Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/07/2017
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
José Luis Puerto
9/02/2017

Sobre la nieve y la arena

 

[Img #27127]

 

En este tiempo tan convulso que vivimos, entre otros valores democráticos, nos parece que el de la libertad es uno de los más amenazados. Como es bien sabido, la libertad es uno de los tres (recordemos también los de la igualdad y la fraternidad) valores que la revolución francesa puso sobre el tapete de la historia.

 

Y qué importante y decisivo es el valor de la libertad, una de las grandes aportaciones de occidente al mundo. Y qué bien ha sido representado en las artes y en la literatura. Recordemos el romántico, hermoso y simbólico cuadro de Delacroix sobre “La Libertad guiando al pueblo” (1830), todo un emblema –y un manifiesto también– de la contemporaneidad europea.

 

Y no olvidemos el memorable poema, no menos hermoso, de Paul Eluard, el poeta francés que coqueteó con los surrealistas, titulado ‘Liberté’ (‘Libertad’), en el que el poeta interioriza desde su experiencia vital, que retrotrae a la niñez, interioriza ese sentimiento gozoso de la libertad. ‘En mis cuadernos de escuela, / sobre la arena y la nieve, / tengo escrito tu nombre’. El ‘J´ai écrit ton nom’ de Paul Eluard, esto es, la interiorización en la conciencia de cada ciudadano de lo que el concepto y el valor de la libertad supone, es una de las raíces más sólidas e importantes de lo mejor de la contemporaneidad de occidente.

 

El pueblo de Francia regaló al pueblo norteamericano la hermosa y simbólica escultura de la Libertad, con un brazo elevado y una antorcha de luz iluminando al mundo, que está situada en Nueva York.

 

Pues bien, en la portada de un número reciente de la revista alemana Der Spiegel, un simbólico y certero dibujo expresa, por sí solo, y de modo certero, una de las presentes amenazas de la Libertad. Se nos presenta al actual presidente norteamericano con la cabeza de la estatua de la libertad en una mano, con el brazo elevado, a la que acaba de decapitar y que todavía gotea sangre, y, en la otra, una espada o enorme cuchillo con el que ha ejecutado tal acto.

 

Todo un símbolo, todo un aviso de un tiempo lleno de amenazas, donde los ataques a la libertad, y a otros valores democráticos, están siendo (y ojalá que no continúen) demasiado frecuentes.

 

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress