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Sol Gómez Arteaga
9/03/2017

Para escribir un artículo de opinión

 

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Para escribir un artículo de opinión de un folio se necesita un tema, un asunto que tratar. No hace falta que sea éste un asunto trascendente, novedoso, interesante o de gran alcance -más bien al contrario, se trata de contar una cosa pequeñita, minúscula, que vaya de menos a más-, tampoco se trata de resolver el destino de la humanidad, ni mucho menos buscar la verdad de lo que cuenta, pues opiniones, ya lo señaló Ortega y Gasset, hay tantas como cabezas pensantes, todas discutibles. Pero lo que sí es fundamental, lo que sí es conditio sine qua non, es que el tema o asunto que se trate -ya sea opinar acerca del empleo de saltapozas en la primera mitad de siglo pasado, de la lenteja pardina, o de la abundancia de baches en las carreteras comarcales del Teleno- debe resultar atractivo para el que lo escribe, porque si eso no ocurre difícilmente va a serlo para los posibles lectores.

 

Es más, yo diría que el que escribe tiene que contar como si le fuera la vida en ello, como si él y solo él, estuviera llamado para contarlo. Solo así se genera la chispa de la narración.

 

Para escribir un artículo de opinión se necesita también una ‘habitación propia’, como muy bien arguyó Virginia Wolf en el ensayo que lleva este título. Mi habitación propia es el office que hay pegado a la cocina donde se cuecen las cosas que luego alimentan. Escribo de espaldas a un amplio ventanal que comunica con un patio interior con olor a cocido y a ropa tendida los sábados por la mañana. La elección de este rincón de escritura no es casual, habida cuenta que escribir es nutrirse. Y también que toda gestación, antes de que lo gestado salga a la luz y haga contacto con el otro, se produce siempre intestinamente. En esta habitación propia debe reinar el silencio, atemperado a lo sumo por el silbido silabeante de la olla express, o el chup chup doméstico del guiso, banda sonora o metáfora de situación de lo que se está cocinando. Esta habitación propia ha de tener además una temperatura agradable, carente de frio o de calor, que no distraiga de la tarea.

 

Para escribir un artículo de opinión se necesita además tiempo, o suspensión de éste, que permita capturar en el folio como mariposa taxidermizada a perpetuidad esa palabra que se resiste a salir, y rescatar una idea que creíamos olvidada, y releer a ese autor que publicó una cosa parecida a lo que nos traemos entre manos, y escribir y tachar y poner encima , -porque justo eso es la escritura- hasta conseguir aproximarnos a lo que intentábamos contar  inicialmente -sin conseguirlo del todo, esa es la verdad-, mientras nos levantamos cien veces y tomamos tres cafés, y fumamos dos cigarros y damos la vuelta al pollo o hacemos la cama, o planchamos una camisa o limpiamos el polvo de la estantería de los libros olvidados o revisamos el correo electrónico.

 

Para escribir un artículo de opinión se necesita además y por encima de todo tener el deseo de contar, de comunicar, de transmitir, de exponer, de revelar, de sostener, de aseverar…. Yo hoy, sin ir más lejos, me he levantado con la necesidad imperiosa de escribir una serie de premisas que permitan llevar a buen puerto el empeño de escribir un artículo de opinión y así, como quien no quiere la cosa, un poco tontamente, como quien se dispone a hacer una sopa de letras o un sudoku, casi sin sentir, he ido rellenando palabra a palabra, hasta seiscientas veinticinco, el folio en blanco.

 

Hecho esto solo queda darle al intro y, hale hop, enviar, envío, a Astorga Redacción. 

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