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Eloy Rubio
7/05/2017

Valdespino de Somoza pidió buena cosecha a San Gregorio

 

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Hasta hace bien poco la celebración de San Gregorio tenía en Valdespino de Somoza una significación profunda, era la corriente que unía la vida humana con el mundo vegetal, por eso la petición al santo por una buena cosecha era una invocación a las fuerzas profundas de la naturaleza. Todavía permanecerá en Astorga la Virgen del Castro hasta que termine el novenario, una buena conjunción de bendiciones para que el  campo responda a las necesidades y requerimientos humanos.

 

La bendición de los campos era el día de San Gregorio, ahora se bendicen el domingo más próximo a su festividad. La procesión precedida de las cruces sacramental y de la cofradía, centraba la atención en la imagen del santo a la que seguían la talla de la Virgen y las autoridades civiles y eclesiásticas. Hoy en día el santo permanece 'convaleciente' de una carcoma que le afecta la pierna derecha, en la iglesia, con la puerta entornada, a la espera de que su séquito retorne. Pero San Gregorio ya tiene vez con los restauradores que es como decir que estuviera en la lista de la Seguridad Social.

 

 

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La fiesta se compartía con las de los pueblos vecinos del Val de San Lorenzo -que celebraba sus rogativas en la víspera de la Ascensión- y el Val de San Román que bendecía sus campos el día de San Marcos.


Eran famosas las meriendas campales de los forasteros, de las que solo quedan como resto, la comida a la que asisten los familiares y amigos que viven fuera del pueblo, muchos de los cuales son precisamente de esos pueblos circunvecinos. La fiesta terminaba con los juegos de bolos y los bailes, hasta que avanzada la tarde, el sacristán del pueblo donde era la fiesta daba la orden de partir.


Según comenta Ricardo García Escudero en su libro 'Por tierras maragatas': “Terminado el último ‘Regina coeli laetare’, sacerdotes y pueblos a grandes voces se despiden con las consabidas frases de ¡Adiós arveyos!, ¡adiós valuros!, ¡adiós burbillos!...Y con estruendosos toques desacompasados de los tambores, se forma una algazara bien rara, lo que constituye la salsa de esta fiesta, lo que jamás ha producido ni la más leve molestia, ni el más insignificante disgusto, antes, por el contrario, mucha y muy celebrada gracia.”

 

 

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Tras la celebración de la misa, en el casino de Valdespino, como viene siendo habitual, los asistentes son convidados a un aperitivo en honor de San Gregorio del que no cabe duda que tendrá una saludable restauración. Así se lo deseamos

 

 

 

 

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