Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/07/2017
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Laura de la Torre
9/02/2017

Hablemos del frío

 

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De los brazos en los que arroparse, refugiarse, perderse y encontrarse. Del café caliente de media tarde en buena compañía. Hablemos de la sensación térmica de una sonrisa al terminar el día. De las personas que están caladas de lluvia hasta los huesos y de las que también lo están de amor, por ejemplo.  

 

Hablemos del placer de llegar a casa después de cruzar una ciudad a tres grados bajo cero. De un radiador caliente, de una manta en el sofá y un pijama fuerte en invierno. 

 

Hablemos de compartir el calor de la cama, de los poros o de las miradas. De los amores de verano en enero y de la valentía de ponerse una minifalda en pleno febrero. 

 

Hablemos de los abrigos, de las bufandas, las botas, los guantes y los sombreros. De los días sin salir de casa y ver nevar por la ventana. De un paseo a media noche con todas las calles despejadas. 

 

Hablemos de las bolas y los muñecos de nieve, o de esa sensación navideña aunque haga ya tiempo de su espera. De los días sin clase. De los puertos cerrados y las carreteras cortadas. 

 

Hablemos del vapor que nos sale de la boca y con el que a veces bromeamos como si de un cigarrillo se tratara. De lo maravilloso de empaparnos el pelo con el diluvio o de hacer un ángel en las aceras nevadas. 

 

Hablemos de los campos empapados de lluvia, de los preciosos paisajes pintados de blanco y de la niebla cubriendo las cimas de las montañas. 

 

Hablemos de las aventuras más inesperadas. De los fines de semana esquiando o refugiados en una cabaña. De no sentir los pies, ni las manos, ni las yemas.

 

Hablemos de comer un helado cuando ahí fuera todo está nevado. Del patinaje sobre hielo o de derretir un cubito a tan sólo tres segundos en tus dedos. 

 

Hablemos de tiritar hasta sin razón. Pero sobre todo, hablemos de esos abrazos, que no sólo abrigan la piel, sino que a menudo abrigan también cualquier corazón.

 

 

 

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