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Redacción
20/03/2017

La despoblación rural está acabando con el pardal de nuestros pueblos

Las poblaciones de gorrión común -el conocido como pardal en León- y gorrión molinero, especies vinculadas a la actividad humana, pierden efectivos desde 1998, mientras el alpino está amenazado por el cambio climático.

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Hay menos gorriones. Es una tendencia evidente en las ciudades pero también en el campo, donde la despoblación rural está pasando factura a dos de las cinco especies que habitan en la península, según los datos del programa de seguimiento de aves comunes en primavera de SEO/BirdLife.

 

Se trata del gorrión común, que en León se conoce con el nombre también de pardal, con un declive global de su población por encima del 15% desde 1998; y del gorrión molinero, que presenta una caída del 6%. Este 20 de marzo, Día Mundial del Gorrión, la ONG ambiental llama la atención sobre el impacto que el abandono del campo tiene sobre la biodiversidad.

 

Tanto el gorrión común como el molinero, una especie de menor tamaño y aspecto delicado, guardan una estrecha relación con la actividad humana, hasta el punto de que anidan en edificios y otras construcciones. A menudo, cuando el ser humano abandona un espacio, estas aves siguen su camino aunque hay otros factores que están contribuyendo a su declive.

 

Entre ellos, la intensificación agraria, que también puede derivar en menos gente en campo; y el uso de pesticidas. En la ciudad, se suman cuestiones como la escasez de alimento, la contaminación atmosférica o la ausencia de lugares de nidificación.

 

No corren tan mala suerte otras dos especies de gorriones –chillón y moruno–, cuyas poblaciones han aumentado desde 1998 gracias a su expansión por diferentes zonas de la península. En ambos casos, su dependencia de la actividad humana es menor.

 

La última de las cinco especies de gorriones que habitan la Península Ibérica es el gorrión alpino, propio de cumbres montañosas donde existen neveros. De todos, es el que más afectado por el progresivo calentamiento del planeta debido al cambio climático.

 

La organización resalta que los datos sobre el estado del gorrión se recaban gracias a la información que generan miles de voluntarios que participan en los programas de seguimiento de SEO/BirdLife. De forma sistemática y siguiendo una metodología científica, los participantes comunican sus observaciones a los técnicos de la ONG, donde la información es analizada. La organización ambiental también aprovecha los datos que miles de aficionados a la ornitología suben a la app móvil e-bird.

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