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Javier Huerta Calvo
23/05/2017

Ricardo Gullón: "El olvido está lleno de memoria"

 

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Parece que, en breve, va a celebrarse en Astorga un congreso sobre la figura de Ricardo Gullón. ¡Extraordinaria noticia, pues viene a honrar a quien fue gran maestro del ensayo contemporáneo y uno de los más preclaros críticos literarios del siglo XX, del que la ciudad ha de sentirse siempre orgulloso! Es injusto, sin embargo, que por algunos se diga que es esta la primera vez que se rinde a Gullón un homenaje en Astorga. ¡Qué disparate, qué idiotez, Pedro Mato! Como persona que ha seguido muy de cerca la vida cultural astorgana de los últimos treinta años, me sorprende y me indigna que se olvide con tal desparpajo e ignorancia lo que otros han hecho antes con tanto cariño y devoción por el maestro, y no mucho antes, como se verá.

 

Y empiezo mencionando a Juan José Alonso Perandones, que seguro se habrá sentido herido por estas manifestaciones, pues durante su etapa como alcalde honró, como se merecía y antes jamás se había hecho, a Ricardo Gullón. No en balde, Perandones es filólogo antes que político (o sea, ha leído mucho), y de ahí que se preocupara por enaltecer en vida ˗el mejor homenaje que a un escritor puede hacerse y no luego de fallecido˗ a Gullón. Me consta el aprecio que por él sentía el propio escritor, y la mejor prueba de ello es el viaje que el alcalde planeó desde el Ayuntamiento para asistir a la sesión en la que el ilustre astorgano ingresó como miembro de la Real Academia Española, Aquel acto se convirtió en una verdadera fiesta, como testimonia la fotografía adjunta, en la que el recién ingresado académico posa orgulloso junto a Juanjo Perandones y Luis Alonso Luengo, Luisín, como él gustaba de llamarlo.

 

Me consta también la ilusión que tenía don Ricardo por organizar un congreso sobre la llamada Escuela de Astorga. Fue en una cena en la Casa de León cuando me habló del proyecto, luego de que me invitara a presentar un libro de la profesora Mercedes Marcos Sánchez sobre Leopoldo Panero. Por desgracia, Gullón murió una mañana de febrero de 1991, cuando tantas energías intelectuales le restaban todavía, Pero el Congreso, en efecto, y gracias a la iniciativa de Perandones, se celebró dos años después, con la asistencia de Alonso Luengo, Lorenzo López Sancho, Valentín García Yebra, Antonio Pereira, José Antonio Carro Celada, Augusto Quintana, Victoriano Crémer, Bernardo Velado, Santos Alonso, entre los que ya nos han dejado, y Víctor García de la Concha,  Darío Villanueva, Eugenio de Nora, Javier Blasco, Túa Blesa, Germán Gullón, Ann Marie Brown, Juan Pedro Aparicio, Antonio Colinas, José Enrique Martínez, José Ramón González, Epicteto Díaz, Armando López Castro, entre los que aún nos acompañan. Nunca, y subrayo nunca, se había reunido en Astorga un plantel así de escritores y críticos, muchos de los cuales hablaron sobre Ricardo Gullón. De todo aquello quedó un libro titulado La Escuela de Astorga (Astorga, Ayuntamiento de Astorga / Diputación de León, 1995) que puede leerse en la Biblioteca Municipal.

 

A fines de 2008, es decir, con motivo del centenario del nacimiento de Gullón, la Universidad Complutense de Madrid organizó un Seminario Internacional íntegramente dedicado a examinar la labor creadora y crítica de Gullón. Fueron tres jornadas inolvidables. La primera tuvo lugar en la Facultad de Filología. La segunda, en la Casa de León, regida entonces por Rafael Álvarez de la Puente, y la tercera, en Astorga, a donde se trasladaron casi cuarenta estudiantes de la Complutense para escuchar una conferencia del llorado Martín Martínez. Previamente en Madrid habían intervenido los catedráticos Darío Villanueva, Pilar Celma, Javier Blasco, Antonio Garrido y José María Balcells; un gran amigo santanderino de Gullón, Manuel Arce; y varios discípulos del maestro, algunos ya profesores en España y Estados Unidos, como Carlos Javier García, José Ramón González, Epicteto Díaz, Cristina Martínez Carazo y Ann Marie Brown, autora de la Bibliografía más completa sobre Gullón. Del «Epílogo» escrito por el alcalde Perandones extraigo este fragmento: «En el centenario del nacimiento de Ricardo Gullón ha sido, sin duda, el Seminario Internacional centrado en la vigencia de su obra crítica […] el acto más relevante. El que se haya celebrado en una universidad tan acreditada, y tan significativa para la literatura española, como la Complutense, merece nuestro agradecimiento. No me cabe la menor duda de que, si don Ricardo aún estuviese con nosotros, mostraría asimismo y con mayor propiedad su satisfacción, pues si algo le preocupó en los últimos años de su vida fue cómo despertar, y alimentar, el interés de los jóvenes españoles por la literatura». Todo ello está recogido en el libro Crítica literaria y Modernidad en la España del siglo XX (Madrid, Ediciones del Orto, 2010), de fácil consulta en la Biblioteca Municipal, por si pudiera interesar a alguno de estos gullonistas ahora sobrevenidos no se sabe por qué causas, pues dudo mucho que hayan leído alguno de los magníficos ensayos del gran crítico sobre Machado, Juan Ramón, Unamuno…

