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SEMANA SANTA
Redacción
16/04/2017

La voz políglota del Cristo resucitado

La Semana Santa de Astorga ha finalizado con la procesión del Resucitado organizada por la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Confalón, protagonizada por la Virgen del Amor Hermoso, que ha salido de la iglesia de Santa Marta para encontrarse con el Resucitado en el atrio de la Catedral. De vuelta al cabildo, la cofradía ha repartido los típicos huevos de Pascua a todos los niños participantes en la procesión. Completamos la crónica con un texto de Esteban Carro Celada y un poema de José Ángel Valente.

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Fragmentos del escrito de Esteban Carro Celada, leído en Radio Popular de Astorga, posiblemente en la mañana del Domingo de Pascua, allá por el mes de abril del año 1962.

 

 

Cristo escribe cartas en la mañana de Pascua

 

¿Fue Cristo escritor de cartas? En la mañana de Pascua de Resurrección, cuando todo recupera su pulso, la voz de Cristo resurrecto tiene unas cuantas inflexiones. Porque su voz es políglota, conoce todos los idiomas…Entonces Cristo se aparece a un hombrecillo de la India y le dice: no temas, he resucitado. Y el hombrecillo encuentra trabajo el siguiente día en una gran fábrica de alpargatas en Madrás. Y Cristo que tiene que andar de vuelo en vuelo. Andar es un modo de decir, se posa ahora en un salón de té en el que hay dos novios… He resucitado, les dice Cristo, y ellos fruncen el entrecejo. Y sus palabras suenan como la lluvia en invierno sobre el lago, como una cantinela o canción. Cristo quiso que le escuchasen y solo tuvo que pronunciar esta palabra: Mañana tendréis piso. Tendréis disponible vuestro nidito. Y dejaron de hacer el tórtolo, porque ya habían encontrado el verdadero amor.

 

Y Cristo tomó su estandarte de la resurrección y con sus cinco llagas refulgentes se acercó hasta la puerta de una fábrica del norte de Francia. ¿Qué os pasa? –Aún estamos de huelga. –Mañana amanecerá el signo de vuestra victoria. Os subirán el sueldo.

 

Y la monjita dulce que plancha corporales tenía escrúpulos de si sería lícito respirar hondamente la primavera. Y Cristo hizo florecer una varita deliciosa de nardo sobre su ventana con celosías (…).

 

(…) Y Cristo dice aleluya y toda la tierra se convierte en una flor de aleluyas. Trenes de aleluyas para el señor Cristo resucitado que le llegan en trineos, trenes de aleluya para el señor Kennedy que le llegan en aviones ‘consteleison’, trenes para De Gaulle, que le llegan por los trenes veloces, trenes de alegría para todos los jefes de Estado del mundo para que tengan manos de distribución y las ofrezcan graciosamente. Alegría para toda la tierra, alegría para las estrellas que lucen de otra manera, alegría para el sol que se pone rubio, alegría para los árboles que danzan y riman una nueva canción. Alegría para la nube, alegría para el clavel, alegría para la primavera que anda errante por las humaredas de un invierno que no acaba de quemarse, que pervive colosalmente y no sé por qué razones ni motivos. (…)

 

 

 

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José Ángel Valente aborda en ‘Muerte y resurrección’, un poema de ‘Mandorla’ (1982),  la estupefacción del sepulcro vacío.

 

No estabas tú, estaban tus despojos.

Luego y después de tanto

morir no estaba el cuerpo

de la muerte.

                Morir

no tiene cuerpo.

                Estaba

translúcido el lugar

donde tu cuerpo estuvo.

La piedra había sido removida.

No estabas tú, tu cuerpo, estaba

sobrevivida al fin la transparencia.

 

 

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