Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/11/2017
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Mercedes Unzeta Gullón
29/03/2017

Hablemos de Michi (4)

 

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Sigo hablando del pequeño de los Panero porque el paraguas de la notoriedad a costa de los que ya se han ido y no pueden hablar se ensancha cada vez más.

 

Acaba de sacar a la luz, el hijo de su segunda mujer, unos papeles privados de Michi y algún cuento escrito en su juventud. Papeles que él dice se los entregó Michi en los años 90, pero sin embargo también afirma que: “Hay cuatro textos en el libro donde Michi se despide del mundo, están escritos al final de su vida y en ellos expresa muy bien lo que es Astorga para él. Para él Astorga era el paraíso perdido y el infierno de cada día”.

 

Si Michi se los entregó en los años 90, como dice, es imposible que esa carpeta contenga sus últimos escritos, del 2003 o 2004, como verifica. ¿De dónde salen esos papeles entonces si ni este hijo putativo ni su madre vinieron nunca a verle durante los años que estuvo en Astorga?

 

Michi me contó la desastrosa relación que había tenido con su segunda mujer, anécdotas muy desagradables. Tenía un recuerdo horroroso de la convivencia, muy poca armonía y mucha agresividad. Reconocía el error tan grande que había cometido el casarse con ella. Era una mujer con importantes problemas con el alcohol y Michi, en sus reflexiones, le hacía culpable de haberle arrastrado a su alcoholismo. Lo creía ciertamente y no se lo perdonaba.

 

Esta segunda mujer estaba obsesionada con sacar partido al apellido Panero a través de Michi. Parece que era su motivación y su obsesión en su casamiento. Ella había decidido que el máximo valor que tenía Michi eran Sus memorias y que ese libro les iba a dar buenos réditos en todos los sentidos. Durante su convivencia, y después de ella, ella atosigaba a él con esa idea. Incluso mucho después de separarse, estando Michi ya en Astorga, ella le llamaba por teléfono sólo para apremiarle a que escribiera las memorias. Michi estaba horrorizado con esa idea, con la persona y sus intereses; y ella estaba obsesionada con las vivencias y la memoria de él.

 

El hecho de que no pudiera controlar lo que Michi estaba escribiendo, y creía que en el retiro astorgano Michi había empezado a escribir la deseada autobiografía, le ponía enferma. Para esta señora el pequeño de los Panero era el tesoro de Ali-Babá, sólo había que conseguir abrir el arca. Michi no quería saber nada de abrir ni de tesoros, pero ella no concebía la idea de soltar la presa.

 

Cuando me contaba Michi toda esta obsesión y persecución de su ex mujer me explicó el porqué de su rotunda negativa a llevar a cabo tal empresa. Consideraba que su vida siempre había estado marcada por las mujeres con las que había estado, que su vida era en realidad la vida de esas mujeres porque él siempre había vivido en función ellas, de las mujeres. Siempre se había dejado conducir por una mujer. El caso es que él decía que él no tenía nada qué contar de sí mismo y que no le parecía respetuoso ni adecuado hablar de la vida de esas mujeres para justificar la propia. Una postura prudente y considerada con la intimidad ajena. Tampoco quería inventar.

 

En sus últimos años, los que Michi estuvo en Astorga, ni la madre de este hijo putativo, ni este hijo, que ahora ventila su cercanía como 'hijo', se ocuparon de él ni vinieron a verle nunca. Nunca es nunca.  Ahora sí, el mismo día que murió, esta señora se presentó como una flecha en Astorga esa misma mañana, a la carrera para que nadie se le adelantara y se apropiara de lo que ella consideraba el valor más preciado de su ex matrimonio. Y lo primero que hizo, a las pocas horas de que Michi hubiera muerto, es exigir frenéticamente la llave del piso de Michi a Angelines, quien me llamó para ver qué hacía, agobiada por las exigencias. Una vez que obtuvo las llaves, recién llegada del viaje, y antes de pasar por el tanatorio ni interesarse por las circunstancias, mientras los que le queríamos estábamos todavía sumidos en nuestro dolor asumiendo su fallecimiento, esta señora se puso como una posesa a registrar la casa buscando las supuestas Memorias que en realidad no existían. Le enfureció enormemente no encontrarlas porque estaba convencida de que las había y que alguno de los que estábamos cerca nos habíamos hecho con ellas.

 

En esa obsesión por apropiarse de todos los escritos de Michi esta señora arrasó con todas las carpetas y papeles que encontró, mucho antes de que los más cercanos a él en ese momento pudiéramos reaccionar.

 

Angelines (La señora de servicio de su niñez, que vivía en Astorga y ahora le atendía con mucho cariño) y yo recogimos la ropa de Michi, que fue lo único que quedó del saqueamiento, y la llevamos al asilo.

 

Esos escritos y recuerdos familiares, sustraídos de la privacidad de la casa de Michi, ya fallecido, están rentabilizando al hijo putativo, sin pudor y con un ansía de protagonismo extraordinario, las ansiedades y obsesiones de su madre.

 

Michi jamás hubiera entregado esas fotos y papeles íntimos a nadie, y mucho menos a un jovencito prácticamente ajeno. Se trataba de su más preciada intimidad.

 

El apetito desenfrenado de notoriedad suele ser muy osado.

 

O témpora, o mores. 

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