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Ángel Alonso Carracedo
11/05/2017

Manos entrelazadas

 

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Apuesto, y no pierdo, que tú nunca lo has sabido. Lo tengo fresco en la memoria, pese a que fue hace mucho tiempo, más de cuarenta años. Yo era un chaval en la edad siniestra del pavo y tú una niña de cara regordeta, peinado el cabello con trenzas. Mirabas con visible envidia nuestros movimientos de pandilla de chicos y chicas tocados por la fortuna, sin más preocupación que pasarlo bien a tontas y a locas. Cuando percibíamos tu presencia no recibías más que esa indiferencia con la que una supuesta superioridad castiga y maltrata a una inferioridad no menos hipotética. Pero nos observabas con el ansia de un choque de miradas que te hiciera sentir algo o alguien. Por nuestra parte, hablo por mí, y hoy lo lamento, jamás te concedimos aquel ruego que solamente hablaba con unos ojos, los tuyos.


Recuerdo, fui testigo, una vez en que una de nuestras amigas, muy mona, presumida, simpática, de las de familia bien del lugar, por la que bebía los vientos, te recriminó no se qué, posiblemente una de tus curiosas e inofensivas ojeadas, puede que una intromisión sin más pretensión que conversar,  y lo hizo con esa crueldad y ensañamiento del que se sabe fuerte ante un pretendidamente débil, o propios de esa etapa de la existencia en las que posesiones y territorios se defienden con instinto y adrenalina, más que con razón y templanza. Tu envase exterior, el barniz, no respondía a los arquetipos estéticos admirados de la época. Los años, la mejor escuela de la vida, me hicieron saber de la supina estupidez de prejuzgar a las personas por cánones de belleza tópicos y superficiales o vestimentas de dudoso gusto en ciertos códigos de moda pija. Pero aquella etapa vital todavía no era mi tiempo de madurez y equilibrio. Vivía preso de una dictadura hormonal. 


Debo confesarte que lo que te hizo y dijo aquella amiga con ribetes de novieta, una auténtica reina de la pandilla con la que jugaba a hombre de mundo, de vuelta de todo, no me gustó: me hizo sentir incómodo con la entonces incipiente conciencia de mis principios que, con el tiempo, tomaron forma y se asentaron en el respeto a cualquiera  sin contrapesos acomodaticios, sobre todo de forma. Pero entonces callé, Me dejé llevar por su hipnótica caída de ojos y por anhelos de conquistas y proezas amorosas que pugnaban como volcán a punto de eructar.

 
Pasaron los años, y no hubo verano u otra vacación que no me cruzase en tu camino muchos días, pues había cercanía de domicilios familiares. Era yo quien bajaba los ojos, como avergonzado de mi cobarde complicidad con lo fácil. Eludía observarte, pero no tanto como para verte en tu permanente soledad, en tu mirada como ausente y perdida a la búsqueda incesante de un sueño en forma de humana compañía. Te conformabas, mientras tanto, con un perrillo, de esos de mil leches, de piernas y manos cortas, aunque vivaracho, y con su buena dosis de malas pulgas hacia los ajenos, como debe ser, dado su arquetipo canino, que, sin dudarlo, te concedió miles de esas complicidades bienhechoras que sólo saben dar estos animalillos, justamente reconocidos, aunque no siempre tratados, como el mejor amigo del hombre. Pero tú seguías caminando sola, en un silencio ensordecedor. Y yo recibiendo, con esa visión, el sopapo por mi desdén de hacía tantos años.


En la última de nuestras coincidencias escondidas, la historia de este juego de miradas dio un giro de ciento ochenta grados. Me costó reconocerte. Paseabas con tu sempiterno perro, pero ahora, también, junto a un hombre. Te adornabas de una sonrisa exultante, de paso firme y decidido, hablabas sin parar, gesticulando sin reparos, liberada de complejos, y mis ojos se posaron en unas manos fuertemente entrelazadas, como soldadas para siempre, como asiendo el mundo completo, que terminaban por decirlo todo. Eras el vivo rostro de la felicidad. Te acompañé por unos segundos en esa alegría, y de mí se liberó el peso de una cobardía adolescente que, prometo, me pesaba y penetraba hondo, cada vez que te veía.     
                                                                                                                          
              

 

 

                                         

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