Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 26/03/2017
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Lala Isla
19/03/2017

Los Panero (II): whisky

La escritora astorgana Lala Isla, afincada en Londres, aporta datos sobre los avatares de la familia Panero, según fueron vistos por algunas familias astorganas con las que mantenían cercana relación.

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Una tarde del año que se estrenó El Desencanto llegué a casa de mis  abuelos en La Bañeza y al entrar oí a una de mis tías que  le daba el pésame a alguien. Cuando colgó el teléfono le pregunté quien se había muerto y me contestó: “Nadie. Era Asunción Panero, la hermana de Leopoldo, la llamé porque me han dicho que sus sobrinos han hecho una película horrible donde hablan fatal de su padre”. Yo le contesté que la había visto y me parecía magnífica. Me miró raro pero no dijo nada.

 

Leopoldo María era de la pandilla de mi hermana en Astorga, dos años más pequeña que yo, cuando todavía íbamos por allí, y me acuerdo bien de una asamblea ilegal que se organizó en el hall  de la Universidad Complutense de Madrid el primer año que estudié Comunes en Filosofía y Letras. Era el año 1967, cuando las reuniones de más de tres personas estaban prohibidas por las autoridades franquistas. Leopoldo María  llevaba la voz cantante hablando a las masas de estudiantes de la solidaridad que debíamos tener con los obreros mientras mirábamos de reojo por si venía la policía. Iba vestido con una ropa obviamente cara, me llamaron la atención los mocasines de lujo brillantes y su camisa de ‘niño bien’, y me acordé inmediatamente de lo que contaban en casa de su padre y su tío cuando antes de la Guerra Civil iban por Astorga hechos un pincel presumiendo de comunistas. Una vez, estando yo de vacaciones en Madrid en casa de mis padres, apareció en la televisión Michi con Leopoldo María cuando ya no era el niño bonito que vi en la facultad en 1967, vivía en manicomonios y se había convertido en un gran escritor.  Mi madre no paró de decir: “Dios mío, Dios mío, pero si tiene la misma cara que sus tíos abuelos”.

 

 

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Años después Juan Luis -el mayor- trabajó con mi cuñado Edgar Bustamante en Bogotá. El crítico de arte Carlos Jiménez  Moreno me mandó su necrológica escrita por el colombiano Harold Alvarado Tenorio que tiene un estilo tan afilado como el de Fernando Vallejo, publicada en la revista ‘Architrave’ de ese país, donde cuenta como entró en contacto con mi hermana y mi cuñado en Bogotá, donde vivían en ese momento:

 

“A finales de los setenta, quizás en noviembre del setenta y ocho, María Mercedes Carranza... me llamó para pedirme el favor de acompañarle a ver a alguien que acababa de regresar de Quito 'con una mano adelante y otra atrás'. No quería ir sola a encontrarse con esa reminiscencia, que no veía desde la Navidad del setenta… María Mercedes no quiso revelar el nombre del personaje, que había albergado en un modesto hotelito que aún existe… Cuando llegamos el visitante esperaba en el lounge, notoriamente confuso, pálido, ojeroso, con una resaca que le hacía temblar las manos, mal peinado su escaso cabello, con un traje maltratado y con gestos de ansiedad que aliviaba fumando un Nacional tras otro.  …De inmediato le reconocí. Se trataba de Juan Luis Panero, el hijo mayor de Felicidad Blanch y Leopoldo Panero, uno de los poetas falangistas más favorecidos por ‘Pacón’, el primo de Francisco Franco, y ella, según decía todo el mundo al verla en la garita del ministerio de cultura de Pio Cabanillas, la mujer más bella que había tenido Madrid durante los años de la República, tanto, como que Luis Cernuda se había embelesado, creyéndola más un querube que una hembra, género  que no apetecía.  Juan Luis también había merecido, en su niñez, las carantoñas del sevillano, mientras su madre le insistía en el Londres devastado de la  posguerra que saludara amablemente a ese alto señor T.S. Eliot, a quien su marido y padre cortejaban para que pusiera alguno de sus poemas en ‘The Criterion’.  Cosa que nunca hizo el trasterrado.   …Pero su fama entre el mundo cateto del Madrid de entonces alcanzaría la mayor cota tras el estreno de ‘El Desencanto’… El Juan Luis Panero que ahora recalaba en Bogotá no era aquel altanero invicto de entonces sino un monumento a la derrota. Tampoco era aquel mancebo exultante de sensualidad que había catado Francisco Brines en los años sesenta, haciendo honor al desparpajo de su carne y la deslumbrante lucidez que producían en él los excesos de alcohol y sexo... Serían las cuatro cuando tomé un taxi en la plaza de Bolívar rumbo al norte. Al pasar por la esquina de la 14 vi a Panero. Le dije al taxista que se detuviera y le pregunté qué estaba haciendo. Me respondió que nada, que iba de garbeo. Le pregunté si quería acompañarme a la visita que iba a hacer y se subió al taxi. Cuando llegamos a casa de Bustamante, que vivía en un lujoso apartamento en Rosales, nos presentó a su mujer (María José Isla Ortiz) y ¡oh milagro! Resultó que era de Astorga, el mismo pueblo de Panero… Bustamante le dijo que necesitaba un redactor para la revista del Círculo de Lectores (era entonces el director de la editorial en Colombia), alguien que le confeccionara las reseñas y las solapas de las decenas de libros que publicaban entonces…  Así fue a dar con sus huesos Juan Luis Panero a la editorial Círculo de Lectores donde haría varias antologías y conocería a una de sus más notables benefactoras colombianas… …Panero, en sus ataques de alcoholismo y desprecio por la pobreza de María Mercedes destruyó… las decenas de autógrafos de famosos españoles que (ella) conservaba desde su niñez y que ahora había puesto en las paredes de su apartamentico… Panero, borracho, gritaba a voz en cuello: hoy le toca a Vivanco, y rompía el cuadro con la dedicatoria: hoy le toca a Cote Lamus y rompía el poema… Por eso, cuando logró librarse de tremendo desquiciado, que nunca la quiso, escribió..."

