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Mercedes Unzeta Gullón
5/05/2017

Irresponsabilidad como atributo honorífico

 

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Según el artículo 56.3 de la Constitución el Rey es inviolable e irresponsable. ¿Cómo se puede blindar así a una persona? ¿A quién de los próceres de la Constitución se le ocurrió semejante disparate? Carta blanca para el Rey. ¡Haga lo que haga está exento de toda responsabilidad! ¿Pero cómo se pudo aprobar una cosa así y más teniendo una historia borbónica como la que tenemos? Es, prácticamente, crear un descerebrado. Y… tenemos lo que tenemos.

 

Un posible hijo bastardo del Rey, por ejemplo.

 

Este camarero catalán que afirma ser hijo de nuestro Rey emérito y hay suficientes pruebas contundentes como para creérselo. Es genéticamente hermano de otra supuesta hija, ésta belga, que también reclama su paternidad. Este camarero tiene datos y documentos que avalan su teoría. Pide y reclama prueba de ADN del Rey. Pero no se ha admitido a trámite en los juzgados porque el Rey tiene el atributo de la irresponsabilidad. Ahora que ya no es rey ya veremos cómo sortea la cuestión. Porque este modesto camarero es muy parecido a su probable bisabuelo Alfonso XIII, pero yo le encuentro tremendamente parecido a Eduardo VIII de Inglaterra, que sería su tío bisabuelo, el hermano de la reina Victoria Eugenia, la mujer de Alfonso XIII. La genética tiene sus juegos, y el Rey tiene protegida su irresponsabilidad.

 

Imagino que tendrá cierto temor a que se abra la vía de los bastardos y empiece a crecer su prole. La sustanciosa herencia tendría que trocearla en muchas partiditas.

 

El dinero que apareció en sus cuentas en Suiza. Dice que es herencia de su padre. Pero herencia o no tendría que haber pagado a Hacienda por ello. Es una justificación muy socorrida y demasiado utilizada últimamente por los ‘pillados’. Salió a la luz ese dinero desterrado y se volvió a la oscuridad sin que nadie dijera más nada. El Rey no tiene obligación de ser responsable, según el artículo 56.3.

 

Don Juan Carlos parece que llegó a Rey sin un duro (todavía no había heredado), y ante la posibilidad de que le pasara lo que a su antecesor, su abuelo Alfonso XIII, que tuvo que salir por piernas del país llevándose lo más que pudo, este nieto avispado decidió ir acumulando por si acaso. Y el acaso es que ha acumulado muchos miles de millones. Las comisiones del petróleo que compra España a los países árabes le suponen inmensos beneficios. O las comisiones de las empresas que consiguen sus contratas en el extranjero como el AVE a la Meca.  Ayudado, entre otros, por su amiguísimo testaferro Manuel de Prado y Colón de Carvajal. Otro que tenía muy pocos duros y desde que el Rey se hizo Rey llegó a acumular muchísimo dinero, imposible de cuantificar. Ante estos desmedidos e ilegales manejos dinerarios, como son fruto de la blindada irresponsabilidad del Rey, hay que bajar la cabeza y mirar para otro lado.

 

Ni qué hablar de los negocios con su yerno el Urdangarín. Ha salido infinidad de veces en el juicio que el Rey daba el visto bueno a todos los afanes de este ambicioso marido de su hija. Era evidente que el Rey estaba detrás. Qué bueno que existe este artículo de la Constitución, que puede ser irresponsable.

 

Tenemos también a la famosa Corina, introducida en palacio y en asuntos de Estado, gestionando, manejando, viajando oficialmente y haciendo sus negocios a costa de nuestro País. Qué graciosamente irresponsable es nuestro adorado rey con el artículo 56.3 de la Constitución en el bolsillo.

 

Y no hablemos de todas sus amantes conocidas y no conocidas. Ahora se levanta la veda y empiezan a conocerse sus galanuras. Sale a la luz la amada Marta Gayá. Desde luego le ha costado buenos dineros al erario público estos devaneos. Tenía picaderos por media España, con el sistema de seguridad que ello supone. ¡Qué simpático donjuanesco más irresponsable! Qué articulo de Constitución más adecuado.

 

Luego están sus otras cacerías. Estas de elefantes y otros animales. Qué vergüenza. Y qué mermado de dignidad en la petición de perdón como un niño pillado en falta. Qué irresponsabilidad más escudada.

 

Y pasamos a algo mucho más serio. Su participación en el 23 F. La moto que nos llevan vendiendo 35 años de que salvó la democracia es algo tan pueril que da vergüenza. A estas alturas ya se van soltando las lenguas que sabían lo que pasó realmente. Dicen que el tiempo lo pone todo en su sitio. Ya ha pasado bastante tiempo y empieza a brotar la verdad. Hay ya muchos que vivieron en directo la situación y empiezan a hablar. Personas de mucha solvencia y credibilidad como agentes del CSID, que cuentan cómo ellos, el Centro  Superior de Información de la Defensa, la agencia de inteligencia española hasta el 2002, estuvieron implicados en el golpe por órdenes de lo más alto del Estado. O el mismo General Sabino Fernández Campo, que en ese crítico momento era el Secretario General de la Casa del Rey. Él cuenta en sus memorias cómo horrorizado se enteró sobre la marcha, en la Zarzuela, de que el Rey estaba implicado en lo que estaba pasando. Detalla cómo le oyó decir, en los momentos claves, en una conversación telefónica con su amiguísimo el General Armada: “Qué está pasando, los tiros no estaban previstos”. Sabino narra que recordó a Juan Carlos lo que le pasó a su abuelo por un hecho similar. Le costó el trono. Apoyó el golpe de Primo de Rivera y tuvo que irse con las maletas. Le hizo ver que se estaba jugando su ventajoso puesto y el de sus descendientes. Se jugaba de nuevo la monarquía. Parece que ante argumentos tan sólidos el monarca se asustó. Le vino a la memoria, como un relámpago, las circunstancias del desdichado exilio de sus padres, y suyo. No le gustó tal posibilidad y decidió dar marcha atrás. A partir de ese momento todo giró para salir de ese atolladero en el que el irresponsable Rey se había metido y nos había metido. “Ni está ni se le espera”, famosa frase telefónica del Teniente General Sabino a otro general, que estaba en el ‘meollo’ a la espera de arrancar, refiriéndose al General Armada en Zarzuela. Frase que según muchos nos libró de una buena.

 

La vuelta de tuerca le resultó altamente beneficiosa a nuestro Rey porque en lugar de salir culpable de aquel embolado salió salvador. Y con ese hábil giro se aseguró el trono in saecula saeculorum (por los siglos de los siglos). Y desde entonces el eslogan de salvador de la democracia nos lo hemos tragado, bien masticado, de primer plato, de segundo y de postre. El monarca es inviolable e irresponsable. Punto.

 

El artículo 56.3 de la Constitución dice: La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo.

 

El artículo 64 dice: Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes.

 

De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden.

 

Ahhh, entonces, el Rey no es tan inviolable ni está tan protegida su irresponsabilidad como nos están contando. Según los artículos de nuestra Constitución, la responsabilidad última de los actos del Rey es del Gobierno de la Nación.

 

 Ahhh, ¿En qué pensaban entonces los gobiernos que han refrendado todas las pillerías del irresponsable monarca?

 

O témpora, o mores

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