Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 27/05/2017
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Mercedes G. Rojo
18/05/2017

Julia Rodríguez Villar (San Justo de la Vega): Sueños de piedra, arcilla y hierro

 

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De todo el mundo es sabido que unas circunstancias llevan a otras, que unos encuentros favorecen otros nuevos y que, con buena voluntad, entre todos podemos crear una red casi infinita de relaciones personales de la que todos podemos enriquecernos (en el buen sentido de la palabra, claro está). Así surgió mi encuentro con Julia Rodríguez Villar, a quien todo el mundo conoce por su nombre propio,  Julia, a secas, con eso ya nos dice no mucho, todo. Fue con motivo de la realización en abierto de la escultura Maternidad, de Castorina, que hoy luce, como un abrazo para la ciudad, en la Plaza Obispo Alcolea coloquialmente conocida como plaza de los taxis.

 

Mientras los escultores Amancio González (brazo ejecutor de la obra) y Castorina (creadora de la obra y directora del proyecto) sacaban a la luz la hermosa pieza que se ocultaba en un informe trozo de mármol, bajo la atónita mirada de cuántos fueron observando día a día el milagro de la piedra, una serie de artistas se fueron dando cita junto a ellos para observar, aprender y colaborar.

 

Fue entonces cuando me hice consciente de la interesante cantera con que contábamos en Astorga y conocí entre ellos a Julia, la más joven de cuantos escultores y artistas por allí se acercaron. De esta experiencia surgió la idea de realizar, al año siguiente,  en el marco del Marzo en femenino, un homenaje conjunto a las escultoras que son y que están ahora mismo en nuestra provincia, entre las cuales estuvo, por supuesto, Julia. Era un nuevo homenaje a la mujer artista, que se vino desarrollando durante más de 20 años, consensuado con todas las asociaciones de mujeres de Astorga que hicieron sus propias aportaciones a esa nómina de escultoras que se mostraron durante un mes en la casa Panero bajo el título de “Esculpiendo en femenino”.

 

 

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Julia Rodriguez Villar es una joven astorgana que desde siempre sintió los impulsos del arte, aunque comenzó a través del dibujo, pasión que se despertó en ella desde chiquita, mientras veía a su padre y a su hermana dibujar. Luego, con 16 años,  vendría la decisión de estudiar bachillerato artístico en la Escuela de Arte de León, donde no solo adquiere técnica y conocimientos básicos, también se inicia en otras artes como la escultura y la fotografía. Tras su paso por León, que duró tres años, se decanta definitivamente por la escultura de la que quiere saberlo todo y sobre todo tocar nuevos elementos como la piedra o el hierro, lo que la lleva a Salamanca donde trabaja otros cuatro años hasta que consigue el título de Técnica superior en Artes aplicadas a la Escultura.

 

Durante este tiempo realiza alguna exposición colectiva y participa en varios concursos. Alguno lo gana, en otros obtiene también premios que la afianzan en la creencia definitiva de que éste es su camino, aunque decide realizarlo lejos de un ambiente competitivo, para lo que regresa a sus raíces, viviendo un tiempo en Astorga, en casa de sus padres. Es en ese periodo que comienza a entrar en contacto con artistas de la zona, entre ellos  Castorina y a Amancio González que serán quienes la saquen a la luz en su propia ciudad.

 

Se define en relación con el arte como una persona que siempre lo ha sentido presente, desde pequeña. Una necesidad  que la decidió a seguir su camino por encima de todo intento disuasorio que le llegaba de su entorno, ante la dificultad de salir económicamente adelante desde este campo profesional.  “Cuando quiero algo de verdad soy muy testaruda y lo demostré cuando decidí tomar el camino del arte (…) como dice el dicho: quien la sigue la consigue”. Y así ha sido en el caso de Julia que, instalada en San Justo de la Vega desde hace ya un año, puede realizar desde allí sus proyectos de vida y crear a placer en el taller del que ha logrado disponer.  De la mano de la escultura, en la que desemboca desde su llegada a la Escuela de Arte, tras su primer contacto, fascinada por el paso del plano a las tres dimensiones y el trato suave de la arcilla.

 

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Considerando el arte como “un revelador del interior de los seres (…), a veces me es más fácil conocer la esencia de una persona y su evolución a través del tiempo por lo que crea que tratando con ella”, habla con pasión de la escultura, el campo artístico en el que dice sentirse más cómoda durante todo el proceso de su desarrollo. “Construyo, destruyo o deformo a mi antojo y así desvelo como soy y pienso. Me abstrae de una manera que me engancha y me ayuda a aliviar los males. Es mi método para luchar contra ciertos problemas y a la vez  evadirme de ellos”. Y reconoce que durante su adolescenia, una etapa con bastante ira contenida, la escultura la ayudaba a desahogarse: “con la madera descargaba la rabia, desbastando, y con el barro buscaba la armonía que me hacía falta; y me la daba”. También asegura pecar a veces de perfeccionista, de dedicar demasiado tiempo a un trabajo hasta que queda a su gusto. En cuanto a su estilo, se considera una persona muy expresiva, quizá con un sentido un tanto tétrico,  y son estos aspectos los que suele reflejar en sus esculturas (también en sus dibujos) porque le permiten utilizar la crítica para dar visibilidad a determinados problemas.

