Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 24/06/2017
Secciones
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Sol Gómez Arteaga
15/06/2017

Lo virtual y lo real

 

[Img #30157]

 

 

Hace unos días mi padre se quejaba con cierto resentimiento de que cada vez hablamos menos y de que todo el mundo andamos con la maquinita esa que mi madre dice que es como una droga. Ambos progenitores llevan más razón que un santo. Algo está cambiando en nuestras relaciones, en nuestra comunicación, en nuestra forma de ser y de estar con otros, en nuestra forma de ser y de estar con el mundo. A veces prestamos menos atención a las personas que tenemos a nuestro lado que a ese nuevo amigo virtual que nos acabamos de echar y que nos parece tan simpático (¿lo será realmente?), tan en nuestra onda, ese nuevo amigo que nos lanza un comentario que, como si nos fuera la vida en ello (¿nos va realmente?), procedemos a contestar ipso facto. Parece que la ciencia, la tecnología, se come a la experiencia o forma de conocimiento derivados de la observación, de la participación, de la vivencia directa a través de los sentidos. 

 

¿Qué hay detrás de esa otra dimensión, de ese otro lado del espejo que es el mundo virtual? Estamos nosotros, claro, en la medida en que mostramos quienes somos, quienes queremos ser, proyectamos nuestros deseos, miedos, logros, preocupaciones, alegrías, dudas, nos desahogamos, denunciamos lo que no nos gusta, opinamos, compartimos aficiones, buscamos -en un alarde de narcisismo por otro lado tan humano- ser tenidos en cuenta, e impostamos, apostamos, apostatamos, nos promocionamos, jugamos, jugamos. 

 

Hace ya tres años -cómo pasa el tiempo-, una amiga ‘facebookiana’ que también escribe y a quien tuve la suerte de conocer en persona un mediodía soleado de domingo en una ‘taberna encantada’ que ya no existe, me hablaba de las bondades de las relaciones virtuales que, en su opinión y desde el aislamiento urbano de nuestros mundos burbuja, nos ponen en con-tacto  con personas afines a nosotros en cualquier parte del mundo. También destacaba “esos raros” que somos los que escribimos en Facebook. Yo le replicaba que cada vez somos más los que estamos conectados, -la rareza está en la excepcionalidad no en la norma-, y hacía hincapié en la dependencia brutal que en mi opinión la red social generaba, una dependencia que pensaba que se trataba de una moda pasajera, como lo fueron en su momento los pantalones de pana gorda y antes la tosferina. Hoy, a pesar de que se me llena la boca de decir que la tecnología es buena si se hace un buen uso de ella, no estoy tan segura.   

 

En las redes sociales donde priman la inmediatez, el ingenio, la cantidad, la brevedad, en mayor desmedida que en la vida, una imagen vale más que mil palabras. Eso lo sabemos muy bien quienes gustamos de poner ambas cosas. Y frente al rechazo que sienten algunas personas a que su vida privada sea expuesta como en una playa nudista a la que tienen acceso nudistas y, lo peor, no nudistas, -son de los que piensan que por el Facebook se te conocerá-, las hay quienes pregonan desde lo que desayunan hasta los resultados de la biopsia que acaban de recibir. Para gustos, como en botica, colores. Personalmente siempre he pensado que lo que se cuelga en la red lo puede ver cualquiera y, plenamente consciente de mi exposición, lo asumo. 

 

Y aunque consciente también de que lo real está en las risas de los cocineros que trajinan en los fogones, en el trasiego de la gente en las estaciones de servicio, en los pliegues de las faldas de tubo de las mujeres que caminan, en los puños que se elevan, en las yemas de los dedos que se tocan, en el esfuerzo de la panadera a media noche amasando el pan cuando todo el mundo duerme, estas cosas tangibles, no ignoro que en tanto escribo esto y lo subo a mi nube, la palabra se cuela en el imaginario de otros y, en la medida que hace contacto con su emoción, la línea entre lo virtual y lo real es cada vez más difusa. 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress