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Agencia Sinc
13/03/2017

Lo que esconden las rocas volcánicas de El Teleno y La Cabrera

Los bañistas que se acercan cada verano a los ríos de las sierras de El Teleno y La Cabrera poco sospechan que las rocas que ven junto al agua son de origen volcánico, surgidas hace 460 millones de años, cuando una incipiente Iberia estaba en la costa del continente Gondwana, bañada por el océano Rheico.

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Las rocas volcánicas de El Teleno y La Cabrera sufrieron una rotación de casi 60° hace 300 millones de años, un ejemplo de lo que pudo ocurrir en toda la Península Ibérica cuando se formaba en aquel momento. Así lo revelan las señales magnéticas de sus minerales, analizados ahora por investigadores de las universidades de Salamanca y Utrecht (Holanda). El hallazgo mejora la comprensión de un desaparecido arco montañoso que se erguía sobre lo que hoy es el noroeste de España, Francia y sur de Reino Unido.

 

Hace unos 350 millones de años el antiguo océano se cerró durante la construcción del supercontinente Pangea y los sedimentos depositados en el mismo se convirtieron en una gran cordillera montañosa, que luego adquirió una forma curvada, convirtiéndose en parte en lo que hoy en día es la península ibérica hace unos 300 millones de años.

 

Ahora científicos de la Universidad de Salamanca han recogido en los municipios situados entre Truchas y Ponferrada 320 muestras de rocas volcánicas y calizas, donde ha quedado registrado aquel convulso y volcánico periodo de nuestro planeta.

 

Tras analizar las muestras en uno de los laboratorios de paleomagnetismo más importantes del mundo, en la Universidad de Utrecht (Holanda), se ha podido reconstruir la historia de estas antiguas rocas a partir de la señal magnética de sus minerales. Los resultados se publican en la revista Tectonphysics.

 

“Estas rocas se depositaron en un fondo oceánico hace 440 millones cerca del Polo Sur, y sus componentes se orientaron con la dirección del campo magnético terrestre de aquel momento (N-S)”, explica a la agencia Sinc Javier Fernández Lozano, geólogo de la Universidad de Salamanca y coautor del trabajo.

 

Unos 120 millones de años más tarde se produjo la colisión entre dos continentes, lo que hoy serían el norte y sur de Europa. El resultado fue la denominada orogenia Varisca, la elevación de una cordillera con un trazado aproximado norte-sur, que impartió en las rocas otra señal magnética secundaria, ajustada al nuevo campo magnético de la Tierra.

 

“Los cambios en la orientación de ese campo magnético quedaron preservados en los minerales e indican que, poco después de ese proceso, las rocas de estas montañas sufrieron una rotación de casi 60°, hasta orientarse en la dirección en las que las encontramos hoy”, señala Fernández Lozano.

 

El investigador destaca que esta señal magnética se puede relacionar con procesos de formación de montañas a gran escala y cómo estas cadenas se pueden curvar hasta generar grandes estructuras llamadas oroclinales: “Podemos analizar en un testigo de roca un proceso que ha ocurrido a nivel de placas tectónicas; y en particular, ofrecer nuevos datos que permitan conocer cómo fue el orógeno o gran cordillera Varisca y su curvatura, hoy preservada en las rocas de las islas británicas, Francia y noroeste de España, a lo largo de más de 3.000 kilómetros”.

 

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Los misterios del oroclinal cantábrico

 

Este estudio se enmarca dentro de un problema geológico largamente debatido: la extensión y movimientos del oroclinal cantábrico, un asunto que hace pocos años reunió a especialistas de todo el mundo en un congreso internacional celebrado en Salamanca. Un oroclinal es la curvatura de una cordillera o cadena de montañas originalmente rectilínea, y el oroclinal cantábrico todavía es reconocible 300 millones de años después en la geografía ibérica y su entorno.

 

En concreto, se observa el arco que forma la cordillera cantábrica hasta desparecer en la plataforma marina, y la curvatura que continúa hacia la cordillera ibérica. Fernández Lozano indica que la nueva investigación “se sale del núcleo asturiano donde se han centrado los esfuerzos para conocer este oroclinal, y ahora podemos encontrar sus huellas más al sur, en el límite entre León y Zamora”.

 

“Gracias a estudios como este, podemos seguir aportando información sobre las causas y los procesos que llevan a generar los cinturones montañosos curvados después de la colisión entre dos continentes”, concluye el geólogo.

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