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Redacción
10/02/2017

Los muros de la pobreza contra los que lucha Aracelly Alva

La misionera peruana transmite este fin de semana en Astorga dentro de la campaña de Manos Unidas cómo viven y trabajan las mujeres del Barrio 7 de Octubre de Lima (Perú)

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En Lima (Perú), como en la frontera entre Estados Unidos con México, en Melilla o en Ceuta, existe un muro construido para impedir el paso a quienes quieren escapar de la pobreza. El de la capital peruana separa la Lima rica del exclusivo distrito de Surco de una de las partes más pobres de San Juan de Miraflores, situada en uno de los cerros donde se asientan mayoritariamente familias empobrecidas después de la huida masiva de campesinos de las regiones más golpeadas por el terrorimos de Sendero Luminoso y el movimiento Tupac Amaru de los años 1980 y 90.

 

De uno de esos cerros, el de San Agustino, donde impera en el paisaje las infraviviendas de miles de peruanos, ha venido a Astorga Aracelly Alva Delgado, Mercedaria Misionera de Berriz, para contar cómo lucha cada día por borrar las diferencias que separan a los habitantes de los dos lados del muro. La religiosa es la protagonista en la ciudad de la campaña de Manos Unidas que este año tiene por lema 'El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida'.

 

Aracelly Alva trabaja en la Guardería Jardín Parroquial San José, donde desde hace 27 años las madres del Barrio 7 de Octubre dejan a sus hijos para trabajar barriendo calles, como empleadas de hogar, en la limpieza de frutas para exportar o en vendiendo lo que pueden en el comercio informal. Con una media de cuatro o cinco hijos, la mayor parte de las mujeres de esta barriada soportan ellas solas el peso de sacar adelante a las familias, ya que los maridos o no trabajan o lo hacen en su mayoría en las minas de cobre, donde la extracción intensiva de mineral les permiten salidas a sus casas de cuatro días cada dos semanas "y muchos acaban por no regresar" a sus casas, explica la religiosa.

 

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Fueron las propias mujeres quienes hace 27 años se organizaron para construir la guardería, después de que en dos incendios de viviendas murieran niños que se habían quedado solos en sus casas mientras sus madres estaban trabajando. El centro infantil es, por lo tanto, el principal apoyo de las mujeres en la educación de sus hijos y de ellas mismas, porque gracias a la escuela de padres y madres, además de los servicios que prestan psicólogos y otros profesionales, desarrollan su autoestima. La guardería también tiene un papel destacado en la alimentación del centenar de pequeños que cada día acuden a él.  

 

Aracelly Alva ha venido a Astorga a transmitir la importancia de los fondos que aporta Manos Unidas para el mantenimiento y puesta en marcha de este tipo de proyectos en América Latina.

 

La religiosa que se encuentra en la actualidad ampliando su formación en las universidades de Comillas y Salamanca ha querido agradecer "todo el esfuerzo que hace Manos Unidas" en su comunidad, al tiempo que ha transmitido dos mensajes: "sepamos compartir" porque "si acumulamos" riqueza "a otros les va a faltar" y "cuidemos nuestro planeta, la Madre Tierra que es de donde viene todo, es la que trabajan con tanto esfuerzo los campesinos".

 

Los niños de Astorga recibieron estos mensajes este viernes en el acto organizado por las voluntarias de Manos Unidas en la Plaza Mayor a donde acudieron alumnos de los colegios de la ciudad.

 

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