Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 20/09/2017
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Lala Isla
30/04/2017

Destrozos y desequilibrios de la guerra en familias astorganas

Lala Isla concluye en esa quinta entrega su indagación por el imaginario sobre la guerra Civil en ciertas familias astorganas. Nos permite entrever en este último escrito los aerolitos mentales que horadaron de por vida en algunos individuos al tener que comerse sus repulgos

 

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(...)

 

Otra persona que me dio su versión de los primeros días del golpe de estado fue Pilar Romero Miguélez en una entrevista que le hice en Londres cuando vino a visitar a su hija Ana, gran amiga mía: “Nos habíamos  ido a Astorga en el último tren que salió de Madrid, el día 13 de julio, que fue cuando mataron a Calvo Sotelo, por eso tuvimos que ir en el metro porque la ciudad estaba revolucionada. Pensábamos quedarnos más en Astorga, hasta que mi padre encontrara una casa en Vigo, lo habían destinado allí, y después irnos pero como la cosa se puso tan fea con los camiones aquellos llenos de rojos (los mineros) que venían desde Asturias, pues nos dio miedo. A mi madre le dio un ataque de nervios, yo reaccioné y arreglé la cosa en un periquete, el miedo te hace reaccionar, porque en una situación normal habría tardado en solucionarse. Mi padre se tuvo que marchar porque debía incorporarse a su cargo en la Marina, no le quedó otro remedio, pero mi madre, mi hermano y yo nos quedamos en Astorga. Tiene mucha gracia porque yo me subí a la muralla, ya sabes que nuestro jardín era un trozo de la muralla de Astorga justo sobre el principio de la cuesta que iba a la estación, para ver al churrero que nos llevaba el equipaje. Quería ver como se iba a estrellar el burro porque el carrín aquel del churrero era muy enclenque. Luego nos fuimos y nos quedamos en Redondela. Cuando estalló el Movimiento los primeros de la lista, los que iban a pasear los rojos (como represalia por el golpe del 18 de julio), eran el obispo, los de Gullón y nosotros, los demás ya vendrían después. Entonces detuvieron a todos los amigos de mi hermano y éste, más listo que los otros, se escondió, desapareció, y vino a las tantas diciendo que había estado cazando mariposas. Como le gustaba pintar pensaron que era una extravagancia suya. La cosa estaba muy mal, a Tirso y todos aquellos los detuvieron.” Se refiere a los hombres de derecha que meten en la cárcel las autoridades republicanas para evitar que se unan al reciente golpe de estado. 

 

Tío Pepín escribe lo siguiente en El Faro (7.8.1986): "Se fortifican las entradas a la ciudad con sacos terreros y ametralladoras y se estableció una cadena de prisioneros, maniatados, la mano izquierda de uno con la derecha del siguiente para disuadir a posibles atacantes." Supongo que éstos son los que vería tía haciendo de tope en la carretera de León para impedir que pasaran fuerzas republicanas cuando venía con la bicicleta del río o de un merendero llamado Miraflores y que tanto le impresionaron.

 

Al llegar un día a su casa y enterarse de que habían fusilado al alcalde y al director del Centro de Higiene le dio tal reacción por la injusticia cometida  que se puso malísima con un golpe de fiebre muy alta.

 

 

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Según mi madre, establecido ya el golpe de estado en Astorga llevan por la ciudad a los presos republicanos que acaban de coger, supongo que se refería a los que se rinden en el Ayuntamiento: "Yo pasaba por allí y me encontré con un grupo grande de gente que los estaba viendo (a los presos) y fulana de tal, que presumía de ser muy católica, era  la madre del cura ese que luego se hizo escritor famoso, empezó a gritarles desaforadamente en plena calle: ´¡Que los maten! ¡Que los maten a todos!´ Me dio tal horror el comportamiento de esa señora que me tuve que agarrar a una pared y me puse a vomitar allí mismo. ¿A eso le llaman ser cristiano? Lo peor era encontrármela luego por la calle porque me acordaba de todo y se me revolvía el estómago." Es una historia que le debió impresionar bastante porque la repitió muchas veces  así como haber visto a la chusma maltratar al alcalde Carro. Cuando vi la película ‘La Lengua de las Mariposas’ pensé en esta historia. También le impresionó la actitud hipócrita de la jefa de Falange que se rió de ella tratándola de boba cuando ésta se quedó helada por algo que hizo la otra abusando de su poder. Mi madre no fue la única que me habló del maltrato a estos presos republicanos pues Josefina Alonso, la hermana del ‘topo’ de La Bañeza, a quien entrevisté largamente, se refirió a lo mismo repitiendo las palabras de un hombre que se había refugiado en su casa y al que acabaron fusilando: “(fulano) se había encontrao allí cuando cogieron al alcalde de Astorga y debió de ser horrible porque él lloraba como un crío, se sentaba allí en la escalera, porque vivía en mi casa, y decía: ¿Pero cómo pueden hacer esto? ¿pero cómo? Les escupían (al alcalde y otros presos), les tiraban cosas’, dice que fue horroroso. Ya te digo, llorando como un crío.” 

