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Max Alonso
16/03/2017

Autoridades incívicas

  

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Los hechos ocurrieron hace pocos días y si lo cuento es porque  pueden ser ilustrativos para todos, ciudadanos y autoridades. Le ocurrió a un amigo que me lo comentó con el lógico enojo. Paseaba con su perro por la muralla cuando en los parterres realizaban las obras de reforma  para colocar el riego automático. Una iniciativa municipal laudable y meritoria como hay que reconocerla, pues indudablemente representa una buena mejora. Con ese fin tuvieron que levantar el césped existente y durante las obras mantuvieron los parterres con los lógicos movimientos de tierras sin nada de hierba por lo que mi amigo dejaba pisarlas a su mascota.

 

El día del que hablo tras un parterre vallado había otro que no lo estaba y dejó acercarse a su perro. Este no había dado nada más que unos pasos cuando unos jardineros que trabajaban más adelante empezaron a gritarle con muy malos modos avisándole que estaba recién sembrado. Mi amigo retiró inmediatamente al perro y se disculpó ante los operarios pero estos prosiguieron gritándolo como dos verdaderos energúmenos, hasta el extremo que les demandó una elemental educación.

 

El hecho no hubiera tenido mayores consecuencias si no hubiera ocurrido lo que sucedió después. Los dos trabajadores colocaron vallas en estos parterres y pusieron carteles indicando que estaban recién sembrados de césped. Es decir que el suceso no habría ocurrido si los operarios hubieran señalizado adecuadamente el terreno, pero prefirieron la vía de la agresión verbal al paseante por tener un perro.

 

Lo que cuento se remató publicando un comunicado desde el entorno  de la concejalía de Ángel  Iglesias, -lo que no quiere decir que hubiera sido cosa suya  pues ya se sabe que las esposas no tienen  por qué saber lo que hacen sus maridos- en la que sin dar cuenta de lo ocurrido se hacía una clara proclama amenazante hacia los dueños de perros, a los que se les aplicaría la normativa sancionadora con toda contundencia si sus perros defecaban o escarbaban en los nuevos parterres. Muy lógica consecuencia de quien la hace la paga. Lo que no lo es tanto es que ante lo ocurrido, -que  no hubiera sido nada si los empleados municipales hubieran hecho bien su trabajo y hubieran señalizado lo plantado, pues la normativa vigente no prohíbe a las mascotas andar por donde no hay hierba-, se demandaba despóticamente a los ciudadanos y se les calificaba de incívicos en una ilustración perfecta de la conocida como ‘ley mordaza’, cuando la autoridad se apropia de la justicia para usarla a su favor sin someterse a ella. Estas son las enseñanzas a las que me refería cuando comencé el relato de la historia.

 

Si alguna actuación de incivismo hubo no fue por parte de mi amigo sino de los empleados por no ejecutar bien sus labores. Cuando encima se recorre la cadena de mando y la autoridad sanciona de tal forma los hechos es lo alarmante. Invoca la ley, independiente de que sea buena o mala, que en este caso no lo es, y como prueba su actitud de coger el rábano por las hojas para acusar a los ciudadanos de incívicos. De acuerdo con la ley general, si hubo alguien incívico fueron  los empleados con su comportamiento  y la autoridad, que remató lo sucedido con una amenaza improcedente y tan energúmena como la protagonizada por los operarios.

 

Mi amigo tenía el correspondiente disgusto y como ciudadano sufrió la indefensión, pues él mismo comprobó cómo después de que los hechos sucedieran los operarios colocaban las vallas y ponían carteles informativos, no antes. La agresión verbal inmerecida ya había sucedido y se coronaba con el comunicado abusivo  de la autoridad que permitía una vez más calificar  a los ciudadanos cumplidores y legales de incívicos cuando lo que evidenciaba era a las autoridades.

 

Para reafirmarse en su acusación tras el comunicado vallaron de nuevo los parterres y con tal desmedida  que poco más y los hubieran amurallado, con lo que evidenciaban más su incompetencia. Mi amigo en esos momentos le asistía  la seguridad de su perro no había defecado ni pateado el terreno y  que si era necesario un  bozal  se le podía poner a quien lo necesitara, que no siempre son los perros.

 

Prueba de que esto  fue así fue la continuación del proceder de los operarios informando a la concejalía, sin exponer  la verdad de lo acaecido. La concejalía, por su parte, faltó a una elemental prudencia como poseedora del poder y  sustanció el  incidente por arriba, también con malos modos.  Debe ser  el estilo del área, proceder con falsos argumentos y por elevación descalificar de una forma general a los ciudadanos faltando a la verdad de lo ocurrido. Esto es todo y  la realidad: Autoridades incívicas.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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