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Eloy Rubio Carro
2/04/2017
ENTREVISTA / Mario Pérez Antolín

"El populismo tiene que ver con la precarización y la degradación de la clase media"

Más conocido como el escritor de aforismos que ha relanzado el género en España, Mario Pérez Antolín estuvo el viernes en Astorga para presentar su libro de poemas ’de Nadie’ y para acompañar a Nuria Cadierno que inauguraba la exposición con las ilustraciones originales que contiene el libro. Mario es un gran conversador de una vasta cultura y Astorga Redacción en su ánimo de difundir la cultura 'glocal' no lo podía dejar pasar sin la correspondiente entrevista.


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Eloy Rubio Carro: Dicen que el aforismo es la poesía del pensamiento. ¿Por qué dirán esto?


Mario Pérez Antolín: Ya en alguna ocasión he definido el aforismo con una paradoja: el aforismo y en general mis textos más o menos aforísticos o poéticos son casi una poesía que piensa y una filosofía que emociona. Se trata en realidad de un género fronterizo. La filosofía es a menudo demasiado fría, porque es muy analítica o muy racionalista, careciendo de ese toque emocional, pasional. Aunque en algunas filosofías del siglo XX se han ido recuperando esos elementos, estoy pensando en Nietzsche e incluso en Spinoza cuando trata de las pasiones. En cambio la poesía siempre se ha caracterizado por las emociones, la pasión, y a veces le faltaba un poco de enjundia, de reflexión. Lo que ha intentado siempre el aforismo y ahí estoy yo, es  tender un puente entre ambas, poner lo que falta en cada uno de esos géneros y llegar a un planteamiento fronterizo en la línea de Eugenio Trias.

 

 

Pero hay textos de filósofos que emocionan también, quizá por la manera de decirlo e incluso con esa frialdad analítica conceptual, estoy pensando ahora en el Tractatus de Wittgenstein que formalmente es muy similar al aforismo, y hay hasta quién lo ha tratado como un texto de estética taoísta.

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Para mí es uno de los grandes aforistas. En muchas ocasiones los textos de Wittgenstein tienen ese pellizco, esa iluminación del buen aforismo. A veces lo logra por la sorpresa de las ideas, pero otras veces lo consigue por cuestiones que cruzan el límite, que van un paso más allá. Nietzsche es un ejemplo claro de esa conjunción de ese puente de esa resolución de lo conceptual en metáfora. Pero sobre todo, eso que está más allá es el misterio, lo inefable.

 

 

En el momento de la creación de un aforismo pugnan razón y belleza. ¿Pugnan o se complementan? ¿Hay una belleza de la razón que pueda darse en poesía? ¿Cuál sería la diferencia si la hay con la belleza del sentimiento?

 

Yo creo que lo que hay es reflexión, y que esa reflexión se puede mover dentro del ámbito racionalista o del irracionalista. No necesariamente razón; habría una reflexión con dos o más caminos y lo que viene después es una estética literaria, uno de cuyos elementos es la belleza, que puede ser canónica clásica o romántica.. Después de la revolución copernicana de las vanguardias la belleza pasa a ser mucho más que el equilibrio, la armonía. Yo no veo entonces ese conflicto entre razón y belleza. A menudo hay belleza en otras cosas, como en una ecuación matemática o en determinados comportamientos morales; en formas de vida también puede haber belleza. Hoy en día tenemos una visión más amplia cuasi platónica de la belleza. En el caso de los aforismos se trata de una obra de pensamiento donde la expresión poética adquiere mucha importancia. En España, con excepción de los dos grandes ejemplos de simbiosis entre razón y poesía, Ortega y Zambrano, la mayoría de los ensayistas, desde el punto de vista de esa ‘expresión poética’ de la que estamos hablando, han sido malos escritores. En el caso de mis aforísmos pongo mucho cuidado en la expresión, en el trabajo literario.

 

 

Nuria Cadierno realiza las ilustraciones para un poemario ya finalizado. ¿En el proceso de realización ha habido algún tipo de sugerencia, algún tira y afloja?

 

Lo importante es la coincidencia previa de que a mí me gustaron sus imágenes, sus pinturas y luego, inmediatamente vi que se adaptaban a mis poesías, porque yo tengo una relación visual con mis poemas, y esa ‘fantasía’ figurativa con la que yo me los represento era muy semejante a las ilustraciones y pinturas que Nuria venía haciendo. Esa coincidencia en nuestras poéticas, en los planteamientos estéticos e incluso éticos es lo que lleva a esta especie de labor en común. Para expresarlo más analíticamente, Nuria Cadierno practica una especie de expresionismo figurativo y yo lo que hago es una especie de realismo expresionista, por eso si mi poesía se lleva al ámbito de lo plástico dialoga muy bien con las pinturas de Nuria. A partir de aquí, Nuria tomó mis textos, realizó unas ilustraciones y sí es verdad que comentamos mucho, pero a mí me gustaron desde el principio, pues traducían en imágenes las emociones  y las ideas que yo expresaba, por eso no hubo intervención alguna.

