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Mercedes G. Rojo
9/03/2017

Nuria Cadierno o de la literatura y del arte. (Astorga)

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Afrontamos hoy el descubrimiento de otra de nuestras creadoras, bastante desconocida todavía a pesar de su presencia continuada durante varias semanas, primero en verano y luego en invierno,  en dos interesantes proyectos organizados desde este mismo medio y de otros en los que ha venido siendo co-protagonista en los últimos años. Hablamos, por ejemplo, de las ilustraciones que acompañaron a los relatos de diferentes escritores y escritoras de las letras leonesas, propuesta en cuya aceptación seguro que influyó considerablemente la doble atracción que Nuria siente, al tiempo, por lo plástico o visual y por lo literario. En el caso de los Relatos de la fresquera, el reto de Nuria Cadierno fue darle imagen a cada uno de esos relatos. En Cuentos al alud del alumbre,  fueron las ilustraciones de Nuria las que tuvieron que ser interpretadas por la pluma de quienes antes fueron inspiradores.

 

Aunque ha sido escogida para esta sección prioritariamente por su faceta plástica, no podemos olvidar su íntima relación con la literatura y así veremos que ambas se mezclan a menudo en la producción de su obra. Como la mayoría de nuestras seleccionadas, ha pasado su vida entre Astorga, su pueblo maragato y esas otras localidades que durante estos años han ido acogiendo fases tanto formativas como laborales de su existencia. Como ahora que ha vuelto a tierras astorganas mientras se traslada cada día a León para trabajar.

 

Reconoce que, en ocasiones, esta dualidad le ha entorpecido en el proceso de relación con las personas de su entorno “trabajar en un sitio y vivir en otros me hacía sentir  como si viviera sin vivir en mí”. Y es que, aunque considera que necesita (que se necesita) un cierto aislamiento para la creación, posiblemente proporcionada por sitios como Astorga y los alrededores del Teleno (este es, desde luego su caso), también es necesaria una interacción con el medio y con otras personas con las que compartir mundos creativos que te ayuden a crecer. Al menos es lo que siente que le ha ocurrido a ella “a lo largo de mi camino creativo he conocido muchas personas interesantes y he percibido lo bueno y lo no tan bueno del mundo artístico, que no considero fácil porque supone un reto continuo de enfrentarte a ti y a tus límites, que madura al tiempo que una misma y que no puede separarse de la vida. Y la vida tiene altos y bajos, laberintos, llanos y montañas”.

 

 

Vive su relación con el arte como “una vía de conocimiento, una forma de estar en el mundo, en muchos casos incluso como una gran terapia y una manera de relacionarme”, y se encuentra mucho más libre, más ella misma, en la parte de creación, en la que verdaderamente puede sentir quién y cómo es realmente. Y aunque reconoce que todos vivimos inmersos en el mundo de lo público, en lo que se refiere a la exposición de sus obras y a su relación con los medios se siente mucho más cohibida, demasiado expuesta a la crítica. Mientras que por su realidad se considera una artista multidisciplinar y fuera de lo académico, matiza que lo es sobre todo desde el mundo de la plástica o lo visual, pues aunque también practica la literatura - tanto el verso como el relato – considera ésta como la  expresión de un mundo que siempre ha tenido dentro pero sin llegar a desarrollar del todo.

 

 

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Comenta que escogió el Arte como medio o manera de estar en el mundo, porque éste no tiene límites, “los límites quizás los tiene uno”, y la multidisciplinariedad en la que se mueve le permite explorar esos nuevos campos y visiones que siempre necesita. Partiendo del hecho de que los medios se interrelacionan le gusta explorar, moverse por los límites de los mismos, porque de ellos surgen intereses diferentes y relaciones enriquecedoras con otras personas “que te proporcionan una apertura intelectual siempre necesaria”.

 

Destaca la relación del artista con su arte considerando que éste evoluciona con la vida y que a lo largo de esa evolución es cada uno quien decide que aspectos no tolera, eligiendo el camino a seguir dentro de lo posible. Aunque a veces nos vemos sorprendidos por la reacción de los demás ante la obra aportándonos una visión que nos ayuda a descubrirnos y a enriquecernos.

 

Resume su paso por la vida y por el arte como ese cúmulo de altibajos a los que antes aludía. El que precedió al momento actual, una intensa crisis en la actividad creativa que duró años después de estudios e intentos fallidos de dar visibilidad a su obra que la alejó de los círculos artísticos. En ese momento la crisis es de factura que no de mente, pues ésta sigue trabajando aunque sea incapaz de plasmarlo, de materializarlo. Tras este momento viene el descanso, una especie de tregua que viene marcada por una época en la que se dedica fundamentalmente a la contemplación de la naturaleza tratando de captar instantes y sensaciones en una búsqueda basada en la estética taoísta, con una especie de continuación de su trabajo Martileno.

