Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 21/09/2017
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Aidan Mcnamara
16/03/2017

Aurresku

 

[Img #27874]

 

 

No hace falta mofarse de una cosa que carezca de valor moral. Suele mofarse de sí mismo.  Por defecto o por casualidad. Como un cuadro de Andy Warhol. O una rata. O un rito trasnochado que aun queremos porque seguimos teniendo miedo a la muerte o incluso a la vida.

 

 ¡Murcia! Vaya arranque tan deprimidamente profundo…

 

En mi vida adulta (un caballero se mide por experiencia no por años. Y digo caballero porque hoy es el día internacional del hombre blanco, heterosexual que se siente acomplejado por no ser víctima de ninguno de los prejuicios (estúpidos) históricos que han causado tanto sufrimiento en nuestra tierra cada vez menos plana… vamos, desde los simios) he cenado en Madrid, Málaga, Mérida, Valencia, Mallorca, Nueva York, Roma, Ámsterdam, Liverpool, Metz, Paris, Dublín, Mieres, Tréveris,  Bruselas (bueno, en el aeropuerto, pero estaba Solana de decorado), Sevilla, Saarsbrücken, Lisboa, Edimburgo, Santiago y Londres e, incluso, en casa pero ya no voy a seguir con la lista de ciudades, aldeas y pueblos porque me está entrando un hambre de mil vascos… y tampoco quiero dar la impresión de jactarme de turista como Gengis Kan o Napoleón o de ser un niño rico de papá. Cómo mucho, soy gilipollas- poeta-low- cost. Pero divago. Perdón... ¡Qué digo! He viajado tanto que estoy en mi derecho. 

 


En todos esos lugares he visto fachas, catetos y chonis. Me he dado cuenta nada más ver la tele. Es un decir: un caballero nunca cena con la tele puesta (pero un poeta sin blanca a menudo se vuelve astuto, incluso inteligente y decide: vamos a matar dos pájaros de una birra. Cenar barato y hacer sociología).

 

Como es de esperar, el lector atento habrá pensado: ¡ajá! ¿Éste pavo insinúa que al visitar tantos lugares domina tantas más lenguas? Pues, bien. Lo respeto y acato la pregunta o duda imaginadas. Usted tiene razón, querido. Apenas hablo con el cuerpo ni siquiera, y, por lo tanto, lejos de dominar idiomas controlo el mío y esto cuesta una vida y, de todos modos, dominarlo no es domarlo pero sí entiendo los gestos (y algún u otro vocablo procedentes de las teles ajenas) y sobretodo pillo los códigos semióticos de la basura (los contenidos) que les son comunes en todas esas pantallas en todos aquellos lugares. Con o sin son.

 

Encender la tele es entrar en otro lenguaje. Crecí con él y lo controlo bastante. Es un milagro que uno sepa escribir una frase cabal.


En todas aquellas pantallas en todas aquellas ciudades he visto demagogos, paletos y tontos. Pero ningún vasco. Y ningún inglés o alemán o francés o americano o lepero etc. etc. Vi la tele.

 

La tele, a pesar de estropear los mejores bares de España, no es una caja tonta. Es una caja reduccionista y, a la vez, todo lo contrario. Un rollo.


Dos ejemplos para aclarar estos rasgos:


1) 547 muertos significan treinta segundos de telediario si son de Asia (también he cenado comida china pero aún no sé si se parece a la comida de china).


 2) En cuanto a la información neta y siempre quitando los dramatismos de tipo cámara oculta en la mochila, un documental  de 60 minutos sobre la entrada de cocaína en Pontevedra acaso llega a ser un folio, mal masticado.


 
Si no sabes nada, la tele es una pasada. Es un carnaval de arcos iris. Si eres adulto, la dejas pasar, como mucho, para descansar en la categoría de la libertad de expresión dentro de un mundo tan pequeño, el suyo.


La tele no va a misa. Y por tanto sus burlas tampoco. Ni las de la ETB, joder.


Ahora voy a cenar. Con la prensa digital. En la ciudad del ciberespacio.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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