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Abel Aparicio
28/02/2017

Las asesinamos y cerramos los ojos

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Los niños pequeños, con toda su inocencia, cuando no quieren ser vistos o presienten algún peligro, cierran los ojos para que no los veamos o la amenaza desaparezca. En este caso, lógicamente, cerrar los ojos está justificado. Lo que ya no lo está es hacer que no ves una manifestación en repulsa por el asesinato de mujeres. Valgan estos dos ejemplos nacionales y locales:

 

Muy pocos medios de comunicación están informando, o si lo hacen es de pasada salvo honrosas excepciones, que en la madrileña Puerta del Sol el pasado 8 de febrero ocho mujeres iniciaron una huelga de hambre como medida de protesta contra la violencia machista, reivindicando que esta violencia se convierta en asunto de Estado. Insisto que esta noticia está pasando desapercibida para la mayoría de los telediarios, emisoras de radio o prensa escrita, en un año en el que hasta la fecha 15 mujeres fueron asesinadas (no digo fallecieron, si no que fueron asesinadas), registrando un nuevo record desde el año 2008.

 

En la Plaza Mayor de Astorga, el martes 31 de enero a las 20:00, justo antes de que se celebrara un pleno extraordinario sobre el posible cierre de la taquilla de la estación de trenes (creo que esta decisión ya está tomada de hace tiempo, recomiendo la película “Tocando el viento”), tenía lugar una concentración que condenaba los dos asesinatos de mujeres de la semana anterior. Personalmente, sentí vergüenza al ver que ningún miembro del equipo de gobierno PP-PAL se detenía en la concentración, total, solo son mujeres, importan menos que el terrorismo del ISIS, debieron pensar.

 

Pero no solo el asesinato de una mujer es violencia machista, en muchas ciudades, seguro que también en Astorga, un maltratador con un móvil en la mano graba cada vez que tiene ocasión a su expareja con el objetivo de intimidarla, le envía emails amenazantes, no le pasa la cantidad de dinero acordada por el juez para la manutención de los hijos, se salta el régimen de visitas no entregando a sus hijos los días acordados por el juez y aparece, casi a diario, en el colegio y en las actividades extraescolares de sus hijos, días que le tocan a su expareja,  o raya el coche de algún familiar, por poner solo algunos ejemplos.

 

La violencia machista y el machismo están presentes en la vida cotidiana, normalmente, más cerca de lo que creemos. Hasta tal punto está arraigado el machismo, que en los casos mediáticos como el de Rubén C., parte de la afición de su equipo apoya al maltratador e insulta a la víctima. Plantarle cara y denunciar estas situaciones, creo que es una obligación como sociedad. La violencia machista es una forma de terrorismo que en el Estado español desde 2003, año en el que se empezaron a contabilizar institucionalmente, lleva más víctimas que el terrorismo de ETA en toda su historia (889 frente a 829). Como se pregunta Ángela Davis: “¿Por qué aprendemos a tener miedo del terrorismo pero no del racismo, del machismo o de la homofobia?”. Barbijaputa añade en su libro “Machismo: 8 pasos para quitártelo de encima”: “Todas matan, pero curiosamente, nos han enseñado que solo uno de ellos es el verdadero peligro”.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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