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SEMANA SANTA
Redacción
14/04/2017

"El barrio el que se despuebla para acompañar a Cristo"

El mediodía del Viernes Santo es para el Bendito Cristo de los Afligidos que sale en procesión desde el arrabal de San Andrés para dirigirse a la Catedral donde en el atrio tiene lugar el sermón de Las Siete Palabras y una vez finalizado regresa al cabildo donde la cofradía reparte 'El pan del Cristo'. Completamos la crónica con un texto de Esteban Carro Celada y un poema de Jorge Luis Borges.

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Fragmento introductorio de la retransmisión en directo realizada por Radio Popular de Astorga el Viernes Santo, 20 de abril de 1962, a las 12 horas desde la Plaza Mayor: Procesión del Cristo de los Afligidos y Sermón de las Siete Palabras, con guión de Esteban Caro Celada.

 

La procesión de San Andrés de Astorga no tiene otros elementos que la avalen más que un importante Cristo de madera, con una expresión de colosal aflicción que transportan los hijos del Barrio entre un arsenal de capuchines puntiagudos, rojos o como una llama, limpios como un clavel, hermosos sobre la negrura de las túnicas, rojo sobre negro. Pero los cofrades no lo son todo. Es el barrio el que se despuebla para acompañar a Cristo nuestro Señor, el afligido. Y se deshabitan las casas y no hay hombre ni mujer que deje solo a Cristo cuando desfila por las calles y por las plazas. Es un desfilar y discurrir sereno y oracional. Los cantos de penitencia alternan con los cantos del Viacrucis y las oraciones son densas. Podemos afirmar que es la oración en que la devoción absorbe más la persona. Y el espectáculo dejan de ser los pasos para serlo el ejemplo viviente de los que discurren por nuestras calles, sabiendo que son mirados, pero principalmente porque ese su Cristo doliente es de tal devoción y tan querido en el barrio que como digo no hay nadie que lo deje solo cuando sale y asciende entre nosotros.

 

 

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Lucas, XXIII

 

Gentil o hebreo o simplemente un hombre

cuya cara en el tiempo se ha perdido;

ya no rescataremos del olvido

las silenciosas letras de su nombre.

Supo de la clemencia lo que puede

saber un bandolero que Judea

clava a una cruz. Del tiempo que antecede

nada alcanzamos hoy. En su tarea

última de morir crucificado

oyó, entre los escarnios de la gente,

que el que estaba muriéndose a su lado

era Dios y le dijo ciegamente:

Acuérdate de mí cuando vinieres

a tu reino, y la voz inconcebible

que un día juzgará a todos los seres

le prometió desde la Cruz terrible

el Paraíso. Nada más dijeron

hasta que vino el fin, pero la historia

no dejará que muera la memoria

de aquella tarde en que los dos murieron.

Oh amigos, la inocencia de este amigo

de Jesucristo, ese candor que hizo

que pidiera y ganara el Paraíso

desde las ignominias del castigo,

era el que tantas veces al pecado

lo arrojó y al azar ensangrentado.

 

        

              Jorge Luis Borges

 

 

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