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Mercedes Unzeta Gullón
23/03/2017

La vanidad está de fiesta

 

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¡ Estamos asistiendo al nacimiento de la inmortalidad! Los científicos acaban de descubrir cómo eliminar la vejez y sus múltiples y fastidiosísimos achaques, goteos y deterioros para mantenernos jóvenes ad infinitum. ¡Qué inmensa alegría! Y, además, no sólo vamos a ser jóvenes siempre sino que también vamos a estar sanos siempre. Superaremos a Dorian Gray.

 

No más enfermedades. Qué tranquilidad. Qué vida más dulce nos espera. Dicen que en 30 años ya podremos ver resultados positivos de este descubrimiento. A mí me pillará por los pelos, o no me pillará. Qué tristeza. Realmente es una noticia bombazo. Va a ser la panacea de la humanidad. Es como un milagro. Ciencia ficción, de la buena, sin ficción.

 

Tras la primera exaltación de gozo se me presentan en mi cabeza algunas cuestiones. La primera, y una de las más importantes es qué va a pasar con las multinacionales farmacéuticas. A qué se van a dedicar. Hoy en día son el poder, las que mueven los hilos de las marionetas (mortales) del mundo. ¿Qué dicen ellas? Que se alargue la vida de las personas hasta los 140 años, por ejemplo, les viene muy bien, porque sus pingues beneficios están centrados en las enfermedades crónicas, y a más años más mantenimiento de enfermedades y más dinerito constante.

 

Pero los científicos están hablando de erradicar las enfermedades, eso es algo muy distinto. Si no hay enfermedades no hay medicinas, y si no hay medicinas ¿qué van a hacer las farmacéuticas? Quizás tisanas y elixires de felicidad. Pero con eso no gobiernan el mundo, ¿o sí? Quizás inventen tisanas para que nuestro espíritu esté diluido en el nirvana, como los hippies de los 60, y de esa manera puedan gobernarnos con más facilidad, sin resistencia. No sé, pero no creo que suelten fácilmente el pastel, bueno más que pastel la gran tarta con la que engordan en el mundo entero, sin pudor, opulentamente sus arcones segundo a segundo. Algo harán para salir al paso de este nuevo orden humano que se avecina.

 

Claro también el colectivo médico se verá afectado. Tendrán que dedicarse a primeros auxilios, curar heridas y demás…, que me temo habrá bastantes. Los que seguramente ganarán en pacientes  serán los psicólogos y los psiquiatras.

 

Porque si nuestro cuerpo puede vivir eternamente ¿qué pasará con nuestro espíritu? Ya, hoy por hoy, las depresiones están rondando de continuo al individuo. Si en un estado depresivo pensamos que esto no se va a acabar nunca,  que vamos a entrar en un bucle infinito, pufff… Me temo que los forenses también van a tener que aumentar sus horas de trabajo.

 

Luego está la cantidad. Un humorista decía: “los que entren por los que van saliendo”. Si entran pero no salen se produce el overbooking, y ¿dónde nos metemos? La Tierra no tiene posibilidad de ser ampliada. Tendremos que hacinarnos, vivir como en cajitas, con lo que eso conlleva: reyertas, violencia, robos, malestar.

 

Con la cantidad viene la calidad. Si hoy mueren millones de individuos por hambre ¿de dónde saldrán los alimentos para los que entran y los que no se van? La Tierra no dará abasto para alimentar a la sana y feliz superpoblación. Un nuevo e importantísimo motivo de robo, violencia y malestar.

 

El agua se acaba, los pozos se secan ¿qué beberán los humanos a los 200 años? El agua es vida, si no hay agua habrá que luchar y matar por conseguirla. Agua o muerte.

 

Los recursos naturales se acaban, ellos no son infinitos. El petróleo, el gas ¿con qué se calentará la longeva humanidad? Ya nos matamos por estos recursos, pero si somos más a consumir nos mataremos mucho más.

 

Al final el cómputo me sale que habrá mucha más muertes con la fantástica y sana eternidad proclamada que con nuestra muerte anunciada gracias a las actuales y crónicas enfermedades.

 

Qué fastidio. Vamos a tener una increíble salud de hierro pero moriremos de sed, de hambre, de frio, de violencia…

 

Pensándolo bien esta jubilosa noticia quizás porte una alegría envenenada. Quizás este descubrimiento que nos venden tan fantástico sea nuestra ruina. Quizás se trate de un arma estratega de los poderosos para reducir el molesto elemento humano del mundo. Quizás sean las poderosas multinacionales, a las que creía las primeras perdedoras en este asunto, las que estén detrás de la limpieza genética de enfermedades. Quizás los perdedores seamos los de siempre, la masa de pringaos, los habitantes de segunda, y los beneficiarios de ese gran descubrimiento, de esa magnífica eternidad sin problemas de salud, sean los pocos de siempre, los que  detectan y manejan el poder mundial. Ellos controlan los recursos naturales del mundo.  A ellos no les faltará ni agua, ni pan, ni calor, y seguramente son ellos los únicos que tendrán acceso a ese extraordinario y eterno elixir. Vivirán eternamente manejando el mundo como su finca particular. Nosotros seremos sus peones. Bueno, en realidad, ya lo estamos siendo. Cambiará que ellos acabarán siendo una gran familia indestructible  y perpetua  y nosotros pereceremos como siempre, quizás con más penuria.

 

Si, ahora lo veo más claro. La inmortalidad siempre ha sido reservada para los dioses.

 

¡Vaya con el descubrimiento!

 

O témpora, o  mores

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