 


Nuria ha dado a conocer algunos textos en los que expresa sus ensoñaciones de infancia y ha podido viajar en ellas hasta un origen totémico, justo después de la horda, cuando prende el colectivo social humano. Son enigmáticas pero reveladoras.

 

Nuria es también escritora y eso se nota, dibuja el sueño de otro como el suyo propio.

 

 

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Claridad, sobriedad, concisión son los estilemas propios de la ‘Lírica reflexiva’ ¿No perdería pie el poema internándose en tales berenjenales?


El poema no acepta ‘aprioris’, nace de la pulsión vital y pasional, después las formas literarias, las formas de expresión que puedan encauzar ese torrente emocional pueden ser variadas. Hay poetas más desnudos, más esencialistas, o surrealistas; poetas más barrocos, más claros, más sobrios. Suele haber una coherencia, esas formas de expresión literaria han de ser coherentes con ese surgimiento, con ese alma, con ese origen del poema. Ningún poeta parte de unas premisas estéticas para después llegar a un conocimiento poético, no, sucede a la inversa.

 

 

La poesía de los filósofos ¿queda del lado de la expresión o del lado del contenido, o piensa que hay un amarre íntimo, indistinguible? 


Un poema es un equilibrio o no de ideas y de imágenes. La convivencia, el conflicto se da entre ideas e imágenes, entre expresión y reflexión. Las ideas vienen fundamentalmente de la reflexión, las imágenes, las metáforas, los símbolos son la forma expresiva de las emociones. En mi caso se da un conflicto y una contradicción dialéctica entre ideas e imágenes. El resultado, la síntesis de esta batalla sería el texto, que muy pocas veces tiene equilibrio, unas veces se escora hacia lo reflexivo y otras lo hace hacia lo expresivo y pocas, muy pocas veces y muy pocos escritores logran ese equilibrio, hacia la armonía. Mi gran intento en mi obra poética es ese equilibrio. Yo parto de una idea, de una concepción que a veces es más existencial o más teorética, pero lo otro, lo que agrega y hace posible el poema son las imágenes…

 


¿Pero las imágenes las encuentra desde la idea, surgen luego, aparecen de golpe, habitan en su interior?

 

No, en mi caso no surgen de las ideas, son como iluminaciones que emergen de las visiones plásticas, de lo onírico, a veces de lo puramente emocional y/o traumático. El equilibrio en cualquier caso es un equilibrio inestable, conflictivo  y las soluciones en raras ocasiones son equilibradas.

 


De raigambre existencial, dice José Luis Puerto de sus poemas. Se dice de  la poesía contemporánea que no la hay, sino que lo que hay son poetas. Y que cada cual es inabordable sin unas claves previas. ¿Cuáles son las claves existenciales de este poemario suyo?

 

El existencialismo tal y como lo entiendo yo y lo entendía Heidegger es el ‘ser-en-el-mundo’, es lo ontológico expresado en la experiencia vital. Esa es la poesía que yo hago. No puedo hacer una poesía quimérica, ontológica, para mí tiene que estar encarnada, tiene que tener vida, experiencia. Esa introspección del yo, del ser, pero de un ser dentro de un mundo, de una experiencia es la manera en que yo entiendo mi poesía.

 


Traigo uno de sus aforismos para que lo vincule con la victoria de Trump y el resurgir de los populismos en Europa. “Una sociedad amedrentada se hace vulnerable; por eso los poderes exageran las situaciones de riesgo. Después del pánico viene la sumisión”.


El miedo ha sido utilizado por infinidad de regímenes políticos para rebajar la libertad en favor de la seguridad. Agamben, un filósofo en la estela de Foucault, que ha desarrollado el tema de la biopolítica, utiliza el concepto de ‘estado de excepción’, en ‘Homo sacer II, 1’, y ahí la idea es la de cómo se utiliza el miedo para amedrentar y crear ese estado de excepción donde consentimos rebajar nuestra libertad y hacemos una concesión al poder para que ocupe ámbitos nuestros y lógicamente los aproveche. Pero el tema del populismo yo creo que tiene que ver fundamentalmente con las reacciones a la globalización, con los efectos de la globalización, fundamentalmente la precarización, el encogimiento y degradación de la clase media tan importante hasta ahora para mantener los equilibrios sociales. Ese efecto social de la globalización va a tener la consecuencia del populismo en el ámbito político, porque estos sectores que han sufrido el paro, el ostracismo, la degradación, la precarización laboral, reaccionan y no van a seguir votando a los partidos tradicionales sino que votarán otras opciones, populismos de izquierda o de derecha. No son iguales programáticamente, aunque pueda haber algunas coincidencias tácticas.

