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Max Alonso
16/02/2017

Trillo a Perejil

 

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Se sigue opinando sobre qué debe hacer D. Federico Trillo Figueroa, tras su salida por la puerta de atrás, por mucho que se quiera camuflar, de la Embajada Española en Londres. Él ya se preocupó, fiel a la soberbia que debió mamar de niño y no le abandona, de dejar bien claro cuál era su destino y el Gobierno –para tales fechorías siempre hace falta cómplice-  en facilitárselo, sin que con eso se haya calmado el debate de a dónde debiera ir. Yo lo tengo bien claro: A perejil. En sentido sarcástico no deja de ser un buen alimento como lo son los vegetales  para las acémilas, espécimen con la que  Mr. Trillo, se ha identificado por su comportamiento obstinado, desvergonzado y falso como encarnación de la terquedad, que de eso tienen  mucho los de esa especie.

 

Pero hablando con precisión no es que se le alimente así, sino que su destino sea Perejil, un perdido peñón tan inútil como innecesario, en el que el personaje jugó a ensayar una guerra, como si él y sus allegados ya tuvieran en mente la que se podía hacer en Irak.

 

Ese confinamiento carcelario debe ser su destino y no la salida que él se adjudica como Letrado de Estado. No puede ser ahora letrado del Consejo de Estado por mucho que ganara la plaza por oposición, que los derechos de las oposiciones también se pierden por razones justificadas y esta lo es. No por lo que hizo o no hizo para que fuera posible la tragedia del Yak-42, sino por lo que hizo para gestionar los efectos de esa tragedia y que encima fuera premiado con la embajada de Londres, un traje hecho a su medida, que manía la de regalar trajes para vestir asuntos turbios, cuando por su mala gestión lo que se merecía era un castigo. Se llevó un premio sin merecerlo. Que ahora se lleve el correctivo.

 

No me refiero al mandarle a Perejil a un recinto carcelario como pudiera ser Alcatraz. Pienso en algo más elemental y sencillo, como aquella ‘Cárcel de Papel’ que el inolvidable Evaristo Acevedo en la añorada La Codorniz, enviaba a quienes se lo merecían por sus disparates prodigados en la prensa, en este caso por el mal hacer en la vida pública.

 

Una cárcel sin muros, ni alambradas, ni rejas y mucho menos guardias y, por supuesto incruenta, que la tortura ya sólo es cosa de Trump. Tan próxima e inmediata como el rincón del aula, con falsas orejas de burro, claro está,  para quien lo es y se lo merece. De un lugar así estamos muy precisados en este país con tantos que son carne de penal y no lo pisan.

 

Candidatos como este personaje de misa y pecado diario, como le definía sagazmente una publicación. Costalero en Murcia, hijo de gobernador franquista, que esa fue su escuela, y opusiano, manda huevos. Con un currículo de servicios a la patria hecho por él mismo y con otro encubierto pero más verdadero como procurador –o mejor amañador- en las causas de los tesoreros de su partido desde  las primeras sospechas de que eran delincuentes,  en la causa de los trajes del olimpo de Valencia, en la causa general de la Gürtel contra el PP y en otras batallitas además de la grande del Yak-42, en donde dejó a las víctimas abandonadas como a otras varias en los casos judiciales de Génova que el pergeñó.

 

El francés Victor Berard identifica Ogigía, la isla en donde Odiseo se encontró con la ninfa Calipso como el islote de Perejil, frente a la costa de Marruecos. Así que si quiere hacer algo útil que  se entretenga buscando allí, en su islote, el espíritu de Ausón, el hijo del héroe griego y la ninfa, y tras él el origen de su hermana  Ausonia, que debe ser la de las compresas. El destino que los dioses solo confían a los héroes falsos y una digna ocupación para un jubilado de oro. En su  perejil.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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