Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 13/12/2017
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Abel Aparicio
9/04/2017

La Vía de la Plata en bicicleta de montaña

De Babia a Sierra Morena, un viaje ancestral por la Cañada Real de la Vizana o de la Plata y otras vías pecuarias (Ed. Weneawe, 2010), este libro es el principal culpable del viaje en bicicleta de montaña de Mérida a Astorga -545 km- que emprendí junto a Iván y Vita, dos amiguetes de Santibáñez del Porma. Recorrer la Vía de la Plata, su tramo histórico -no lo que parece una nueva moda de unir Sevilla con Gijón- desde el primer miliario (señal colocada en las vías romanas cada 1.481 metros) en Augusta Emérita hasta el último en Astúrica Augusta, fue una gran experiencia y una forma cercana de ver el recorrido que hacían los pastores trashumantes, cuando aprovechaban este recorrido histórico para bajar sus ovejas en invierno desde las nevadas tierras leonesas hasta las más cálidas extremeñas.

El viaje comenzó en la estación de autobuses de Mérida un caluroso sábado de marzo de 2012. Nos montamos en las bicicletas y cruzamos el río Guadiana por el puente romano, esto nos llevó a la zona monumental que ya viera en un viaje anterior. En esta ocasión no la visitamos, ya que cuando llegamos estaba cerrada. Desayuno de dos buenas tostadas con jamón y a continuar con el viaje viendo los restos de un acueducto ya saliendo de la ciudad dirección Cáceres. Esta etapa la hicimos a un ritmo muy tranquilo, ya que era la primera y no era plan de forzar la máquina. Paramos a tomar algo en Aljucén y seguimos camino dirección Alcuestar pasando por un punto típico de la vía, la Cruz de Santiago, dejando atrás la provincia de Badajoz. En Alcuestar comimos en un bar lleno de fotos de la época Franquista, con militares y el clero como principales protagonistas, como anticipo a las innumerables cruces y placas en honor a los caídos por 'Dios y por España' que pude apreciar en los pueblos y ciudades por las que transcurre la vía.

 

 

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Después de comer continuamos el viaje pasando por Casas de Don Antonio, Aldea del Cano, Valdesalor y ya entrando en la ciudad de Cáceres sufrimos el primer pinchazo que solventamos sin problemas. Una vez en Cáceres nos dirigimos a un hostal donde nos dimos una buena ducha, ya que el albergue estaba lleno. A continuación, salimos a cenar y a tomarnos una buena copa acompañados por Mena, un amigo y anfitrión. Como todas las ciudades del estilo de Cáceres, en mi opinión tienen mayor encanto por la noche. Paseo y a dormir.

 

 

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Al día siguiente, empezamos a pedalear sobre las 12:30 y encima hicimos 10 km de más, consecuencias que trajo la complicada noche anterior. Ya en buena dirección, pasamos por Casar de Cáceres – donde es famosa la Torta del Casar – camino a Cañaveral, pueblo al que llegamos después de subir dos cuestas de pendiente considerable, la primera subiendo el embalse de Alcántara por el que pasan los ríos Almonte y Tajo y la segunda ya llegando al pueblo, donde comimos sobre las cinco y media de la tarde, coincidiendo con un gran número de moteros que venían de la fiesta del Valle del Jerte. Vuelta a pedalear y sobre las nueve llegamos a Galisteo pasando por las primeras dehesas, zonas ya verdes y muy recomendables de ver. En Galisteo dormimos en el albergue municipal, previa cena y paseo por el pueblo, que merece una pausada visita.

 

Después de Galisteo empieza la fiesta, las dos siguientes etapas son de las buenas. Pasamos por Aldehuela del Jerte, Carcaboso, Valdeobispoe hicimos el descanso en Venta Quemada a la sombra de un árbol. Justo en ese momento, salen de la venta sus dueños, típica imagen de señoritos terratenientes en su todoterreno (recomiendo el programa de Salvados basado en la Casa de Alba). Vuelta a las bicis y a recorrer dehesas y más dehesas hasta llegar al Arco de Cáparra, símbolo de la Vía y único arco cuadriforme de España. Seguimos pedaleando y llegamos a la N-630 que no abandonaremos hasta el final de la etapa. Sobre las dos de la tarde paramos a comer en un restaurante de carretera y después de recorrer un par de kilómetros, nos echamos a dormir una siesta de una hora más o menos, ¡Qué maravilla!

 

 

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En Aldeanueva del Camino, pueblo muy recomendable de visitar, Vita nos dejó durante un par de horas, ya que su rueda trasera estaba en las últimas y tuvo que ir hasta Hervás del Puerto para arreglarla. Pasamos por Baños de Montemayor, famoso por sus balnearios y aquí empezó la ascensión al puerto de Béjar, el cual subí con un poema de Manolo Chinato en la cabeza, con el que luego hablé en su pueblo, Puerto de Béjar, donde hicimos noche en el Ayuntamiento. Antes de dormir, cenamos en un bar del pueblo mientras mantuvimos una interesante conversación con las personas que allí se encontraban para acto seguido, dar un paseo por las calles del pueblo. Ese día, a falta de albergue, dormimos en el suelo del salón de plenos del ayuntamiento, pasando mucho  frío.

