Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 20/09/2017
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Catalina Tamayo
11/05/2017

Caerse


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   “Todo hombre puede encenderse a sí mismo una luz en la noche”  

(Heráclito, Fragmento 26)

 


Te has caído. Una vez más te has caído, pero no pasa nada. Todo el mundo alguna vez se cae, incluso más de una, muchas veces. Tú mismo volverás a caerte. Lo que importa es levantarse. Levantarse y echarse de nuevo al camino. Para ello, no debes de perder de vista a Ítaca, tú Ítaca, esa con la que sueñas cada noche, a cada momento. La que tú me cuentas cuando salimos de paseo por la tarde. Tienes que saber que el viaje es largo y que está lleno de peligros, pero ninguno insuperable. Te tocará avanzar por terreno escarpado y soportar los rigores del clima: el frío, el calor, los aguaceros. Pisarás charcos, se te helarán los pies. En algún momento se callará el viento y el silencio se te hará insoportable. Te quedarás solo. Se pondrá el sol. Vendrá la noche y todo se volverá negro, completamente negro.

 

Con todo, lo peor son los Cíclopes y los Lestrigones, que, travestidos de "yo no puedo" o “no merece la pena”, a veces salen al encuentro en un recodo del camino, cuando más cansado estás. No los temas, son pura niebla. Además no te los encontrarás, si piensas bien, si no los llevas tú dentro de tu alma. No te inquietes porque los días no pasan, porque las cosas no acaban de llegar.

 

Es mejor que disfrutes del viaje: de las mañanas de verano, de la lluvia, de los atardeceres, del brillo azul de las estrellas. Y que aprendas, que aprendas mucho de los que saben. Pero no fuerces la travesía ni tomes atajos. Sé paciente con el curso de las cosas. El tiempo trabaja despacio, pero nunca deja de trabajar y todo acaba llegando.


Ante todo, no te rindas, no bajes los brazos, aún estás a tiempo. No cedas porque la vida es eso: caerse, levantarse, continuar el viaje, perseguir tus sueños. Estás vivo, celébralo. Quita los cerrojos, abre las puertas y abandona las murallas. Deja que el viento te dé en la cara, que te desordene el cabello, y siente el fuego de tu alma, el latido de tus sueños. En el peligro está la salvación y no hay heridas que no cure el tiempo. Vamos, arriba, que esta es la hora y el mejor momento. Venga, hay que seguir, un paso más, otra brazada, un nuevo aleteo. Ya te queda menos. Venga, venga, aunque quedemos varados, aunque no lleguemos siquiera a tocar con la punta de los dedos la arena seca de las playas de Ítaca. Qué más da. Si después de todo Ítaca no es la que tú has soñado. Nada es como nosotros lo soñamos.
 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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