 

Es en esta misma época cuando a través de ciertas redes sociales comienza también una conexión con el mundo exterior, con personas y obras tanto de la zona como de otras partes del mundo, artistas muchos de ellos  con los que conecta y comparte estados, momentos y conversaciones interesantes y alentadoras. Redescubre a artistas  y retoma amigos que la animan, comienza a participar en cursos, eventos y actividades varias. Y todo ello “es como que sin darme cuenta, cogí un camino de vuelta a mi mundo creativo”.

 

Un mundo creativo que se ha visto ampliado por su acercamiento al mundo de la literatura y la poesía que se convierte para ella en un medio de búsqueda y expresión de sí misma, algo que la conecta con otros rompiendo ese tiempo de silencio y aislamiento y que con menos pretensiones que en anteriores ocasiones  le permiten, sin embargo, llegar más lejos y por las vías más insospechadas. Y de la fotografía pasa a la escritura, para despertar una voz dormida que le sale “como a borbotones, a veces como relatos, otras como poemas y otras como poesía visual” y cuyos resultados vuelca a menudo en las redes junto a sus dibujos y fotografías. 

 

 

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Preguntada sobre la relación de Astorga con el arte y sus artistas, dado su carácter de  mujer discreta, pasa de puntillas sobre el tema, generalizándolo a lo que ocurre en la provincia y de forma aún más amplia, entendiendo que muchas veces lo local es extrapolable a lo universal.  Acudiendo a palabras de A. Gamoneda reflexiona que “el arte no es un lugar a donde van a parar los cobardes, el arte exige compromiso, análisis y una cierta valentía para exponerse uno y su obra, con mayor o menor acierto”.

 

Considera que a pesar de la importante cantera de artistas existentes en toda la provincia, éstos no encuentran el apoyo institucional adecuado, y el privado con grandes dificultades, máxime si se trata de mujeres; que existe una mala gestión del arte tendente a desvalorizar el coste y el esfuerzo del mismo frente a otros sectores y abocando a los artistas a vivir de otras cuestiones; que habría que invertir más para conseguir que el arte actual viva y aprovechar los espacios existentes para esa vida, a través de talleres, estudios, lugares donde se generen obras, que sirvan de punto de contacto “tanto para los artistas como para los que llegan a la ciudad queriendo conectarse con la zona”. Convertir el arte en una esperanza no solo de futuro, también y sobre todo de presente.

 

Y destaca en esa tarea la importancia de personas concretas para conseguirlo. Como en su caso personal, en el que su trabajo artístico casi nunca ha sido alentando de forma institucional, salvo la excepción de su participación en la exposición “Esculpiendo en femenino”, celebrada en 2015 en la Casa Panero y que coincidió con su vuelta a la ciudad abriéndole el camino hacia nuevos proyectos, proyectos que han estado animados por personas concretas entre las que nos nombra a Amancio, Castorina, Amando Casado, Renata Ruffini, Ramón Núñez, Jesús Palmero o Eloy Rubio Carro y Mª Antonia Reinares, según la orientación del trabajo hacia lo literario o lo plástico.

 

 

De entre los proyectos habidos hasta ahora destaca que cada uno ha supuesto un reto diferente, un reto que le ha permitido en muchos casos trabajar con mucha gente con puntos de vista distintos y acompasar el ritmo de su creación al ritmo de los otros, buscando un equilibrio entre formas de expresión diferentes. Aunque quizá ninguno tan intenso como la ilustración del poemario ‘De nadie’, de Mario Pérez Antolín, prologado a su vez por Juan Carlos Mestre, cuyos resultados podrán verse a final de mes en la Casa Panero, coincidiendo con la presentación del libro en dicho espacio.

 

Y también pendiente la inauguración, el 17 de marzo en Madrid, de la exposición Impares, comisariada por Isabel Bettina Caparrós en la que participará con una obra en diálogo con un texto del libro “Días impares” junto con otros 16 artistas de carácter internacional.

 

 

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Como siempre terminamos este artículo dándole las gracias a Nuria Cadierno por dedicarnos un poco de su tiempo para permitirnos conocerla un poco mejor, y también porque a pesar de su gran timidez nos haya desnudado un poquito de su alma. Le deseamos muchísima suerte en los proyectos en los que ahora mismo está inmersa y esperamos esos otros futuros proyectos más suyos, más individuales. Qué lleguen pronto y que Astorga  y sus gentes le abran sus puertas y sus brazos. 

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