Trabajando en el Círculo de Lectores de Bogotá Juan Luis pasó una vez por la casa de mis padres en Madrid para recoger a mi sobrino que tendría entonces unos siete años y regresaba de nuevo a Colombia. Lo habían enviado desde allí para pasar una temporada con la familia de España encargado a una azafata, siempre fue un chico muy maduro. Él y Juan Luis iban a viajar en el mismo avión y pareció oportuno aprovechar la tesitura para que el mayor cuidara del pequeño. Juan Luis llegó con Felicidad ¡qué nombre tan poco adecuado para ella! con tiempo suficiente de tomarse un aperitivo que mi madre había preparado de antemano. Yo no me acuerdo del tiempo que estuvieron en casa ¿una hora y media quizá? Pero eso no fue óbice para que el escritor se liquidara una botella entera de whisky. Quedé impresionada por esa capacidad de ingerir alcohol a velocidades supersónicas mientras ‘Feli’ se mantenía impávida y pensé que debía tener la piel de un rinoceronte.  El efecto no se hizo esperar y se fueron los tres al aeropuerto con un Juan Luis incoherente que pasó a depender de mi sobrino.  Llegaron a Bogotá no sé cómo, pero llegaron.

 

 

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Cuando yo me casé ‘Feli’ me regaló un bonito cuenco de gres con barniz lila y al mirar su base vi que estaba firmado por el gran ceramista ‘Llorens Artigas’. Investigando el libro que aún no se ha publicado vi que Leopoldo Panero era amigo suyo y dudé si el cuenco habría sido un objeto personal de Felicidad, que no nadaba en la abundancia. En el verano de 2013 conocí en Barcelona a Mariette, la hija de Llorens, quien me pidió que le fotografiara el cuenco para el archivo que tiene de su padre y me negó lo que yo creía, que había sido él quien  enseñó a Picasso a trabajar los barnices de la  cerámica. Parece ser que por problemas de tiempo nunca llegaron a colaborar juntos y  Picasso siempre se arrepintió, por eso sus platos no tienen la técnica que habría logrado de haber tenido la ayuda  de Llorens Artigas.

 

Leopoldo padre perteneció a la que Gerardo Diego llamó Escuela de Astorga cuyo miembro de indiscutible peso intelectual fue el hispanista Ricardo Gullón. Mi padre lo admiraba mucho, sin embargo comentaba de Alonso Luengo, otro que fue censor, en su caso de Correos, al que en Astorga consideran también como perteneciente a la misma escuela: “ambienta, ambienta, se acaba el libro y no ha hecho más que ambientar, no ha sucedido nada”. Lo que yo siempre oí del poeta Leopoldo Panero en mi familia y el entorno astorgano fue que pasó de ser un comunista de salón a cantor del régimen golpista, lo mismo que su hermano Juan de quien hablaban mucho mejor.

 

En la posguerra Leopoldo fue enviado con Rosales y otros escritores franquistas de emisarios culturales a Hispanoamérica, lo que venía a ser una apología oficial del regimen imperante. No pueden sorprender los recibimientos agresivos que sufrieron en las ciudades donde vivían los exilados.    

