Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 18/11/2017
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Javier Huerta
15/04/2017

Estulticia

 

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En mi última saeta escribía sobre Erasmo de Róterdam, el autor de la Stultitiae Laus o Elogio de la locura, que no saldría de su asombro, de vivir hoy, al constatar cómo la estulticia humana, lejos de disminuir, crece con el paso de los siglos. Una buena muestra de ello es el reciente debate sobre las pinturas colgadas en el Parlamento de las Canarias, alusivas a la conquista de las Islas Afortunadas por los españoles peninsulares, caracterizados por la maldad y la rapiña, frente a los guanches, la población indígena llena de virtudes y valores, una gran cultura, sin duda, nada que ver con la hispánica, imperialista, que dio como frutos las abominables novelas de Galdós, que además se marchó a Madrid… En otros lugares eliminan las estatuas de Colón, ese genocida imperdonable (no en balde se dice que era judío), y cuestionan la empresa de los Reyes Católicos, los inventores del falangismo. En breve los estultos (vulgo tontos del haba o tontolabas) proscribirán los Santiagos Matamoros que presiden tantos retablos de iglesias (entre ellas, la de Brazuelo, mi pueblo materno), el mestizaje de los conquistadores con los indígenas, Cortés con la Malinche, qué perversión sexual, y el auge del castellano, que frente a tanta lengua nativa, hace que todo un continente se entienda desde Nueva York a la Patagonia…

 

Con el tiempo y una caña, aunque se ve que no son muy leídos, los estultos someterán la historia de la literatura a un fiero e implacable escrutinio, al final del cual quedarán definitivamente eliminadas las páginas más abyectas de los tenidos como grandes escritores: la condena a los sodomitas de Dante en su Inferno, las prosas misóginas de Quevedo, las tragedias de honra de Shakespeare y Calderón, las novelas taurinas de Hemingway, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, ese torturador infame al que cantara un tal Federico García Lorca, no en vano era un escritor de derechas, el machismo del Tenorio, el carlismo de Valle-Inclán, y la religiosidad de Cervantes (el Persiles no lo debió escribir él sino un fraile camuflado de la Orden Tercera), incluida aquella ocurrencia infame de considerar Lepanto “la más alta ocasión que vieron los siglos” y no un primitivo y ya superado choque de civilizaciones, hoy felizmente reencontradas en el paraíso del buenismo en que vivimos, nosotros los hijos de Rousseau, aquel pensador francés que creía en el ‘buen salvaje’, ¡caramba con el oxímoron!.

 

Por el contrario, la maravillosa corrección política de los estultos reivindicará el canibalismo de las tribus indígenas precolombinas, el régimen esclavista por el que se regían, la sensibilidad que por los derechos de la mujer y el ejercicio de la homosexualidad ha mostrado el Islam desde Mahoma a Ahmanideyad, la virtud de los nacionalismos minoritarios (no así los mayoritarios, que esos son puro fascismo), y la revolución pendiente del comunismo, una ideología cuyos efectos benéficos y salvíficos conocen tantos de Stalin a Kim Jong-un, el muy querido líder de Corea del Norte, etc.

 

Y, en fin, ese Erasmo redivivo podría concluir citando el Eclesiastés: “Stultorum infinitus est numerus”, aunque en balde, porque los estultos reniegan del latín, esa lengua reaccionaria de los curas…

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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