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José N. Fuertes Celada
12/02/2017

Rilhafoles, de panóptico a índice de raros

Rilhafoles es una revista literaria cuyo primer número salió en tirada mundial, en diciembre de 2016. De estética 'minimista', pretende incorporar todo aquello imaginario de lo que guste su director V. Karbajc.
Con una breve tirada puede comprarse en la librería Galatea de León

 

Rilhafoles. Revista cultural del Círculo de Lisboa. Director: V. Karbajc

 

 

 

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No sabemos luego de ardua investigación que tipo de círculo es el 'Círculo de Lisboa', ni si es un círculo  de tiza caucasiano o maragato, si es una salvaguarda o una jaula panóptica.


Las indagaciones realizadas en Internet fueron las siguientes: 


Rilhafoles: nombre de un hospital para enfermos mentales en Lisboa.


En un artículo titulado ‘O Hospital de Rilhafoles e os asilos de alienados na Europa do século XIX’, publicado por Nuno Borja Santos en la revista portuguesa ‘Psicólogos’, se nos informa que Rilhafoles fue el primer hospital psiquiátrico de Portugal.

 
Por otra parte Luis Carbalho Rodrigues escribe que “el panóptico o pabellón de seguridad, fue edificado para acoger a los ‘alienados criminales’ que como dice un colega de Bombarda, Julio de Matos, no podían contaminarse con los ‘alienados comunes’”


Rilhafoles es hoy en día el museo de la psiquiatría portuguesa y está diseñado como un edificio de observación total (Panóptico ideado por Jeremy Bentham)


La entrada ‘Círculo de Lisboa’, escrita en Internet, nos lleva directamente a Pessoa, pero no figura como tal círculo en ninguna entrada.


Rilhafoles es una revista desplegable, es un círculo, un panóptico ‘revisteril’ del que nada se escapa ya a primera vista, todo queda a vuelta de hoja.


En un tamaño comprimido de DIN A6, es perfecta para el bolsillo trasero del pantalón. Es como un gato entumido en el invierno que se despliega al asomo del calor, con ocasión del celo. 


Una vez abierta es un DIN A2, lo que antiguamente se conocía como un pliego pequeño. Hechas sus dobleces disponemos de 16 espacios a tamaño DIN A6. Tres de estos espacios están reservados para las fotografías: portada, contraportada y fotografía de Ángelo de Lima.


La foto de la portada representa a un marinero doliente, con el pecho desnudado, que hubiera dilapidado la gracia del mar. Luego he sabido por confesión del fotógrafo que el grito era metafísico y submarino, o aún más; ultramarino, y que pretendía llegar hasta un primo suyo ahogado en inmersión subacuática: “Lo que se ve es un ‘gritante’ de torso desnudo que alzaprima una melva a la altura de la cara quejándose a Dios por la muerte del justo”.


Por contraportada, una fotografía de un empedrado de tapines, sobre el que se dibuja el número 61 enmarcado en un círculo en negro. En esa contraportada figuran los colaboradores, de forma alterna en letras rojas y blancas.

 

 

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Yolanda Morato, en rojo, es la primera y colabora con el poema ‘Caen cajas’. Un maná insípido y vacío viene del cielo, es un don. Es el don de la insipidez, del sentido perdido de la vida, de lo poco que queda si ya ni la canción queda.


J. M. López Astilleros escribe 'Pendencias ultramarinas' y suelta un par de trallazos de mercadeo que no oculta los gritos, donde los sujetos que habitan en dimensiones inconciliables presumen dialogar cuando a lo más conversan, en una multidimensión preñada de sentidos donde intercambian combustibles que solo significarán en la hoguera propia.


Raquel de la Varga regresa al color rojo para fintarnos ya en el título: ‘Los sueños inconfesables de la corectora (falta una r)'. No es cierto, la 'r' tan solo está fuera de lugar. Ahora bien, el título lo aporta el personaje del cuento no la escritora, digamos que se le fue de las manos. Por otra parte aunque sea por persona interpuesta, en este caso la escritora, los sueños no hacen más que confearse (falta una s) en esa narración. En fin...

 
Manuel A. Rodríguez nos regala ‘Claustrofobia’ una pesadilla a lo Poe donde la mentira se soporta como de verdad y lo verdaderamente doloroso sería el despertar. 


Elías Moro, fragua el poema ‘Palabrerías’ a partir de un amasijo de aforismos. Cuídate de las palabras de marzo y de la liebre de marzo y del cuchillo de lo leído. Se trata en ocasiones de aforismos contaminados por la greguería ramoniana: “El primer verso del poema mira a los demás como por encima del hombro; el último soporta el desaire como puede”. Tantas veces hemos confundido un buen poema con un buen lector...


José Luna Borge escribe ‘Reloj de melancólicos’, una reflexión del pasar el tiempo que conduce indefectiblemente al acabar, a un tiempo pasado ya.


De Avelino Fierro se nos hace entrega de cuatro haikus. Ya sabemos cómo es el haiku, aunque seguimos sin saber hacerlo: “Sedada luz / al final de la tarde / suave silencio” No escasean aliteraciones y sinestesias en tan breve escrito. Son versos cargados de figuras y retóricas, diríamos que en su perfecta sencillez es más la carga y descarga que lo escrito. En el haiku siguiente se confirma una operación mágica de grimorio zen: “Se incendia el cielo / con los últimos rayos / de lo que leo.” En el postrero se aborda la vida “entre dos luces”. En mitad del camino de la vida, por una selva oscura etc…


Y por fin Antonio Manilla que colabora con su poema ‘Desnudo’, para el cual elabora un vestido de cuento de hadas con un sinfín de hilos azules extraídos de todo lo azul que en mundo hubiere. Tan solo le quedó fuera el de Ezra Pound, el azul usurario contaminado del cáncer.


Hace la revista Rilhafoles un recordatorio a Ángelo de Lima: “poeta marginal internado en el manicomio de Rilhafoles”, que publicó algunos de sus poemas en la revista ‘Orpheu’, fundada por Fernando Pessoa y Mario Sá Carneiro en 1917, con la intención de renovar las letras lusas.


Sobre el suelo la revista Rilhafoles parece una sábana, dan ganas de sacar los 'Cinco metros de poemas' de Oquendo (que viene siendo la medida estandar de la innovación poética) y cotejar las aristas de Rilhafoles y las de la estrella.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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