Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 20/11/2017
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Max Alonso
18/05/2017

Ser o no saber. Somos lo que somos

                         

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Todavía hay quienes van en burro. En pleno siglo XXI. Así lo ha reconocido, sin ruborizarse, el Secretario  General de los leonesistas, que son los que propugnan modernizarnos y para eso acuñan el LExit. ¿Quién dijo que eso era moderno? ¿Es que ahora se entiende así lo regresivo?

 

No es de extrañar si como progreso se entiende el triunfo de Trump, las aspiraciones de Le Pen o el engaño del Brexit, porque son tres movimientos propios de la postverdad en los que lo que vale es lo que se vende siempre que “haya pendejos”, que ya se ve  que hay muchos, que lo compren. En los tiempos pasados de la verdad y la justicia eso se entendía como un fraude, pero ya sabemos que no son esos. Lo que ahora  prima es la apariencia y el engaño y a la regresión se la confunde con el progreso,  la marcha atrás con el avance y a la sinrazón con la inteligencia.

 

Por eso no está de más repetirnos la gran cuestión de  qué es lo que somos y distinguirlo de lo que no queremos ser. De lo contrario es quitarle las orejeras al burro y ponérnoslas nosotros en los ojos para no ver lo que no queremos ver y así ir tan felices como engañados.  Ese sigue siendo el peligro.

 

Por eso, porque no quiero esa vía, yo me pregunto qué soy y me respondo que astorgano, porque en Astorga nací y me gusta esta maceta en la que están mis raíces. Como soy maragato por mi ascendencia y leonés por mi provincia. Una de las que componen el reino de León. Tan antiguo entre los que más porque sus orígenes se remontan a trece siglos y su constitución a once y su vocación imperial, cuando eso era novedad y lo que primaba, en el siglo X,  con la idea de restaurar el antiguo espacio común de los iberos y los visigodos.

 

En el que  hace ocho siglos se constituyó el parlamentarismo,   camino a la  democracia, como cuna que fue de él en Europa, reconocida por la Unesco, tras su concepción  entonces más que milenaria por parte de los griegos y antes de que la instaurara Gran Bretaña y otras regiones de lo que sería España.

 

Digo esto y lo repito con legítimo  orgullo porque son las auténticas señas de identidad de los leoneses. Como reino,  junto con el de Castilla,  supimos configurar aquella vieja idea imperial cuando procedía para alumbrar España habiendo sido reino y nación cuando tocaba. Con la misma legitimidad y orgullo con la que vivimos las vicisitudes tanto gloriosas como algunas lamentables de la nueva nación y hemos llegado hasta aquí con la nueva configuración del siglo XX en la España de las autonomías, en la que nos tocó integrarnos en la nueva entidad de Castilla y León, mejor fonéticamente que León y Castilla,  como podrían demandar los quisquillosos puristas. A la vez que nos adscribíamos a Europa, que eso sí que es progresista y el mayor avance del siglo XX,  y nos reconocíamos ciudadanos del mundo.

 

Sacar ahora de las alforjas del burro un concepto como el LExit, con la interpretación de que es lo moderno,  es ocultar la verdad, aunque sea lo que se lleve,  y pugnar por querer ser cabeza de ratón o rabo, que no es lo que se es de  Castilla y León.

 

Los leoneses no estamos ignorados en la autonomía constituida como Castilla y León o Castyleón.  Por las mismas razones de los leonesistas equivocados podría reclamarnos Asturias de la que nacimos. Eso sería entrar en la ceremonia de la confusión de los tiempos en los que vivimos en los que unos buscan su identidad, que nunca la han encontrado en el correr de los siglos, con títulos como el de más de ochocientos asesinatos inútiles, muchos de ellos en la nuca y por la espalda -¿esa es la nación cultural?- o invocando conceptos como la autodeterminación que implican su ignorancia sobre el elemental derecho constituyente u otros que hablan de independencia camuflando la secesión impuesta con artimañas,  con olímpica ignorancia a los derechos y consecuencias de sus actos y a los de los demás.

 

Se pueden explicar procederes  tan absurdos en quienes buscan aflorar sentimientos que en sus momentos, cuando tocaban, no tuvieron o no cristalizaron,  pero nunca por sendas tan equivocadas. No es difícil entender a los cubanos como pueblo de los que más ame la libertad y nunca la ha tenido ni lamentablemente, por su vecindad, la tendrá.

 

No es este nuestro caso. Como leoneses tenemos un glorioso pasado. Vivimos nuestro desarrollo biológico en sus momentos y ahora nos toca enfrentarnos a lo que somos y queremos ser, porque somos lo que sabemos,  y a nuestros problemas reales, por encima de los nacionales que nos aquejan como a todos, más esa peligrosa despoblación que se acrecienta y  que siguiendo a los leonesitas equivocados, por no atreverse a bajarse del burro,  nos quieren llevar engañados a estar solos y abandonados.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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