 

 

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Yo  entrevisté en Londres cuando visitaba a su hija Ana, amiga mía desde la infancia, a Pilar Romero, una astorgana perteneciente a esas familias que han desaparecido de la ciudad, eran los dueños de ‘Las casas de Miguélez’. Se casó con el arquitecto Juan de Dios Wilhelmi, de Granada, y vivió en esa ciudad el resto de su vida:

 

Leopoldo y Juan fueron de los primeros comunistas, pero seguían siendo unos señoritos de arriba a abajo. Estuvieron en Inglaterra antes de la Guerra Civil y llegaron a Astorga con los pelos cortados de una forma muy extravagante. Y cuando les decían a los obreros: ´¡compañeros!´ los obreros les contestaban: oye, ¿y desde cuándo somos compañeros? Después se llevaron a Leopoldo a San Marcos de León, que durante la guerra lo utilizaron de cárcel, y el que entraba no salía. Pero Máxima, su madre, era parienta lejana de la mujer de Franco y se fue a Salamanca a verla y por medio de su influencia lo sacaron”.      

 

Cuando Paul Preston estaba escribiendo ‘Palomas de Guerra’ llamé a Juan Luis, que vivía en el Ampurdán y ya no era el personaje decrépito que describe el autor colombiano, para que me diera su versión de los hechos y pasársela luego a Paul que la puso en el libro. Según Juan Luis, Máxima iba regularmente a León a ver a su hijo  preso con Ángel Jiménez -el novio de su hermana Asunción con quien se iba a casar a los dos meses-. Un día llega a San Marcos y sale Leopoldo blanco como un sudario con el reloj de su futuro cuñado en la mano. Lo habían fusilado el día anterior.

 

Máxima, temiendo lo peor, se fue directamente en coche a Salamanca donde estaba Franco. Con la prerrogativa que le daba ser parienta de Doña Carmen pidió una entrevista con ella y le contó lo que pasaba. Según Juan Luis Doña Carmen le contestó: “espera un poco porque Paco está reunido”. Máxima esperó un buen rato y al ver que no la recibían armó un escándalo de mucho cuidado. Para quitársela de en medio Franco le firmó un acta y sacaron a Leopoldo de la cárcel. Según Alejandro Valderas: “La mujer que media con Franco a favor de Leopoldo Panero fue Bonifacia Flórez, de Sahagún.“  

 

Ricardo Gullón, que era pariente de la familia Panero, y como su apellido indica también de mi amiga Mercedes, escribió un libro en Estados Unidos, donde dio clase, llamado ‘La juventud de Leopoldo Panero’ publicado en una edición de la Diputación Provincial en 1985; tiene al menos otra más. En él habla de los viajes que hicieron juntos y sus primeras publicaciones así como de la relación que tuvo Panero con el comunismo y su detención. Según Ricardo Gullón a Leopoldo le acusaban en Astorga de pertenecer al Socorro Rojo y de que cuando fue a Inglaterra había trabajado para esta organización. Al parecer Máxima, antes de ir a ver a Franco, había visitado a Unamuno llevando consigo giros postales (Leopoldo se pasaba el día pidiendo dinero)  y documentos que demostraban  la  imposibilidad de haber estado Leopoldo a sueldo del Socorro Rojo. Unamuno  le dijo a ella: “Haré cuanto sea preciso pero cuanto yo diga y haga puede perjudicarle en vez de ayudarle”. Es entonces cuando Máxima decide ir a ver a Franco. Lo cierto es que después de la Revolución de Octubre Leopoldo había tenido refugiado en su casa al poeta César Vallejo que con César M. Arconada dirigían la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, la misma que el Socorro Rojo.

 

 

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Pilar Romero siguió: “De San Marcos lo llevaron al Servicio militar porque le dijeron: o al frente, o a San Marcos, o a la legión. Nos lo encontramos un día en Vigo hecho una verdadera pena, con un capote que era una manta, el hermano ya había muerto (murió en agosto de 1937), y como mi padre estaba allí de comandante de Marina, era un jefe, debió pensar: mejor me arrimo a éstos. En Astorga hacía que no nos conocía, ya ves tú, pero cuando nos vio ¡qué saludos y qué afectos! Entonces fue cuando se cambió de chaqueta y dejó de ser comunista para hacerse poeta del régimen. Un caradura de impresión, yendo detrás de nosotras, corre que te corre, cuando en Astorga ni nos saludaba. Juan, sin embargo, era un hombre estupendo, más humano, y con un gran sentido del humor. Una vez sacó a bailar a una chica de Villafranca y ella le contestó con esa expresión tan gallega “¿Y luego?” “Luego tampoco”, respondió él.