 

 

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No sé si está al cabo de la ley Wert y de sus implicaciones para la educación de nuestros jóvenes. Disminución drástica de la filosofía, aumento del valor de la doctrina religiosa ¿Es la enseñanza actual un instrumento de control o de liberación?

 

La enseñanza siempre ha sido un instrumento de control, en ocasiones permitía una cierta lucidez y a veces una cierta sabiduría, pero ahora fundamentalmente lo que estimula es la alienación y la hiperespecialización técnica al servicio de las empresas. Ya no sirve para formar ciudadanos cultos, cívicos. Hasta los estudios universitarios han devenido en una formación profesional especializada, habiendo desaparecido del ‘curriculum’ todo lo que tenía que ver con los valores y con los conocimientos humanísticos, porque se pretende una sociedad menos crítica y más alienada.

 


¿Conoce la obra poética de Leopoldo Panero o la de alguno de sus hijos, Juan Luis o Leopoldo María? Me gustaría que opinara sobre el ostracismo que sufrió el primero y sobre su consideración sobre las obras de sus hijos.

 

Leopoldo María ha sido un poeta que a mí me ha influido mucho, conozco toda su obra desde el principio. Creo que es uno de los grandes poetas españoles del siglo XX, justamente porque la irracionalidad entra dentro del poema con una lucidez tal que es desconocida en el resto de la poesía española. Es por estar en ese mundo entre la cordura y la enajenación por lo que se produce esa lucidez casi visionaria. La poesía de su padre es una poesía marcada por las circunstancias dramáticas, trágicas por las que pasó nuestro país, la guerra civil, pero no solo ocurre con la obra de él. Tanto en los que se quedaron como en los poetas del exilio estos elementos biográficos y sociopolíticos modificaron clarísimamente la recepción de su obra, la de unos porque se fueron tan lejos que dejamos de percibir la continuidad de su obra, la de los otros porque fueron convertidos en una especie de bandera, como lo que le pasó a Alberti, cuya obra también de esta manera resultó distorsionada, y otros, los que se quedaron, como le pasó a Panero, teniendo poemas de una gran calidad, estuvieron totalmente marcados por su opción vital, siendo muy difícil no prejuzgar…

 


Sí, pero lo que dicen los estudiosos actuales que han trabajado la obra de Panero, es que como Leopoldo Panero murió joven, antes de finalizar la dictadura de Franco, no pudo estar detrás de su rehabilitación como sí pudieron hacerlo otros, como Luis Rosales, Torrente Ballester etc. Luego está la obra, una obra por otra parte muy desigual. ¿Podemos entrar de una manera limpia, desprejuiciada, pero también sin los prejuicios reactivos que hoy por aquí abundan, o no? Es esa la cuestión, parece que hay una nueva entrada o que al menos se intenta un nuevo abordaje de su obra.

 

Tampoco creo que se pueda separar tan fácilmente la obra de la vida, lo que es un artificio…Otra cosa es que la vida que un poeta haya llevado no obsta para que la obra pueda ser enorme, le pasó a Ezra Pound con una obra poética inmensa a pesar de sus coqueteos con el fascismo. Quizá tiene que pasar tiempo. Lo que sucederá con Panero es que cuando las generaciones más implicadas con la guerra civil hayan desparecido, estaremos en condiciones de abordar primordialmente la calidad del texto.

 

 

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José N. Fuertes, crítico literario de Astorga Redacción ha dicho de ‘de Nadie’: tres partes tiene el libro. Ni mío, un mundo que tuvimos de prestado en nuestra vida efímera. Ni tuyo, maltratado, despojado, arrasado para los que ya están aquí continuándonos. Ni suyo, no será de nadie ya, a no ser que el amor y la belleza del amor como  en Empédocles invirtieran el ciclo, y el mundo ¿sería entonces 'de Nadie'?

 

Veo ahí una paradoja, pues cuando yo puse ese título lo que planteaba es que fuera ‘de Nadie’, porque es la única manera de que fuera de todos. La propiedad, el sentido de la propiedad ha desnaturalizado tanto las posesiones verdaderas, las posesiones del alma, de la inteligencia y lo ha enfangado tanto que tendríamos que eliminar todo, quedarnos con la nada, en este caso nadie, para que todo otra vez vuelva a ser de todos; esta es la cierta paradoja. El amor en este poemario tiene una gran importancia, lo ha tenido siempre en mi obra, lo mismo que lo ha tenido la muerte. Hay que entender en primer lugar que este libro está constituido por poemas que pertenecían a los libros de aforismos, eso no puede ser dejado de tener en cuenta, porque yo no quise en esos libros de aforismos que lo lírico desapareciera, pues tenían la función de la esencialidad y del amor, eran como esos puntales que sujetaban al libro en esa parte. Algunos de esos poemas no son explícitamente líricos, sino que son en cierto modo narrativos; cosa que cada vez va ganando más terreno en mi escritura, pues aparte de emocionar, aparte de reflexionar también tenemos que contar historias, la historia, la memoria tiene que ser contada. 

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