 

Por si fuera poco, la revista Astorica, que edita el Centro Marcelo Macías, dedicó en 2013, es decir, hace solo cuatro años, un monográfico con el título de Ricardo Gullón y la Escuela de Altamira a analizar la menos conocida pero no menos valiosa faceta de Gullón como crítico de arte al arrimo de aquel grupo singular de escultores y pintores del Santander de los años 40. Este número de Astorica estuvo coordinado por los prestigiosos investigadores del CSIC Paula Barreiro López y Miguel Cabañas Bravo, este último uno de los mejores conocedores de los movimientos artístico-culturales de la posguerra, en particular de las memorables Bienales de Arte que comisariara en los años 50 Leopoldo Panero, tan admirado siempre por Gullón. También es de fácil consulta para estos indigentes de saber, que ya se va viendo no son pocos.

 

Y no quisiera dejar de mencionar el trabajo que sobre Gullón está realizando uno de esos jóvenes a los que aludía Perandones en el texto mencionado; jóvenes en los que radica indudablemente el porvenir de España. El astorgano Javier Domingo, graduado en Hispánicas por la Universidad de Salamanca y próximo máster en Estudios literarios por la Complutense, se ha encargado ˗bajo la supervisión de la siempre eficiente Esperanza Marcos, directora de la Biblioteca Municipal˗ de clasificar el epistolario de Ricardo Gullón, legado generosamente hace años por su familia: más de tres mil cartas pueden consultarse ya con la guía impagable del catálogo que ha realizado Domingo. Los interesados pueden consultar un adelanto de ese catálogo, a disposición de cualquier investigador que se acerque a la biblioteca, en el próximo número de Astorica. Javier Domingo no solamente se ha ocupado de clasificar este material (cartas de Azaña, Jarnés, Diego, Hierro y tantos otros) sino de leerlo y analizarlo con esmero y rigor, de modo que hoy por hoy yo diría, sin exageración, que es la persona más familiarizada con el mundo intelectual que vivió el autor de Cisne sin lago.

 

Y, naturalmente, dejo en el tintero otras muchas aportaciones, entre ellas los varios honores concedidos a Gullón durante la etapa en que Perandones rigió la ciudad, incluidas las exequias tras su fallecimiento. Luis Miguel Alonso consagró, asimismo, una de las ediciones del Festival de Cine a Ricardo Gullón, que tentó la crítica cinematográfica en aquellas revistillas donde hizo sus primeros pinitos literarios al lado de sus inseparables Luis Alonso Luengo y los hermanos Juan y Leopoldo Panero, un cuarteto de lujo para la Astorga de aquellos años y cuyo recuerdo muchos deseamos que permanezca por siempre, sin banderías, dimes ni diretes, sin estúpidas prelaciones, con el solo amor por la cultura, la literatura y el arte, o sea, la obra bien hecha.

 

Y termino por donde empecé. Todo lo que se haga por la memoria de Ricardo Gullón es poco y, por ello, será siempre bienvenido, de modo que mis felicitaciones a quienes han promovido este congreso, empezando por nuestras autoridades municipales, de cuya sensibilidad por la cultura puedo dar fe. Pero, por favor o por amor de Dios (escoja cada cual, según sus creencias, lo que prefiera), a Gullón jamás se le ha olvidado y mucho menos ninguneado en la Astorga de la democracia, y a los actos, libros, revistas y artículos, que acabo de citar mediante una mínima relación, me remito para demostrarlo. Es triste y lamentable olvidar, y quiero creer que quienes así olvidan lo hacen no por mala fe sino por ignorancia, aun cuando finalmente no se sepa qué es peor, si lo primero o lo segundo. En cualquier caso, estos entusiastas reivindicadores hodiernos de Ricardo Gullón que, como los malos mestureros del Cantar del Cid, todo lo mezclan para provocar no se sabe qué explosiones de efecto retardado, deberían recordar el verso de Mario Benedetti ˗«el olvido está lleno de memoria»˗ y, sobre todo, aprestarse más a la lectura, sí, leer, leer más, incluidas las obras del maestro.

 

 

Javier Huerta es catedrático de Literatura en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Asociación de Amigos de la Casa Panero.

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