 

Leopoldo no, era muy tonto y muy engreído. Su padre fue un enamorado de mi madre, la pretendió mucho tiempo, pero mi madre no quería verlo ni en pintura, tanto es así que la llevaron a Madrid medio castigada. ¡Con lo que era doña Máxima! ¡Anda que si llega a ver la película! ¡Qué vergüenza, por Dios! La gente estaba indignada en Astorga. Fíjate que cuando la estrenaron en el Teatro Gullón estaba en primera fila Asunción, la tía, a la que le mataron el novio, que luego se casó pero no tuvo hijos. Me contaron que había hecho un testamento en favor de los sobrinos y cuando terminó la película salió disparada al notario y lo anuló”. Yo no he comprobado con la familia si esta historia es verdad."

 

Al principio de la Guerra Civil el ex-diputado y ex-subsecretario Justino Azcárate, dirigente del partido Nacional Republicano y pariente de Máxima, se había escondido en casa de los Panero, donde lo detuvieron, de modo que para los golpistas la familia tenía motivos para estar, como se decía entonces, muy significada. Según parece Leopoldo regresó de Inglaterra el 11 de Julio de 1936 y el golpe fue el 18; el 19 de octubre fue detenido, llevado a la cárcel de San Marcos, y por la noche interrogaron a su padre; el 20, a las dos de la madrugada, detuvieron a Ángel Jiménez,  el novio de su hermana Asunción. En la noche del 1 al 2 de noviembre  mataron a Jiménez en el monte de Estébanez, situado entre Astorga y León, donde se sabe a ciencia cierta que hay muchas fosas comunes con  cuerpos de presos procedentes de San Marcos, y allí sigue enterrado. Néstor Alonso, médico militar, que había ido a visitar a su cuñado Santamaría –a quien asesinan después- vio a Panero en el patio de la prisión y trató de interceder por él pero un capitán presente –Marzal- le dijo que no sólo no podía hacer nada sino que incluso le podía poner en peligro. El 18 de noviembre liberaron a Leopoldo y se fue a casa de su familia pero al cabo de tres días regresó la policía y éste saltó por la parte de atrás y se refugió en la rebotica de los Alonso. Como  la situación era muy peligrosa  para él se alistó en el ejército golpista entrando en la unidad de un pariente –Miguel Arredondo-.

 

 

 

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El 21 de enero de 2012 apareció en el Diario de León un artículo donde se menciona que el catedrático Javier Huerta había investigado los expedientes que Leopoldo Panero había firmado como censor. Nadie sabíamos que lo había sido. La investigación saca a la luz “los escritos en prensa de la Ascociación de Escritores Proletarios, la misma organización que el Soccorro Rojo y la Asociación de Amigos de la Unión Soviética... Las tres asociaciones se dirigen con agentes de Moscú, dos de ellos de nacionalidad peruana, que son detenidos en 1931 … Alejandro Valderas señala que la persona  que delató a Panero “disponía de los artículos de prensa en los que se exigía la liberación de comunistas y el problema era que en 1936 el Socorro Rojo dirigía la defensa de Madrid”.

 

Mi padre siempre contaba que justo al terminar la guerra estaba un día escuchando la radio cuando de pronto oye decir al locutor: “Leopoldo Panero, el poeta de la Falange”. Mi padre se quedó helado ya que lo había visto por Astorga haciendo alardes de izquierdista con una corbata roja. Luego añadía: “no me extraña que acabara alcohólico, le debió pesar mucho cambiarse de chaqueta de una manera tan flagrante” y yo le contesté: pues si lo que dices es verdad habrían acabado siendo alcohólicos millones de españoles porque menudo chaqueteo hubo. “Sí, hija, en eso tienes razón.” Cuando dije lo anterior aun desconocía que mi abuelo materno, el liberal de pies a cabeza (ahora sé que también lo fueron mi bisabuelo y tatarabuelo) viendo lo que estaba pasando en Astorga después del golpe militar le dijo a Pepín -su hijo de quince años–- que salía de casa para ir a apuntarse en Falange que si lo creía necesario y conveniente le apuntara a él también. Esto me lo contó Lidia Latyszeva, la viuda de tío Pepín, en 2010.