 

Cree firmemente  que quien tiene la necesidad de crear lo hace a pesar de lo que sea y que el entorno influye en tanto en cuanto lo que pasa a tu alrededor te afecta personalmente, aspecto que sin duda se reflejará en las obras que realices. De Astorga rescataría la influencia que la tradición artesanal, manual, de crear que ha tenido siempre. Y en la actualidad destaca su actual situación de permanencia en un pueblo por la tranquilidad que ello le da para crear “vivir a gusto te da tiempo, hace que te preocupes de los problemas de mundo y eso es lo que te inspira”, una inspiración que en el caso de Julia tiene mucho de preocupación social.

 

Pero en cuanto a la realidad del sector, y por ende su realidad como creadora, no puede ser tan optimista.    No ve demasiadas oportunidades para la escultura en la zona y opina que por lo general no se valora en su justa medida el trabajo que llevan estos proyectos, lo que puede abocarla (como a tantos otros creadores) a tener que dedicarse laboralmente a otras tareas para poder subsistir. Y es que desde las instituciones falta apoyo e inversión al sector, un sector el del arte que también fomenta el turismo, por ejemplo. Y si algo tiene claro en este sentido es que ahora mismo “son las personas las que fomentan este mundo y no las instituciones” y detrás de ellas falta gente con esa sensibilidad.

 

 

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No le duelen prendas en reconocer que, por ejemplo, en Astorga, ha habido un importante retroceso con respecto a todo lo que tiene que ver con la visibilización de sus propios artistas, especialmente si son mujeres. Lamenta que solo una de ellas, luzca sus esculturas en la ciudad, y tacha a la ciudad de demasiado clásica en este sentido al poner la mirada exclusivamente en aquellos artistas de reconocido prestigio. Faltan en la ciudad personas que sean agradecidas con los creadores de la zona, que valoren y sigan de cerca su trabajo, que les den oportunidades de mostrarlo tratando con mimo y cuidando los detalles precisos para que puedan hacerlo. Salas de exposiciones cerradas, dificultad en acceder a los espacios, falta de promoción… Cree que en un lugar como nuestra ciudad, sería muy importante contar con un espacio, medios y un ambiente propicio para desarrollar talentos, pues no todos pueden contar con un taller propio para hacerlo. “…Un centro público artístico-cultural en el que se puedan desarrollar actividades creadoras, volviendo a dar vida a espacios en desuso y adaptándolos a las necesidades de los diferentes campos artísticos para que se realicen proyectos para la ciudad… “, una forma de sacar a la luz nuevos talentos, que hay muchos en la zona, a la vez que se atrae a nuevo público abriendo las puertas a un sector turístico diferente, con una importante ampliación del patrimonio cultural de la zona.

 

Y hablando de proyectos, nos habla de aquellos que más le han aportado hasta el momento, los que tiene pensados para el futuro.  De La Criatura de las Viñas, obra en la que nos muestra un ser en decadencia, representando “la degeneración y muerte del campesinado, el resultado de la industrialización extrema, de la agricultura y sus productos experimentales; un tema que me conmueve y nos afecta a todas las personas (en la comida que compramos, el aire que respiramos…)”. Destaca de la pieza la técnica utilizada, construyendo la obra a partir de las formas que proporciona la naturaleza sin transformarla; y ese estilo ciertamente macabro que es el que más la llena y en el que mejor se desenvuelve precisamente para mostrarnos obras críticas.  Y como proyecto de futuro que pueda comunicarnos la intención de hacerle una compañera a esta Criatura de las Viñas para, posteriormente, tratar de exponerlas como un conjunto. Primero en Astorga y alrededores, y luego en León u otros lugares si tiene oportunidad para ello.

 

 

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Julia Rodríguez Villar es una joven escultora con un enorme potencial artístico a quien tenemos la suerte de tener muy cerca. Convendría no perderla de vista y facilitar el conocimiento de su trabajo. De momento, para quienes estéis interesados en conocer un poquito más de ella y de su obra, comentaros que podréis buscarla en las redes (tanto en facebook como en wordpress) como Julia Rodríguez Vill.ART. Disfrutad de su obra.

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