asemac entregó la Mención a la Empresa Rural a 'Construcciones De Arriba Arce SL', una firma dirigida por una mujer, Carmen Arce Prieto. Pionera en un sector masculino, Carmen ha vuelto a romper un techo de cristal al ser la primera empresaria de pueblo a la que Asemac reconoce. "Estoy sorprendida, no me lo esperaba, porque estos premios se quedan siempre en Astorga. Sobre todo me ha hecho ilusión por ser de pueblo", señala esta maragata que asegura no aburrirse nunca, "yo en una ciudad me sentiría como un ratón enjaulado. Cuando salgo de la obra y voy para la huerta soy la mujer más feliz del mundo".

 

Nacida en Quintanilla de Somoza, Carmen Arce lleva más de media vida en Valdespino de Somoza donde hace más de 20 años se subió al andamio de obra y no se ha vuelto a bajar. Comenzó por curiosidad a acercarse a las obras que construía la empresa familiar de su marido, Francisco de Arriba, y se 'enganchó' hasta el punto de que desde 2008 es la gerente de la firma de construcción especializada en piedra, un campo minoritario dentro del sector cuyo papel en el desarrollo de los pueblos es fundamental, ya que hoy en día son las encargadas de velar por el mantenimiento del patrimonio urbano, que en el caso de Maragatería y las comarcas próximas donde trabaja 'Construcciones de Arriba Arce', es clave para conservar el atractivo de sus pueblos de piedra.   

 

La empresa que dirige esta maragata desde que hace ocho años su marido tuvo que prejubilarse por enfermedad, fue fundada por "mi abuelo Honorino de Arriba con sus dos hermanos, Manuel y Maximino", recuerda Francisco de Arriba, "luego siguió mi padre, yo empecé a los 14 años y ahora mis hijos Óscar y Daniel están cogiendo el relevo. La empresa siempre ha trabajado la piedra y en esta zona. Mi padre rehízo prácticamente todo el Val de San Lorenzo". 

 

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Carmen Arce, junto con su marido, son un claro ejemplo de cómo en los pueblos los conocimientos se transmiten de padres a hijos: "siempre decía mi suegro, una piedra encima de dos y dos encima de una para que no coincidieran las juntas. Y también decía, la piedra que se sube al andamio ya no se baja, la que no vale para poner vale de relleno". Construir o rehabilitar casas con este material natural es una especialidad que hoy se valora, pero hasta hace 30 años la piedra se escondía, las fachadas y muros interiores se revocaban para borrar la seña de identidad de nuestros pueblos que corrió paralela al inicio de la despoblación con la marcha de los jóvenes a trabajar a las ciudades.   

 

Actualmente la piedra se cotiza al alza y en Valdespino de Somoza están asentadas tres empresas especializadas en el trabajo con este material, dos de ellas nacieron al calor de la fundada por los antepasados de Francisco de Arriba. "Hace unos 30 años que volvió la piedra y la trabajamos como lo hacía mi abuelo, sólo que ahora la colocamos con cemento y antes con barro", explica Francisco, una afirmación que Carmen puntualiza: "la piedra en cada pueblo es diferente. En Castrillo de la Valduerna se trabaja con canto de río, que eso es difícil colocarlo, como en Boisán, en cambio en Quintanilla las casas están hechas con piedra labrada porque es muy blanda, algo que no lo puedes hacer con la de Valdespino. En cada pueblo hay que trabajar con su piedra, por mala que sea. Yo prefiero la piedra recuperada del pueblo que no mezclar con nueva".

 

En ese trajín de piedras y andamios se desenvuelve Carmen Arce, una 'rara avis' en uno de los sectores más masculinizados. "Cuando hace 25 años hice el primer curso en Asepeyo éramos 30 empresas y yo la única mujer. En las oficinas sí estamos pero en obra no conozco a muchas", pone de relieve la empresaria. Lo dicen las estadísticas: la brecha de género sigue siendo tan amplia (en concreto del 83,37%) que todavía queda mucho camino por recorrer para hablar en términos de igualdad. Y ¿cómo lleva esta situación?, pues "bien -indica Carmen-. Yo hablo mucho pero también observo mucho y he encajado bien. Lo que creo que aporto por ser mujer es el mimo en el trato con el cliente y en los últimos acabados de remate, estoy muy pendiente de detalles. También me gusta innovar". Aunque como buena maragata los principios máximos de su empresa son "la honradez, el saber estar y que el cliente sepa que siempre estamos ahí ante cualquier problema". 

 

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El primer premio a la Empresa Rural de Asemac ha recaído en una firma radicada en Valdespino de Somoza, una localidad a 10 kilómetros de Astorga que en los últimos años ha renacido. Carmen Arce y su marido que han apostado por mantener un negocio con cinco trabajadores en Maragatería, explican orgullosos que en el pueblo "tenemos la empresa de Diego, un chaval que andaba por ahí luchando como podía con la crisis y ha montado un taller que en año y pico ya tiene un empleado. También está Goyo con la venta y el restaurante que da muchísima vida, tenemos una casa rural y todos funcionan bien. En este pueblo pequeñito hay tres empresas de construcción". Todo un logro colectivo y una victoria contra la despoblación.

 

Carmen y su familia están comprometidos con el mantenimiento de la localidad donde viven. No dudan en aportar su maquinaria y todo lo que esté en sus manos para solucionar los problemas de sus vecinos. Son de los que saben hacer pueblo y dejarán un legado impagable en estas comarcas, ya que sus hijos que ahora cogen el relevo en la empresa no han abandonado Valdespino, de hecho, el pequeño, Daniel, está rehabilitando su casa de piedra donde vive con su compañera Zaira, mientras que el mayor, Óscar, a buen seguro que pronto seguirá los mismos pasos. Toda una esperanza para Maragatería. 

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