 

Uno  de los tantos rumores que he oído de los Panero es que Juan fue mejor poeta que Leopoldo y que éste último usó los poemas del primero como suyos, comentario que delata la opinión que muchos tenían de él. Leyendo en el archivo de la catedral diferentes números de los periódicos  ‘El Pensamiento’ me encontré con el ejemplar Nº 6.541  del año 1947 donde hay un artículo escrito por Dámaso Alonso que habla de los dos. Copio unos trozos: “Tengo en las manos la vieja fotografía desteñida... la nuestra (comida) había sido primaveral, modesta, alegre y menestrala para festejar a Vicente Aleixandre en su premio nacional... el grupo se había formado espontaneamente, alguno, como  García Lorca, se distrajo o quizá se había marchado, porque no figura, aunque comió con nosotros… Aquí está Miguel Hernández otro es Juan Panero... me lo presentaron ese día, junto  a su hermano Leopoldo. A Juan no lo volví a ver más. Entonces apenas sabía que fuese poeta. El apellido me sonaba de su hermano presente ya en las revistas de 1930. Al año siguiente a esa sobremesa vino la guerra. Y entre las bajas más dolorosas la de Juan Panero, soldado muerto a los 29 años. Había nacido en Astorga  en 1908. Aun no se ha publicado el libro completo, póstumo de Juan Panero. Cuando aparezca se verá cuanto perdió España con la prematura muerte de  un poeta altísimo  ya en la eminencia de la plenitud. En rigor, todo él está ya en los conmovedores  ‘Cantos del ofrecimiento’. En mi primera  visita a Astorga llevé en mi bolsillo el libro amarillo de Juan y lo leí en su propia casa, a la sombra de la catedral maragata, escuchando los rumores del mínimo y recoleto jardín conventual que cuidaban con fervor la madre y las hermanas de los poetas. ...Más aun que los sonetos y poemas breves, la poesía de Juan Panero se expande y se derrama generosa en los dilatados y suavísimos versos blancos de sus poemas mansos, estremecidos, horizontales, con perspectivas aprendidas del paisaje natal. ¿Hay algo más bello en la poesía española que El Paisaje de Luna? Un fragmento apenas puede darnos tiempo para navegar con el poeta por océanos de magia lunar, pero puede bastar para apreciar la extrema calidad:"

 

¡Ay pinos castellanos siempre atentos al cielo

Bellos pinos de copa redonda donde el cielo parece descansar, deslumbrado

Cielo azul de Castilla en luz maravillosa!

Transparecia suavísima donde el alma deleita

Sus dones, y, encendida, perfecciona el deseo

Caridad del misterio regalada a los ojos

Que contemplan, humildes, la serena belleza.

Morada  de la luz; reino de la hermosura

Prodigio del cristal rosado por los ángeles,

Valentía del aire que en dulce sosiego

Da encendidos temblores y extremada dulzura

¡Oh cielo de Castilla en su luz privilegiado!

¡Oh la luna en el cielo respladeciendo el aire!.

 

 

Ruego a Astorga Redacción que añada esta nota explicativa de un error que sale en mi primer artículo sobre Los Panero y que me ha sido indicado por el investigador Jose Cabañas.  Se encuentra en la siguiente frase donde nombro  a Juan Panero Torbado: "No sé como se liberó Juan de la cárcel ya que Portela Valladares lo había nombrado diputado provincial por el Frente Popular.” Según Cabañas el origen de la confusión está en el libro ‘Historia de la Diputación de León’, de Wenceslao Álvarez Oblanca. Aparece aquí como diputado provincial nombrado del 3 de enero de 1936 al 20 de marzo de 1936 Juan Panero Torbado, con la etiqueta o adscripción de Monárquico. Lo nombran en el tiempo de gobierno del centrista Portela Valladares, y se mantiene hasta la remodelación y los nombramientos del gobierno del Frente Popular. No lo nombra por lo tanto el Frente Popular. Conociendo que Juan Panero Torbado, su hermano Leopoldo, Ángel Fidel Ricardo Jiménez Escobar (el novio de Asunción Panero; parece que tal era su nombre completo), y otros, tenían fama desde antes de ser en Astorga ‘señoritos comunistas’, ese nombramiento no tenía sentido.

 

La explicación es que no se trataba de Juan Panero Torbado (Wenceslao cometió un error que , como tantas veces, se ha venido arrastrando sin que nadie se haya molestado en comprobarlo y/o corregirlo), sino de su tío Juan Panero Núñez, concejal monárquico elegido en 1931 y al que en la sesión de la gestora de la Diputación del 10 de marzo de 1936 nombran como director de la Residencia de Niños de Astorga (el Hospicio), cargo que solía desempeñar efectivamente un diputado provincial de Astorga (o La Bañeza en ocasiones).

 

 

 

 

 

 

 

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