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Isabel Llanos
29/03/2017

Reconciliaciones

 

 

[Img #28155]

 

 

Me debo estar haciendo mayor. Hay quién pensará que, ya `soy`mayor. Pero la edad, más que nada, sigue siendo relativa. Para mí una cosa es la edad biológica y otra la edad' vivida'

 

Hace mucho tiempo, “hace muchos, muchos años…” que decían los cuentos, tanto así como un cuarto de siglo, los mismos años que hace que este país vivió (e insisto en el uso de esta palabra) una olimpiada, tuve un renacimiento. He tenido varios. Y de hecho, espero seguir teniéndolos, malo será el día que ya se me acaben.

 

Pues bien, ese renacimiento tenía mucho que ver con una enfermedad que nos pilló de sorpresa a todos, y que me condicionó a estar en un hospital de la Sanidad Pública ─esa maravilla que estamos perdiendo─ durante un largo periodo, magníficamente cuidada por cierto, del cual, diez días eran decisivos para saber si pasaba o no “al otro lado  siguiendo la luz” que diría Melinda Gordon[1]. Independientemente de la singularidad del proceso, esos diez días donde cada segundo me planteaba si habría otro siguiente, donde recibía visitas de amigos y conocidos con caras largas de despedida imposibles de disimular, donde inevitablemente hacía una revisión de las vivencias y experiencias en mis breves veinte años, recuerdo con especial nitidez la promesa que me hice a mí misma. Tomen la visión cinematográfica de Escarlett O´Hara en el espectacular contraluz de aquel atardecer en Tara[2] y parafraseen sus palabras por “A Dios pongo por testigo de que nunca volveré a perder el tiempo. Sobreviviré y, cuando todo haya pasado, nunca volveré a perder el tiempo”. Y de hecho, lo he cumplido. Y lo cumplo. Y eso que me prometo una y mil veces bajar el ritmo,…pero no puedo.

 

Sin embargo, sí, debe ser cierto, me estoy haciendo mayor porque en vez de recriminármelo, voy asumiendo que soy así y dejando de boicotearme por ello. Y también, y eso es lo que más me tranquiliza y quizás vinculo erróneamente al envejecer, necesito silencio, espacio, soledad y quietud. Amigos míos, de esos que están con terapias alternativas y tendencias eco, me dirían que no, que eso está bien, que estoy reconectándome con mi esencia. Se me escapa una sonrisa.

 

No hay nada nuevo bajo el sol. Es otra clase de búsqueda más. Esa búsqueda vital y permanente que todos tenemos en pos de la pretendida felicidad. Lo que sí pasa es que se cumple una dedicatoria que un amigo me escribió en la trasera de un cuadro que me regaló, curiosamente de un puente de hierro del pueblo de mi infancia, que con los años ha adquirido el valor que en su momento no comprendí, “no sé cómo he llegado tan lejos de mí mismo por el camino que elegí para encontrarme”.

 

Es en estos momentos de desconexión egoísta, de mimarme en ese ‘Me time’ que dicen los anglosajones y que estamos perdiendo en la vorágine urbanita y de consumo experiencial más que vital, donde, por fin, parece que empiezo a reconocerme. Y el viaje ha sido, está siendo, largo. Y al final, es la vuelta al origen, a la niña, a la infancia, a ese ser sin mácula que era abruptamente honesto con sus sentimientos y deseos. Y me reconcilio y encuentro la paz.

 

Con la escritura también me reconcilié hace un par de años, aunque nunca he dejado de escribir, pero ni la consideraba. Hoy es una parte de mi placer, de mi necesidad, aunque la voy explorando poco a poco, tan desconocida por el olvido estaba. Fue trabajando en mi obra ‘Café Minuto’, dirigida por María Stoyanova. Me permito transcribir una parte del texto:

 

“…viajo en los libros y vivo vidas que no me pertenecen mientras intento no vivir la mía, así no duele…

….

Yo tengo un sueño desde pequeña. Quiero ser escritora. Siempre me alegré de que me pasaran desgracias porque en algún lugar leí que los más famosos escritores habían tenido infancias difíciles…”

 

Reconciliación. El fin de semana pasado fue la feria Utopía Markets de Poesía[3]. Estuve con Shhh, mi personaje en el Prostíbulo Poético[4]. Como siempre, una de las maravillas de este proyecto que lidera Sonia Barba, es que permite al escritor tener el feedback directo de su obra, con las reacciones emocionales que provoca en el mismo instante. Es un momento único y especial para quien recibe el texto e inmensamente gratificante para quien lo entrega. Yo siempre elijo los textos para cada persona por intuición, a veces empiezo a recitar uno y siento la necesidad de pararlo y decir, “no, espera, no es este” y empiezo con el que siento que le corresponde. Y se da la magia porque todo encaja. Él escuchaba, estaba en el momento de una ruptura y

 

“…y me lleva a ti,

idealizado por el transcurso del tiempo,

por la reconciliación de la distancia,

y me reconforta

porque trae más realidad de mí

de la que nunca me diste”[5]

 

Acabamos. Un abrazo. Ojos húmedos y sonrisa brillante. “Gracias. Ese verso, la reconciliación de la distancia. Es así. Gracias, ahora lo entiendo. Uf, menos mal, ¡qué peso me has quitado de encima! Muchas gracias, de verdad”. Abrazo más fuerte. Mi corazón más lleno. Pues eso, reconciliaciones.

 


[1] Melinda Gordon, médium protagonista de la serie televisiva “Entre fantasmas”.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=ESBBWa6qapU

[3] https://www.utopiamarkets.com/poesia-actividades-2017

[4]  ¿Quieres conocer a Shh? Mira el vídeo https://twitter.com/8aldia/status/842813774906105856

[5] Libro Rojo Vol. 8 http://prostibulopoetico.com/shop/

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