 

Puerto de Béjar pertenece a Salamanca, lo que quiere decir que atrás dejábamos Extremadura. Quiero recordar que en la Edad Media hubo en esta zona dos Extremaduras, la leonesa y la castellana, extremos de ambos reinos. Me gustaría insistir que por muchas veces que se diga una mentira, no se convierte verdad  y que tanto Salamanca como Zamora no son provincias castellanas, sino leonesas. Estaría bien que las personas encargadas de hacer guías sobre la Vía de la Plata tuvieran esto un poco más en cuenta.

 

A la mañana siguiente nos levantamos y tras varios kilómetros desayunamos en el albergue de Calzada de Bejar. Más adelante vinieron Valverde de Valdelacasa y Fuenterroble de Salvatierra, donde disfrutamos de un espectacular almuerzo en el bar que, sobre el mediodía, reunía a un gran número de vecinos. Atravesamos por varias dehesas, donde sufrimos un momento acojone –si se me permite la expresión- con una vaquilla. Posteriormente bordeamos el Pico la Dueña, el punto más alto de la Vía de la Plata, ya que para los ciclistas hay un desvío. Continuamos por camino hasta Pedrosillo de los Aires, donde paramos a tomar algo. A Iván y a Vita les gusta el turismo de bar y yo que soy fácil de convencer… Ya por carretera pasamos por Monterrubio, Morille, Aldeatejada y llegamos a Salamanca, entrando por el puente sobre el rio Tormes. Desde aquí al albergue, que está al lado del jardín de Calisto y Melibea (Personajes de La Celestina) y a tomar cañas después de una refrescante ducha y breve descanso. Salamanca es impresionante, grandes recuerdos tengo de esta ciudad. Visita nocturna por la zona de la  Universidad, la Casa de las Conchas, la Plaza Mayor, Anaya y a dormir.

 

 

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Por la mañana temprano dejamos el albergue y nos dirigimos por la calle Zamora a la salida de la ciudad, donde nos incorporamos a la N-630 que casi no abandonaríamos hasta la capital zamorana. Pasamos por Aldeaseca de Armuña, Castellanos de Villaquera, Calzada de Vandunciel y El cubo de la Tierra del Vino, donde tomamos las cañas correspondientes en un pueblo que, pese a su nombre, no cuenta con viñedos, ya que la filoxera (insecto hemíptero,oriundo de América del Norte) en el siglo XIX acabo con ellos. Una vez descansados y todo por carretera, llegamos a Zamora, ciudad a la que entramos por el puente sobre el rio Duero dirección al albergue, que para mí, fue el mejor de la Vía de la Plata. Paseo por la ciudad, con especial interés a la puerta de la lealtad en honor a Bellido Dolfos, anteriormente mal llamada puerta de la traición. Cañas, cena de tapeo y a dormir.

 

Al día siguiente el recorrido fue de Zamora a Benavente, pasando por Roales del Pan, el vacío embalse de Ricobayo en Montamarta, Fontanillas de Castro, Riego del Camino, Granja de Moreruela-donde nace el desvío para llegar a Santiago por el Camino Sanabrés-, Santovenia del Esla, Villaveza del Agua, Barcial del Barco, Villanueva del Azoague y Benavente, donde dormimos en su albergue situado en uno de los edificios de la estación de tren. Visita a la ciudad, cena y a dormir.

 

Destacar el puente ferroviario sobre el Esla. El tren que unía las localidades de Astorga y Plasencia, conocido como tren del oeste o Ruta de la Plata, fue abandonado con nocturnidad y alevosía un 31 de diciembre de 1984 por un gobierno que se dice socialista. Orgulloso, ahí sigue, esperando que los vagones vuelvan a circular por esta parte del oeste mágico. Ahora que un potente movimiento está reivindicando este trazado ferroviario, no estaría de más recordar a los que solicitan una vía verde, que ya existe algo muy similar y se llama Vía de la Plata.

 

 

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A la mañana siguiente, recorrimos el último tramo, Benavente-Astorga, pasando por Maire de Castroponce, por Alija del Infantado y su puente de la Vizana, La Nora, Genestacio, Quintana, Villanueva de Jamúz, Santa Elena y La Bañeza, donde tomamos buenas cañas y buenas tapas. Ya en el tramo final y, todo por camino, pasamos por Palacios de la Valduerna hasta Celada y de aquí a Astorga, ciudad final de camino y que no cuenta ni con un solo panel que haga referencia a esta Vía. ¡Reto superado!

 

 

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Estaría bien que el Ayuntamiento de Astorga ofreciese un documento acreditativo, similar a la Credencial del Camino de Santiago, a la que se entrega en Fisterra como epílogo del Camino o en Oviedo por el Camín del Salvador. Sería una forma más de promocionar esta vía histórica.

 

Como leí en el libro de Justiniano Rodríguez Fernández, De historia leonesa (Imprenta provincial 1961):

 

Hay factores esenciales en la estructura o en el desarrollo de los pueblos, que todos deberíamos conocer desde la infancia; y este viejo camino romano ha de contarse entre ellos. La enseñanza escolar debe darle en León el mejor capítulo de sus libros de historia, y las autoridades públicas la representación adecuada en un monumento que perpetúe su nombre.

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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