Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 12/12/2017
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Tomás Valle Villalibre
2/02/2017

Comunidad de vecinos

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Mi amigo Gonzalo vive en un edificio más bien antiguo aunque algo remozado, de los que tienen el  nombre a la entrada aunque ya no se llevan, con un atractivo especial para los turistas y con un abolengo que apenas oculta algunos problemas en sus estructuras e instalaciones.  A  él le gusta  donde vive. Otra cosa son los vecinos, o sea los que viven en el edificio en cuestión. En alguna ocasión me ha llegado a asegurar que “la tercera guerra mundial tendrá su origen en una reunión de la junta de vecinos”. Esas reuniones de vecinos del edificio donde vive mi amigo, por lo visto son agotadoras y asistir a ellas es una aventura rigurosamente desapacible en la que hay que atesorar suficientes agallas para no dar berridos de socorro o alaridos de angustia. Se pasan discutiendo los mismos problemas año tras año, se recrean con anécdotas,  se enzarzan en agrias disputas e incluso llegan ‘a las manos’; así que los temas importantes la mayoría de las veces  quedan sin tratar… hasta el año que viene que volverá a pasar lo mismo. De alguna de ellas se podría escribir el guión para la serie ‘Aquí no hay quien viva’ ya que al parecer la realidad supera a la ficción en estas reuniones donde los vecinos a veces se comportan como nadie se imaginaría que lo hicieran.

 

La cuestión que les ocupaba este año además del cambio de presidente, secretario, etc, no era ninguna tontería. Necesitaban cambiar el sistema de calefacción y pintar el hueco de escalera, pero por lo visto eso podía esperar. Lo importante era pasar lo antes posible al apartado de ‘ruegos y preguntas’. Ahí es donde está el meollo de la cuestión. Es el apartado pernicioso donde salen a relucir las venganzas vecinales guardadas durante el año. El vecino del 2ºA se queja que el vecino del 4ºC invade con frecuencia su plaza de garaje, pero éste le echa en cara que él deja sus trastos en la plaza y aunque no molestan, según los estatutos de la comunidad no deben estar allí.


El 3º está ocupado en su totalidad por parejas jóvenes con hijos pequeños y las reiteradas  quejas del vecino del 1ºB vienen  provocadas por el llanto de alguno de estos niños, curioso si se tiene en cuenta que hay un piso de por medio. Mi amigo Gonzalo  ha decidido tomarse las reuniones como entretenimiento pero se quedó un poco perplejo cuando la señora Casilda, la del 2ºB, que siempre ha dicho estar algo sorda, le espetó a los del 3º B que se desfogaran con más disimulo en sus actos amatorios e insistía que constara en acta su queja. La congregación asamblearia  por lo visto no acabó ahí ya que el vecino del 4ºA y una del 1º se quejaron de que la empresa contratada para la limpieza no lo hacía con la diligencia que debiera y  para ello aportaron pruebas trampa que le habían puesto ( unos envoltorios de caramelo en una esquina, una colilla en otra…) A la señora Concha, la del 2ºC lo que le importaba era la ropa que goteaba desde los tendederos y mojaba la suya, o alguna que le aparecía con quemaduras de cigarrillo, advirtiendo que llevaría la colilla a analizar y que a través de la saliva, encontraría al fumador impenitente, dirigiendo su mirada acusadora hacia la persona de mi amigo Gonzalo.

 

La cosa se estaba poniendo emocionante hasta el punto que a mi amigo se le pasó por la cabeza tomar notas por si se decidía a escribir un libro. Pero faltaba la queja de la  vecina del 4ºB que decía sentirse afectada por una grieta en su salón y sin pararse a estructurar la frase, ni corta ni perezosa ante las dudas de los asistentes,  les dijo: Suban todos a mi casa, que les voy a enseñar la raja que yo tengo”. Ante esta frase lapidaria  Gonzalo no pudo contener la risa, algo que provocó el enfado de la susodicha y una disputa entre el presidente saliente y el entrante, que con tan mala suerte acabó con un manotazo fortuito en la mejilla  de la señora Concha, que trataba de separarlos. Con buen criterio el nuevo presidente dio por finalizada la reunión en la que en teoría se tendrían que haber tomado importantes  decisiones, pero solo sirvió para  llenar una vez más tres o cuatro hojas del libro de actas… todas ellas en el apartado de ‘ruegos y preguntas’. Mi amigo Gonzalo que es un tipo con chispa no les guarda rencor a ninguno de sus convecinos y finalizó su relato pensando seriamente en escribir un anecdotario y parafraseando a José Luis Coll dijo: ”No odio a nadie. Absolutamente a nadie. Ni siquiera a mis vecinos”.

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