 

 

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Mi madre me dijo lo siguiente sobre los primeros días de la guerra: “En la fábrica había un obrero –Bautista- que Papá trajo de Carcabuey (el pueblo de Córdoba de donde procedía su padre desterrado a Santiagomillas). Era muy de izquierdas y ocultó una pistola en la fábrica. Con la guerra ya empezada vino un día la policía a buscar la pistola y lo metió en la cárcel pero no le pasó nada, no sé si abuelo intercedería. Al final se fue de Astorga.” José Cabañas me dijo en noviembre de 2010: “Te transcribo lo que aparece en el Auto Resumen de un Consejo de Guerra de Astorga, el de la Causa 427/1936, en el que juzgan el 2 y 3 de febrero de 1937 a 19, del que resultan 7 penas de muerte, 7 condenas a cadena perpetua, y 3 a 20 años de prisión.  Uno de los condenados a cadena perpetua fue Juan Bautista Galisteo Ortiz, y  era a lo que parece empleado de tu abuelo. La declaración de tu abuelo fue la siguiente:  'El testigo Don José Ortiz, industrial de esta ciudad, es interrogado por el Señor Cadórniga (era abogado defensor de un grupo de los procesados), y a sus preguntas dice que conoce al procesado Juan Bautista Galisteo Ortiz por llevar encargado del taller del declarante desde el año 1921; que le merece buen concepto como empleado; que no sabe si estaba afiliado a partido político alguno; que nunca le oyó manifestarse en sentido subversivo ni izquierdista; que no le cree revolucionario, ni le vio con armas ni tampoco intervenir en propaganda; seguidamente es interrogada por el mismo defensor la testigo Doña Rosario Murias, dueña de la fonda donde el procesado Juan Bautista Galisteo Ortiz se hospedaba...”'   Su segundo apellido –Ortiz- es el primero de mi abuelo. ¿Eran familia? De todas maneras Ortiz es un apellido muy común en Carcabuey. Mi abuelo tenía que saber de sobras lo que hacía este hombre. En el libro de Cabañas antes mencionado, en el apartado ‘El golpe militar en Astorga’  del capítulo ‘El 20 de julio (hasta Astorga en la era azul)’ hay la siguiente mención a Galisteo Ortiz hablando del juicio sumarísimo que se le hace al alcalde y a otros astorganos: "También se presentaron entonces en la Casa Consistorial espontáneamente algunos, como Juan Bautista Galisteo Ortiz (natural de Carcabuey, en Córdoba, era desde 1921 encargado en el taller de Gráficas Ortiz, con cuyo dueño compartía los mismos orígenes cordobeses), dispuesto a defenderla contra los fascistas si era necesario, al que se facilitaría una pistola”.

 

 

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Lidia Latyszeva Kovalska, viuda de tío Pepín, me contó que mi abuelo, “al ver a Pepín saliendo de casa para ir a afiliarse en Falange, le dijo: ‘Hijo, mira a ver si es conveniente que me inscriba yo también’”. Pensé en la película ‘El Conformista’ dirigida por Bertolucci.  Mucho miedo debió sentir para pedirle a su hijo pequeño  algo así porque mi madre, antes de morir, me contó que él había tenido simpatías anarquistas, cosa que yo no había oído nunca. No sé si la familia lo ocultó como una negación más de la realidad o fue una represión inconsciente por el temor con que se vivía en aquella época. A nivel ideológico lo tenían bastante más complicado que en la familia paterna donde todo se simplificaba en lo blanco o lo negro, los buenos los franquistas, los malos los rojos. Ahora me pregunto qué debió pensar mi abuelo materno cuando sus dos hijos varones se alistaron en el ejército golpista y me viene a la memoria una anécdota que contaba tío Pepín de cuando acabó sus estudios  en la Escuela Naval después de acabar la guerra. Su padre no fue al acto de fin de carrera en Marín, donde estaban todas las familias de los jóvenes recién licenciados, y a él le extrañó, es una de las cosas que mencionó  las últimas veces que le vi, fue el único que ese día no tuvo la visita de algún pariente. ¿Mi abuelo no pudo o no quiso ir? Viajaba tanto por el extranjero que no se le ponían las distancias por medio y sin embargo se quedó en casa en ese momento tan importante para su hijo. ¿Le repelió el ambiente de la Academia Naval? Eso no fue óbice para decirle a tío Pepín que estaba orgullosísimo de él.   
    

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