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Mercedes Unzeta Gullón
16/02/2017

Hablemos de Michi (1)

 

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No es cierto que Michi Panero vino a Astorga para morir. Es un llamativo titular pero de ninguna manera se ajusta a la realidad. Michi había vuelto a Astorga para vivir. Por supuesto estaba mal de salud y todo apuntaba a que si se instalaba en Astorga definitivamente, como era su propósito, acabaría muriendo en la ciudad, pero él llegó a Astorga con el propósito de iniciar una nueva etapa de vida. Tenía mucha ilusión y muy claro el proyecto que quería poner en marcha en la ciudad paterna.

 

Vino a Astorga para cerrar un círculo, el círculo que se había abierto, catapultando a la fama a madre y hermanos, a expensas de la memoria del padre, y que ahora él pretendía cerrar rescatando y reivindicando esa memoria desprestigiada.  

 

Redimir de las cenizas del 'Desencanto' la figura de su padre y ponerla en valor era su principal propósito. No se trataba de una cuestión literaria sino de una necesidad emocional. Lo necesitaba para su tranquilidad de espíritu. Para llevar a cabo tal pretensión pensaba en establecer, en la casa familiar, una especie de Círculo intelectual, de Centro de encuentros  literarios  (lo que más o menos es ahora), que él asumía regentar. Una aspiración en la que tenía puestas todas sus ilusiones de vida. El proyecto estaba acordado con el alcalde de la ciudad, y parece ser que aprobado en toda su concepción. Michi aglutinaría a su alrededor a un buen número de intelectuales a nivel nacional que vendrían a la ciudad para asistir a un sinfín de actividades intelectuales. Pero, para ello había que empezar por restaurar la Casa Panero. 

 

El acuerdo con las autoridades estaba resuelto. Había que iniciar las obras del edificio, pero eso nunca llegaba. La inactividad del Ayuntamiento a ese respecto era algo que le ponía a Michi realmente enfermo. Sufría mucho viendo no sólo que no empezaba a moverse el proyecto sino que además llovía y no se tapaban con plásticos los agujeros del tejado. Advertía una gran dejadez y suponía que la casa iba a derrumbarse sin haber sido glorificada.

 

El proyecto era su impulso vital pero a pesar de la validación institucional no había manera de que nada prosperara, que nada se moviera.

 

Michi se desinfló, con el tiempo fue cayendo en la desidia emocional ante los inhumanos tiempos de la Administración, porque el programa de vida que tenía previsto y garantizado, en el que fundamentaba su fortaleza de espíritu, no se ponía en marcha.

 

Michi era mi amigo de juventud. Vinimos casi al mismo tiempo a instalarnos en la tierra de nuestros antepasados. Me llamaba ‘prima’ yo creo que por necesidad de hacer familia más que por pensar que teníamos algunos ancestros comunes. Estábamos bastante unidos en estos últimos tiempos de nuevas expectativas y cambios fundamentales en nuestras vidas.

 

A mi curiosidad de saber si se arrepentía de haber hecho la película del 'Desencanto' ya que había venido a Astorga a redimirse de la carga negativa que había echado sobre la figura de su padre, me confesó que no estaba muy satisfecho de la película ya que nunca esperaron que fuera a salir lo que salió. Se filmaron muchísimas horas durante meses en un ambiente familiar relajado y con gente del cine amiga, lo que se llegó a la situación de olvidarse de las cámaras, y como en cualquier encuentro familiar intenso, salieron a relucir muchas historias y rencores. Yo encuentro el 'Desencanto' como un preludio de lo que luego fue con gran éxito ‘Gran Hermano’. Una cámara indiscreta. Pero me aseguró que no se arrepentía, que no estaba satisfecho con la película pero que la volvería a hacer para dar satisfacción a su madre. Felicidad tan necesitada de hacerse visible, de ser protagonista en una vida que le había conectado con un mundo intelectual muy notorio pero, ella creía, que le había restado lucimiento el estar al lado de su destacado marido. Se sintió muy complacida y halagada al contemplarse en el celuloide, aunque su intervención no la rescatara como una mujer de grandes talentos. Y, además, aprovechando los fantásticos aires de vanagloria llegó a escribir y publicar sus memorias. La vanidad de Felicidad quedó ampliamente satisfecha con ello, y su hijo Michi, que la adoraba, también.

 

Michi se marchó antes de que entrara el primer albañil a la Casa Panero.

 

O témpora, o mores

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