Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/11/2017
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Marcos Carrascal Castillo (@M_CarrascalC)
23/03/2017

El boceto

 

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El jueves, el gobierno, esa escuálida mayoría del PP, presentó el Real Decreto referido a los estibadores para convertirlo en ley. Se preveía el fracaso, pero ningún arúspice auguró tamaña decepción. El PP, con sus socios electorales, y el PNV votaron a favor del Real Decreto. En contra, el PSOE, Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, Compromís, EH Bildu, Coalición Canaria y Nueva Canarias. En la abstención, “ni con unos ni con otros”, y en contra de todo pronóstico, Ciudadanos y un Errejón confuso. Ni siquiera el voto afirmativo de los de Rivera hubieran logrado sacar adelante el Real Decreto, pero podrían haber oxigenado al arrinconado PP.

 

La sesión de ayer recordó que el Congreso de los Diputados ya no va a ser aquel remanso de mayorías absolutas o de acuerdos puntuales con los nacionalistas periféricos. En su lugar, se instalan las leyes apoyadas por, al menos, tres o cuatro formaciones. Este galimatías o mosaico en el que muchos dicen que se ha transformado la sede de la soberanía nacional se asemeja más a los parlamentos europeos que otra cosa. Desde que Ortega y Gasset alzara los ojos a Europa, España siempre ha confeccionado los patrones de sus vestidos según las normas europeas. Y ahora, al menos en el Congreso, tenemos esta semejanza. O que se lo digan a Rutte, que tendrá que fraguar una coalición de varios partidos para conducir las riendas de Países Bajos.

 

Ya nos debíamos de haber acostumbrado al panorama político que comenzó en 2014. No obstante, parece que todavía pesa la idiosincrasia bipartidista que dominaba España desde la creación del Régimen del 78. Ahora, los acuerdos llegan con el entendimiento, negociaciones y concesiones; y no a golpe de decretazos, como nos han tenido acostumbrados sus señorías. Ya está bien de que un partido que represente poco más de un tercio de la población —o ni eso— dirija los senderos por los que hemos de caminar más de 46 millones de españoles.

 

En esta obra diseñada por todos los votantes aquel ya lejano 26 de junio, como en los bocetos, deja a “partidos con sentido de Estado” o “verdaderos representantes de la ciudadanía”. Hemos de huir de titulares y editoriales esculpidos en los medios, y bucear en el piélago del ‘bien común’. No creo que los partidos que se hayan opuesto a la norma que desnudaba los derechos conquistados por los estibadores no tengan sentido de Estado. Tampoco creo que los partidos que han apoyado el Real Decreto no sean verdaderos representantes de la ciudadanía, consiguiendo la mayoría de votos en el conjunto de España, con el PP, y la hegemonía política en Euskadi, en caso del PNV. Rechazo nimiedades y los garrotazos del cuadro de Goya.

 

Quizás, esa escandalosa multa que asoma amenazadoramente por la Hacienda Pública debe ser sorteada con creatividad y, de nuevo, con negociaciones. Sea como fuere, con el ‘NO’ o el ‘SÍ’ al Real Decreto, España debe poner en juego esos valores europeos que nos afanamos en trovar para salir indemnes de una amenaza que circula contra “el sentido de Estado” y que perjudica a “la ciudadanía”, sin resignarnos con medidas que vayan contra “el sentido de Estado” y “la ciudadanía”.

 

Este boceto de la legislatura, y quién sabe si nueva etapa, que se abrió a finales de 2015, no son encuestas, comadreos, insultos furibundos o acusaciones intolerables. Si así fuera, la esperanza de que el cambio era posible se marchitará en la más absoluta abulia política. Esta legislatura debe ser como la que arrancará en Países Bajos: un gobierno en el que la mayoría social esté unida en un mismo lazo. En Países Bajos, la mayoría votó por repudiar a la extrema derecha; en España, la mayoría hemos votado por fundirnos en un proyecto inclusivo y dialogante, ajeno a la calle Melancolía número 7.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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